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Marc Jackson: El cowboy do Sar
De una infancia en la pobreza a un contrato de 24 millones de dólares. Y todo por su empeño en domar a un balón. Ídolo en Cantabria, rookie estelar en Golden State y estrella, 10 años después, en Santiago. Conoce la historia de este futuro cowboy


Marc Jackson, una de las estrellas de la ACB (Foto Manel Mas)

”Vete de aquí, déjame llorar". El éxito musical de Harold Melvin & The Blue Notes a mediados de los setenta parecía premonitorio. Carne de tocadiscos, sonido Philadelphia. John Atkins cantaba el pegadizo “Get Out”, un bombazo de la época en Estados Unidos, ignorando que esa frase podría convertirse en el lema en la infancia del hijo que tuvo ese mismo año.

La criatura se llamó Marc . Nacido en 1975, al pequeño gran Marc Jackson parecía aguardarle cualquier destino menos un futuro exitoso en las canchas. La pobreza de su familia le impedía elevar en exceso el listón de sus sueños. “En la mayoría de casas te quitas la chaqueta al entrar. En la mía, al entrar te ponías otra”, afirmó años después, añadiendo que no había calefacción, ni agua corriente, ni un techo resistente. “Ni siquiera teníamos una condenada cuchara de metal”. El frío, el hambre, las penurias y miserias vividas en aquel paso de la niñez a la madurez minaban su sonrisa y, a su vez, curtían un carácter fuerte y aguerrido en un chico con ganas de comerse al mundo. ¿Dónde? Aún era una incógnita.

La referencia en aquella tierna edad, su madre, había hecho sus pinitos con el baloncesto en su día y, a partir de ahí, al jugador le interesó este deporte. No fue temprano. Hasta los quince años, Marc no cogió un balón de baloncesto. Tenía altura, ganas y poco más. Con eso bastaba, en principio. “Me recuerdo en esa época jugando al basket todo el día en el patio del colegio”, comenta Jackson, echando la vista atrás.

El torpe se hizo un hueco

A través del padre de uno de esos amigos de pachanga y sesiones intensivas de basket, el futuro NBA Alvin Williams, se le abrió la puerta de la Sonny Hill Community Involvement Basketball League, una liga de desarrollo en la que se han formado jugadores como Kobe Bryant, Rasheed Wallace, Malik Rose, Cuttino Mobley o John Salmons. Su entrenador en aquella competición, John Hardnett, no era optimista sobre su futuro: “La primera vez que le vi pensé que de ninguna manera alguien así podía convertirse en jugador de baloncesto, era muy pesado y totalmente descoordinado”.


El pívot, un lujo para la ACB (Foto EFE)

Sin embargo, la capacidad de trabajo de Marc convenció a su técnico, que inició una estrecha relación personal con él. “Me cuidaba en la cancha y fuera de ella”, comentaba en una entrevista a Irwin Soonachan. Jackson iba todos los días a casa de su técnico tras salir del colegio, hacía los deberes y practicaba en la pista cada vez que podía. O eso, o se pasaba horas disfrutando con vídeos de Karl Malone para aprender de él. Incluso, Hardnett en una ocasión sufrió un accidente y el jugador le cuidó como a un padre, llevándole medicinas, paseando a su perro y hasta cocinando para él.

Esa madurez y esa responsabilidad convirtieron a un patoso con exceso de ganas en todo un jugador de baloncesto. ¿Con más o menos suerte? El futuro lo diría mas en un corto periodo de tiempo, había dado los pasos adecuados y parecía no tener techo a corto plazo. Primer error. Su estreno en el baloncesto universitario no pudo ser más negativo. Una lesión en la rodilla lastró enormemente su rendimiento en Virginia Commonwealth. Sin minutos, sin ritmo y con la moral en deriva, sus números (2,6 puntos y 3 rebotes por partido) le supusieron una gran decepción. “Fue un año muy difícil. Estaba lesionado y no podía dejar de pensar en tiempos mejores, que sabía que llegarían”.

Y llegaron. Tras una temporada en blanco, aterrizó en Temple donde demostró que el espejismo fue su mal rendimiento en su estreno y no lo que había prometido antes. En la 95-96, se hizo con un puesto de titular en el equipo y alcanzó los 15,7 puntos por choque, superándolos incluso en la siguiente campaña, donde registró 16,1 y 9 rebotes de media en un equipo en el que compartía vestuario con Pepe Sánchez y el pívot de CB Murcia Lamont Barnes. “Era una plantilla fantástica, una de las mejores de todo el país, me lo pasé realmente bien”.

Su nombre empezó a sonar en Estados Unidos, tras ser All-America para la Associated Press. Empero, los especialistas destacaban más defectos que virtudes de cara a su posible incorporación a la NBA y se cuestionaba su peso. Por ello, en el draft de 1997 hubo de conformarse con la elección número 38, seleccionado por Golden State Warriors. ¿Una decepción? Todo lo contrario. “No, no me esperaba salir en una posición más alta. Es más, me alegré muchísimo cuando me draftearon, fue algo muy grande”.


En los Lobos, Jackson se hizo un nombre en Europa (Pablo Romero - Solobasket)

El Lobo más querido

A pesar de que su sueño NBA parecía muy cercano, el norteamericano no se lo pensó dos veces en verano cuando recibió una llamada desde el viejo continente. Lo dejó todo y firmó por el Tofas Bursa turco, sorprendiendo incluso a sus allegados. Marc es tajante explicando el porqué de ese cambio tan drástico: “Sinceramente, fue porque en Turquía me daban mucho más dinero que en Estados Unidos”. “También”, añade, “porque allí iba a jugar más tiempo, ya que en la NBA era improbable al principio arañar muchos minutos”. El riesgo tuvo recompensa. 19,1 puntos y 10,9 rebotes de promedio en su debut europeo, sintiéndose desde su llegada muy cómodo al otro lado del charco. “Me gustó la ciudad, el entrenador, la gente… no me arrepentí, no”. Su madre, su hermano pequeño y esa casa de la infancia en la que tanto frío pasó, notarían de primera mano el cambio.

El Cantabria Lobos tiene la culpa de la llegada de Jackson a la ACB. Lesionado al principio de temporada, tras un breve paso por el Toros de Aragua venezolano, arribó como el gran salvador del conjunto cántabro en los primeros días de enero de 1999. El club estaba en puestos de descenso, con un balance de 5 victorias y 13 derrotas. Él se encargaría de cambiar un guión que parecía escrito de antemano. Maravilloso, sublime, la gran sorpresa de la ACB. Reportajes en la prensa, pesadilla para los entrenadores rivales y los aficionados preguntándose quién era ese pívot que firmaba un 20-10 día sí y día también. Encuentros de hasta 42 de valoración, 21,3 puntos y 9,3 rebotes de media al final de temporada, el corazón de una afición entera y, de postre, la salvación de su equipo, que sumó un 8-8 con él en la plantilla para confirmar su permanencia un año más en la ACB. Detrás de ese logro, horas y horas de entrenamiento voluntario, de sesiones individuales, de palizones físicos para mejorar y mejorar cada día.

Al verano siguiente, fue el Efes Pilsen el que conquistó a uno de las piezas más codiciadas de todo el mercado. A golpe de talonario, el conjunto turco quería conformar un plantel que diera guerra en Europa mas el jugador se desengañó de aquel proyecto en muy poco tiempo. En sólo siete partidos, en los que había promediado únicamente 8,1 puntos y 6 rebotes, Marc dijo basta. “No me cortó el equipo, me fui yo. Fue mi decisión, no estaba feliz con la entidad ni con los compañeros, no me lo estaba pasando bien. El baloncesto es diversión para mí y, si no la tenía, prefería marcharme”.


Jackson se salió en los Warriors

Se abría el cielo para el Cantabria Lobos. Con sólo dos victorias en diez encuentros, nuevamente en puestos de descenso y con una crisis deportiva que sólo Jackson podía disipar. No era una cortina de humo, sino el retorno de un ídolo que se había vuelto a proponer salvar a un equipo en el que se sentía muy identificado. Con un contrato de “cuatro duros” para lo que se pagaba en la época mas con un deseo ardiente de volver a disfrutar con su profesión. Dicho y hecho. Volvió a rozar los cuarenta de valoración en varios partidos, su superioridad era insultante, se cebaba con su rival daba igual que fuera modesto o grande, regresó a cifras de estrella (18,6 pt, 8,3 rb) y, lo más importante, colaboró en la obtención de nueve victorias que le dieron la permanencia a su equipo y, a él, el rango eterno de leyenda en la ciudad y en el club. “Fue uno de los mejores momentos de mi carrera, el motivo por el que yo decidí volver a España una década después”

La sorpresa del año en la NBA

En junio de 2000 se dio por cerrado su pase al Pamesa Valencia, con un suculento contrato de 600.000 dólares. Sustituiría a aquel que retó un año antes, Tanoka Beard, al que le dijo, según contó El Correo Gallego, que él era el auténtico mejor cinco de Europa. Sin embargo, el acuerdo se acabó por romper y, entonces, la carrera de Jackson dio un gran giro. Ni grandes de la ACB ni de Europa. La NBA llamaba a su puerta. Y él se sentía preparado para probarse en ella. “Sabía que iba a llegar esa oportunidad, es mi filosofía de vida trabajar duro”, comenta el jugador, que se convenció del todo cuando Iverson le dijo que aparcara su etapa europea porque iba a triunfar en Estados Unidos.

Con los Warriors se pasó los primeros veinte partidos en el banquillo, a la espera de oportunidades. Sin embargo, los astros se alinearon a su favor, se lesionaron al mismo tiempo compañeros como Dampier, Fortson, Keefe y Foyle y, no le quedaba otra, Golden State comenzó a darle cancha. En su segundo partido como titular ya estaba endosando 20 puntos a aquel Malone que tanto le había inspirado en su juventud, a los pocos encuentros ya le hacía 31 a Minnesota y, en sus 25 primeros partidos en el quinteto inicial, sus medias se dispararon hasta los 18-10.

Al igual que dos años antes en España, la principal duda en Estados Unidos residía en saber de dónde diablos había salido ese pívot capaz de sumar en tantos apartados con esa inusitada facilidad. “Nos gusta porque es un poco sucio, nos da dureza en la pintura”, decían en su club. Era el hombre de moda en la NBA. Rookie de diciembre y de enero y favorito a serlo al final de temporada, amén de participante en el encuentro entre los mejores noveles. Un rookie atípico, un novato con experiencia, un debutante con cara y cuerpo de tipo curtido en mil batallas a la que solo una inoportuna lesión en marzo le privó del convertirse en el mejor novato de todo el año (Mike Miller obtuvo ese honor), conformándose con meter su hombre en el quinteto ideal de debutantes.


Marc Jackson no pudo triunfar en Minnesota (Foto EFE)

Pelotazo económico y años con altibajos

Después de haber promediado 13,2 puntos y 7,5 rebotes en su primer año en la liga, Jackson se convertía en uno de los profesionales más apetecibles del mercado. En aquel verano de 2001, el jugador se ponía a sí mismo como ejemplo a su hermano de 15 años, prometiéndole que con, pasión, decisión, trabajo y disciplina, cualquier meta era posible. “Fue un año fantástico y muy duro”, rememora hoy entre suspiros.

Marc, siempre franco, no se cortaba al afirmar en las constantes entrevistas al hombre de moda, que iba a intentar aprovechar al máximo su excelso debut, buscando un montante económico que solucionara su vida… y la del resto de su familia. Así pues, a finales de septiembre los Rockets le firmaron por un suculento contrato en el que ganaría 24,4 millones de dólares en seis temporadas, un acuerdo que pudo igualar Golden State, asegurándose la permanencia del pívot.

Nada sería como antes. Con los Warriors no superó los 5 puntos y 3 rebotes de media durante los primeros 17 partidos de liga. Con la confianza de Golden State por los suelos, apareció Minnesota, aquel equipo al que había endosado 31 puntos el pasado anterior, dispuesto a aceptar el riesgo económico de asumir su contrato, con la esperanza de que Jackson volviera a encandilar. No pudo. Aterrizado en febrero de 2002, no mejoró los números cosechados ese mismo año en Golden State. En la campaña siguiente, mejoró algo su rendimiento, registrando 5,5 puntos y 2,9 rebotes de media en 77 partidos, mostrando su nivel más alto precisamente en los Playoffs, ante los Lakers. Esa buena imagen postrera le permitió que Philadelphia contase con él para su proyecto en 2003.


Jackson pudo jugar en sus queridos 76ers (Foto EFE)

Con los 76rs recuperó peso e importancia en la NBA, volvió a disponer de minutos suficientes para aportar más que intensidad y fuerza en la zona. Muy inspirado en noviembre, con choques por encima de la veintena con sabor añejo a Golden State, una inoportuna lesión frenó su progresión, conformándose con 9,4 puntos y 5,7 rebotes en aquel curso. Al siguiente, en su año más dulce sólo por detrás del de su estreno, pudo competir durante todo el ejercicio. Más irregular que antaño, a veces se iba por encima de los 25 puntos y en otras, con mucho tiempo en pista, no llegaba siquiera a los 5. Sus números, sin embargo, se dispararon hasta un más que digno 12-5, recuperando el estatus perdido y haciéndolo, además, en la ciudad de sus amores. “Siendo de Philadelphia, fue el mayor honor llevar esa camiseta durante dos años, en mi niñez parecía un sueño”.

Aún quedaban un par de etapas en la NBA, ninguna con el éxito esperado. En la 2005-06 pasó por los Nets sin pena ni gloria (4,6 pt y 2,4 rb en 11 minutos de media), siendo traspasado a mitad de año a los Hornets de New Orleans, con los que rozó el 10-5 en su primera temporada, conformándose con 7,3 pt. y 3,4 reb. en la campaña siguiente, la de su despedida oficial de la NBA. Al menos, se marchó de la misma forma en la que entró, deslumbrando en su adiós con un 13-8 de promedio durante su último mes en la competición estadounidense.

Estrella en ciernes, sobre pagado, jugador sólido, promesa perdida, especialista, estancado… Marc ha pasado por todo tipo de situaciones en estos años en la NBA, aunque desde su prisma, los aspectos positivos brillan mucho más. “Ha sido todo maravilloso, fue una gran experiencia el haber podido jugar tantos años en la NBA y estoy feliz y orgulloso por ello. ¿Qué no jugué al mismo nivel siempre? ¿Que hubo años en los que jugué menos minutos? Bah, eso simplemente forma parte del baloncesto”.

Segundo romance europeo

Cambio de planes. Ni tenía más que demostrarle a la NBA ni la propia liga podía ofrecerle a él un incentivo como para seguir agarrándose a ella sin saber bien por qué. Así que cuando oyó los cantos de sirena de Europa, ni se lo pensó. El Olympiacos, ni más ni menos, era el interesado. No obstante, surgió un problema inesperado para el conjunto heleno. El Alerta Cantabria apareció por sorpresa demostrando que tenía los derechos del jugador en Europa hasta la temporada 2007-08, por lo que había que ponerse de acuerdo con el club para que éste pudiera jugar en el conjunto de El Pireo. Y si no, vuelta a tierras cántabras o habría un conflicto con la FIBA.


Marc jugó a un buen nivel en el Olympiacos(Foto Euroleague/Getty)

Finalmente la entidad griega llegó a un entendimiento para compensar económicamente a la entidad y el de Philadelphia, tras dejar la puerta abierta a un posible regreso en el futuro a Cantabria, firmó por el potente Olympiacos con un objetivo claro: “Quiero ganar la Euroliga. Siempre soñé con volver a Europa, hasta cuando jugaba en la NBA quería regresar. He tenido tres ofertas de la NBA sobre la mesa y las he rechazado porque he orientado mi carrera hacia aquí y pienso que me retiraré jugando en el viejo continente. Mi carrera en la NBA ha sido un sueño y he disfrutado todos los partidos que he disputado allí. Sin embargo, soy un amante del juego sobre todas las cosas”.

En Grecia arrancó de una manera fulgurante, cebándose con el TAU Cerámica en su estreno en Euroliga y firmando casi 20 de valoración por encuentro en la primera fase del torneo continental. Su rendimiento bajó levemente en la segunda parte de la campaña pero aún le daba para seguir sin problemas en dobles figuras en anotación (11,3) valoración (13,3), algo que no convenció a Panayotis Yannakis, que, por sorpresa, decidió cortarlo del equipo. Sonó entonces para Maccabi, Barça y Panathinaikos, pero el estadounidense se lo tomó con calma y, en verano, volvió a darle un giro a su intensa trayectoria firmando por un club con menos solera que el resto de sus pretendientes, el Unics Kazan.

¿El motivo? Un poco de todo. “Me daban mucho, muchísimo dinero. Y también estaba Petrovic, un gran entrenador”. Además, la importante concentración de la religión musulmana en la ciudad fue un factor a tener en cuenta. “En el colegio comencé a interesarme por el Islam y estudié el Corán. He tenido momentos muy ligados al Islam en mi vida, mi primer equipo profesional fue turco, mi mujer es marroquí. Para mí el Islam es la religión que debo seguir”, declaró en su etapa en Rusia.

En aquel equipo una lesión le dejó en el dique seco varios meses. No fue una etapa muy exitosa, aunque alcanzó a los 9,5 puntos por encuentro en Eurocup y sumó la Copa a su palmarés. Pese a que en Estados Unidos vive en Florida y declara aborrecer el frío, el clima no fue ningún contratiempo para un profesional con la idea del sacrificio marcada a fuego en su alma: “Si en la calle llueve o nieva y es un cautiverio jugar al basket, voy y juego. Cuando por la mañana suena el despertador es difícil levantarse y tentador retrasar diez minutos el reloj. Pero me grito que es necesario trabajar y no estar más tumbado a la bartola en la cama caliente. La disciplina es básica”, comenta Marc, que confiesa que Iverson y Kidd le marcaron profundamente.

Curioso binomio el de Jackson, defensor del baloncesto estadounidense, crítico incluso con algunos aspectos del basket europeo (“En Europa se carga con demasiado trabajo a los jugadores en los entrenamientos”) pero auténtico enamorado de lo que se respira en cada cancha del viejo continente: “Europa es sinónimo de diversión para mí, me encanta. Me lo pasé bien en Turquía y Grecia, pero en mi memoria, el recuerdo de la época en España me gustaba aún más. Me lo paso mejor jugando al baloncesto en este país. Me gusta su gente , me encanta esta liga, la segunda mejor del mundo, repleta de talento y de grandes profesionales”.


Jackson, una de los referentes del sorprendente Xacobeo (ACB Photo / L. González)

La felicidad está en Santiago

Con las ideas tan claras, no resultó difícil para el Obradoiro convencer al pívot norteamericano para ser el referente interior del su primer proyecto en la élite. La historia hubiera cambiado si el fichaje de Jeleel Akindele hubiese salido bien. Quizá hoy Marc andaría mostrando su talento por otra liga y otro país. Empero, el dichoso destino propició que pudiera cumplir al fin ese sueño pendiente de regresar a España una década después, como si nada hubiera cambiado. La estrella que deslumbraba a finales de los noventa en Cantabria regresó a la ACB para ser la cabeza más visible del equipo gallego, algo que ha asumido a la perfección, dando consejos a los jóvenes y tomando el mando en los momentos al rojo vivo.

El que tuvo, retuvo. Las dudas por su edad o su última temporada se esfumaron después de ver su físico, fruto del trabajo y de una alimentación realmente estricta. Desde el primer partido, ante Regal Barça, Jackson se metió en el bolsillo a sus nuevos aficionados. Veinte puntos en el estreno, un 11-11 al siguiente partido, 24 puntazos para hacer temblar al CB Granada, 14 ante el Caja Laboral y 22 de valoración, con 13-8, en el primera victoria de su equipo en la ACB. Algo menos destacado (8 puntos) estuvo en el triunfo de este domingo en Manresa, aunque una contractura en su muslo y la acumulación de personales minaron su aportación. Se lo puede permitir.

Santiago de Compostela vive en una nube y él ha preferido subirse a ella para compartir la avalancha de emociones: “Ahora el dinero cuenta menos para mí que la diversión. Estoy disfrutando en cada partido, ese era mi objetivo. Disfrutar el basket, disfrutar la vida y jugar duro día a día. ¿Poder volver a ser el mejor pívot de la liga? Simplemente me limitaré a dar el máximo, esa es mi profesión. Darlo todo y exprimir a fondo la experiencia de poder jugar en una liga así”.

La magia no se queda sólo en el Multiusos Fontes do Sar, donde es el rey. Jackson está feliz, como si este fuera el primer viaje de su vida, como ese estudiante de Erasmus que no se va de una ciudad hasta que ha disfrutado de cada persona y de cada sitio que se ha encontrado por el camino. En Santiago, él ha encontrado su lugar: “Todo el mundo es cercano, como de mi familia, nadie es un extraño. Aquí todos hablan con todos, todos se conocen, me encanta. Me recordó a cuando jugué en Cantabria”, espeta el de Philadelphia, que vive con su mujer (“maravillosa mujer”, apostilla) y sus dos hijos en su actual destino.


El jugador tiene claro su futuro (ACB Photo / J.Marqués)

Un futuro como vaquero

En un par de meses cumple los 35 años, aunque con este nivel, parece una osadía preguntarle por su retirada. Para el pívot de Xacobeo Blu:sens, el colgar las botas es una cuestión más mental que física: “Lo haré cuando esté cansado de viajar y necesite estar en casa, en América, con los míos. Ese día dejaré el baloncesto. Entre tanto, disfruto con cada desplazamiento, con cada partido, con cada entrenamiento. Mientras que mi mujer y mis hijos estén felices, todo irá sobre ruedas. Si no lo están, yo lo dejo”. Ese día será un buen momento para la reflexión y para el balance, aunque Marc tiene muy claro que se retirará con una sonrisa: “Todo lo que me ha pasado, lo viví intensamente. Estoy feliz, he tenido una larga carrera y puedo decir que he disfrutado de cada minuto de ella. Es lo que soñé”.

Licenciado como informático, a pesar de ser un amante de las nuevas tecnologías no quiere ni oír hablar de estar pegado al ordenador cuando abandone el parqué. Más tajante que en ningún momento de toda la entrevista, Marc Jackson tiene clarísimo su futuro: “No, no, no, nada de informática. Cuando deje de jugar al baloncesto, me convertiré en cowboy. Segurísimo". Sentencia lapidaria de un amante de las películas de vaqueros que anhela cabalgar las montañas de Wyoming. Curioso el mañana de alguien que valora tanto el hoy precisamente por vivir su ayer de aquel modo tan extremo. Aquellos días de frío, hambre y cucharas de madera derivaron en abundancia, contratos millonarios y lujo. Cada acto de su carrera fue una pieza de dominó que, al caer, propició otro movimiento. Sin aquel soberbio año como rookie, su cuenta corriente tendría menos ceros pero es que tal vez sin esas tardes de maravillosa locura como Lobo en Cantabria, la NBA se hubiera quedado en sueño.

Get out and let me cry, cantaba su padre, en todo un himno del soul para los más nostálgicos. Ahora no. Ya no significa nada. Esa letra no es para él. Sin espacio para las lágrimas, sin nada que mandar ya a los cuatro vientos. Marc Jackson lo tiene todo y el Xacobeo Blu:sens lo tiene a él. Una unión perfecta. El cowboy do Sar tiene cuerda para rato. Con ella hará muchos lazos.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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