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China: El gigante que viene
Marbury es el último ídolo de una CBA de contrastes, un escaparate para hacer números aún lejos de su sueño americano. China huele a basket, desde su Ciudad Prohibida a sus pabellones futuristas, con planes a medio plazo ricos en ambición. Adéntrate en el reino de Yao Ming y descubre a este coco a punto de despertar


Marbury, con 15 puntos en sus primeros dos partidos en China

La bomba Marbury

Fue una de las primeras bombas de 2010 en el mundo del baloncesto. Stephon Marbury anunciaba oficialmente que se iba a jugar a China, sorprendiendo a propios y a extraños y causando impacto en el país asiático, que anhela estrellas de su calibre para continuar creciendo.

El crack mediático deshojó la margarita y, hace tres semanas, aceptó finalmente la oferta del Shanxi Zhongyu, un equipo en horas bajas, situado actualmente en la penúltima posición de la CBA, la competición china. El dos veces All Star, que renunció en 2009 a una oferta por el salario mínimo por parte de Boston y prefirió tomarse un año sabático de basket para atender sus negocios, eterno top en cualquier ranking de salarios (77 millones de dólares en cuatro temporadas fue el último contrato que firmó), acabó seducido por la modesta oferta del conjunto chino, que le ofreció únicamente 25.000 dólares al mes.

¿La explicación? Las zapatillas. Sí, sí, las zapatillas. Pero no unas cualquiera, sino las "Starbury", la línea que apadrina y comercializa el jugador, que consciente del tirón que tiene cualquier estrella –o ex estrella– de la NBA en el gigante asiático, ha aprovechado la oportunidad para hacerse un hueco en el mercado chino, con la esperanza de vender como churros su producto.

"Es mi propia marca y espero que les guste", confiesa Stephon, que promete precios especiales y guiños a sus aficionados. "He decidido que en cada encuentro les voy a lanzar deportivas a mis fans, espero que les guste. Además, saldrán a bajo precio. Los chavales no pueden permitirse gastarse 100 dólares en ellos, y ya que su amor por el baloncesto es tan puro he pensado que podría ayudarles".


Marbury, una estrella en China

Marbury, como buen super-héroe aclamado por las masas, sabe ganarse a la afición desde el primer día y se toma su etapa en China como un reto personal, al final de su carrera. "Me encanta la ciudad y su gente. Quiero encandilar a los aficionados chinos y sentir ese amor de ellos, por lo que trabajaré muy duro y ayudaré a Shanxi a ganar más partidos". Tras un par de choques dubitativos en los que sólo ofreció destellos, su explosión parece haber llegado, lo que le hace marcarse aún como objetivo, a pesar de que su equipo es penúltimo con un 5-16, poder llegar a Playoff. "Y ganarlos", apostilla.

En su primer partido, sus 5 faltas personales y su 0/6 en triples no eclipsaron sus 15 puntos, algo que tampoco dejó del todo satisfecho a la estrella. "Pido perdón. Teníamos que haber ganado por nuestros fans. Lo haré mejor cada partido, lo prometo". Una nueva promesa cumplida sólo a medias, ya que la semana pasada se quedó anclado en los 15 puntos (¡4/18 en el tiro!) (además de 15 asistencias, eso sí) en la enésima derrota de Shanxi.

A la tercera tampoco fue la vencida, con otra derrota que dolió aún más por su fenomenal actuación, acariciando el triple doble con 35 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias. Y por fin el pasado domingo pudo sacarse la espina, firmando 34 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias para conducir a su Shanxi Zhongyu al triunfo, el primero que saborea el jugador en su etapa asiática.

Ya carbura, mas parece lo de menos. Ni sus bravuconadas ("Quiero seguir jugando 5 años más"), ni los motivos de marketing, ni siquiera sus números o los resultados de su equipo. El fenómeno Marbury llega mucho más allá en China. Se hablan más de sus entrenamientos que de los resultados de la jornada y sus declaraciones o entrevistas monopolizan la actualidad del basket en prensa o Internet en China. Es el ídolo que faltaba en un templo politeísta sediento de dioses de carne y hueso.



Anhelo contra realidad

Visto su contrato, asumible por cualquier equipo de la ACB, no intimida el torneo chino (CBA) por su potencial económico pero… ¿cuál es el nivel real de su competición? La respuesta, seguramente, sea la sentencia de que que ni es tan bajo como se piensa desde el viejo continente ni tan alto como se desea en el propio país.

Se trata de una competición que nació en 1956, que tardó 18 años en ser reconocida por la FIBA y que, tras un periplo irregular, se disputa continuadamente desde 1995. En enero de hace un par de años, se creó NBA China, en una inversión colosal de 2300 millones de dólares financiada por Disney (con su filial ESPN), Banco Mercantil de China, Banco de China, Legend Holdings y Li Ka Shing, un multimillonario de Hong Kong. En ella, un 89% del poder accionarial pertenecía a la NBA, que metía a pesos pesados de la liga (David Stern, Adam Silver, los propietarios de Pacers y Timberwolves…) en la junta directiva.

Todo lo necesario para desarrollar a medio plazo junto a la CBA una competición de nivel y muy solvente. Aunque la realidad, de momento, dista mucho del deseo inicial. La última temporada, muy por debajo de las expectativas, hablando más desde un pinta financiero que deportivo, provocó el pasado otoño una revolución en sus propias reglas.


La CBA, una liga de contrastes

La liga, que ha tenido desde 12 equipos a 18, se quedó finalmente con 17 equipos, tras la expulsión del Yunnan por sus deudas. No fue la excepción en la CBA. En la pasada campaña, los clubes de la máxima categoría china acumularon 115 millones de yuanes de pérdida, el equivalente a 12 millones euros, que no suena tan grave desde Europa, pero que sí molestó especialmente a los dirigentes de la competición de un país que en los últimos años ha borrado la palabra restar de su diccionario.

Hartos de denuncias por impagos y de huidas a mitad de temporada de americanos descontentos por la falta de seriedad de sus clubes, en noviembre se estableció el tope salarial (el 55% de los ingresos anuales de cada club) y, aunque se mantuvo la opción del segundo extranjero, se limitó su impacto imponiendo que su sueldo máximo fuese de 30.000 dólares por mes. "Extranjeros sí, pero no tan buenos", parece ser el lema de una CBA que no está especialmente orgullosa de que 19 de los 20 máximos artilleros de la 2008-09 fuesen foráneos. "Deben ayudar pero no dominar el juego", comentaba Zhang Xiong, director de operaciones de la liga.

Del mismo modo, están regulados los sueldos de los jugadores nacionales, muy mal pagados. Los más jóvenes, se conforman con 15.000 o 20.000 yuanes… al año. El gran sueño de todos, además de emular a los Yao Ming, Wang Zhizhi, Yi Jianlian, Sun Yue y Bateer –únicos chinos en jugar en la NBA– es llegar a la Selección nacional, que les otorga un millón de yuanes por temporada. La media de edad es baja, muy baja, con 22,9 de años de promedio entre los jugadores de la CBA. Un 75% de los profesionales de la competición tienen menos de 25 años.

Aunque a tenor del escándalo de 2009, habrá que ponerlo en cuarentena, ya que se descubrió que hasta 36 jugadores habían falsificado su edad. No obstante, aún más graves resultaron las especulaciones sobre los amaños de los partidos, un hecho del que alertó el ex ACB Muoneke la pasada campaña.


El basket, muy presente en la vida cotidiana (Foto Daniel Barranquero)

Igualmente, se modificó el formato de competición, finalizando con la división de conferencias entre sur y norte y creándose un formato similar al europeo, de una liga regular con todos los equipos en un mismo grupo a doble vuelta, por lo que se reducirá la elevada cifra de 450 encuentros en tiempo récord que saturaron a los aficionados en el ejercicio anterior.

Eso sí. Más allá de estos nubarrones, lógicos en una competición con experiencia pero nueva en su concepción, hay otros muchos factores que invitan al optimismo. El acuerdo con la NBA permite un proceso de feedback constante, en el que los chinos reciben a técnicos y jugadores del monstruo norteamericano y, a la vez, pueden viajar con facilidad a Estados Unidos para seguir aprendiendo y recibir formación, lo que a la larga redundará en una mejora en la propia competición china.

No es lo único positivo del acuerdo con la NBA, modelo constante a imitar por la CBA. La organización estadounidense colabora en la construcción de 12 pabellones lujosos para la práctica del baloncesto en China, un país que ha aumentado considerablemente la afluencia a las canchas en los últimos años, llegándose a unos 4.000 aficionados de promedio en las gradas en el último año, un 70% que la campaña anterior.

Las entradas, que se pueden adquirir desde 20 yuanes (poco más de 2 euros), invitan a que el público se acerque a un deporte cada día más importante en el país más grande del mundo. No hubo ningún deporte tan televisado en 2009 como el basket, según la CCTV-5, la principal cadena deportiva del país, acumulando hasta 4200 horas de retransmisiones en directo y registrando cifras cada vez más elevadas (16 millones, el último All Star) en las audiencias televisivas, aún mejorables.

La web de la competición prevé 900 millones de visitas para esta temporada y las expectativas para los próximos años son halagüeñas, a lo que ayudan proyectos como el de Yao Ming, que decidió invertir tres millones de dólares en un equipo a la deriva (Shanghai Sharks) para convertirle en aspirante al título un año después de acabar con un 6-44 de balance, multiplicando hasta por ocho el número de espectadores en la cosmopolita ciudad china.

El desarrollo, un nuevo mandamiento en el siglo XXI en China, se completa con los planes futuros de una ampliación en la liga, deseando que en 2012 entren nuevos equipos en la competición, que es hoy cerrada, para aumentar el nivel y seguir atrayendo a los Marbury del mañana. No es ninguna utopía.


Yao Ming, en todas partes (Foto Daniel Barranquero)

El escaparate de los números

A pesar de que la primera toma de contacto de Marbury, con muchas dificultades para encontrar el aro y porcentajes de tiro bajísimos en sus dos primeros partidos, parecen indicar que hacer buenos números la CBA no está garantizado para un jugador de talento, la lista de ejemplos para refutar esa teoría es bien extensa.

Sorprendió especialmente la pasada temporada el caso de Bonzi Wells, que encadenó partidos con más de 40 puntos sin despeinarse, lanzándose hasta las zapatillas para acabar promediando, en 14 encuentros, 34 puntos y 14 rebotes. Para frontarse los ojos.

Los norteamericanos, líderes sin discusión de la liga, explican su teoría. "No es cuestión de ser chupón o de ser egoístas, sino de cumplir órdenes. Si el entrenador me dice que yo tengo que ser el principal anotador, yo tiro y tiro", comenta Corsley Edward, un viejo conocido de la afición granadina, que le pudo ver hasta en dos etapas distintas por el club nazarí, sin demasiado éxito.

El norteamericano, que tampoco dejó huella en sus 13 partidos ACB (los tres últimos, incluso, con valoración negativa), tampoco se corta a la hora de lanzar sin miramientos y asumir galones de líder, hasta el punto de promediar unos fantásticos 29,3 puntos por choque en el Shaanxi. Y ojo, que en la pasada campaña acabó con 37,7 puntos, 11,9 rebotes, 3,1 robos, 2,2 asistencias y 1,8 tapones de media. Demencial.


Kidd, otra estrella en las calles de Shanghai (Foto Daniel Barranquero)

Edward no es una excepción en una CBA que, a pesar de la nueva normativa y el tope salarial, sigue dominada por extranjeros. Norteamericanos, para más señas. El rey en anotación esta temporada está siendo Andre Emmett, un pívot formado en Texas –campeón de mates de la NCAA en 2004– que, tras pasar por Lietuvos, Lieja y Pau Orthez, se entretiene promediando 32,8 puntos por choque con el Shadong, llegando incluso a superar los 50 de forma consecutiva en un par de ocasiones.

No se queda atrás el ex del DKV Joventut Charles Gaines, que eleva sus números hasta los 29,6 puntos y 11,2 rebotes por encuentro, mientras que otros jugadores con pasado ACB rozan ese poderío en ataque, como es el caso de Rodney White (28,9) o John Lucas (26,6, con 4,9 asistencias de propina).

En un escaparate que parece propicio para brillar, conseguir los mejores números de tu carrera y vivir tu momento de gloria o, al menos, retocar tu currículum para ganarte un contrato más lucrativo, otras caras conocidas como PJ Ramos (15,7 pt, 12,5 reb) o el ex del ViveMenorca Jelani McCoy (17,5, 9,2 reb) se han ganado ya elogios por su buen rendimiento.

Entre la relación de ilustres se encuentra Maurice Taylor (17,1) y Stromile Swift (2º en el draft del 2000), para quién los días de gloria en Memphis con Pau Gasol quedan ya muy lejanos, centrado ahora en su etapa en Shandong, donde también asegura dobles figuras: 18,8 puntos y 11,5 rebotes por choque. Otro nombre de peso, Smush Parker, cuatro años después de ser titular indiscutible en los Lakers, es el referente del líder Guangdong, con 17,6 puntos y 5 asistencias como promedio.


Las camisetas de la NBA, un artículo de lujo en China (Foto Daniel Barranquero)

En la CBA te encuentras de todo. Desde profesionales como Chris Williams, ex del Frankfurt capaz de hacer en diciembre el primer cuadruple-doble de la historia en China (15 puntos, 11 rebotes, 11 asistencias, 11 robos), a jugadores como Leon Rodgers (26,7 pt), que podrían tener perfectamente su hueco en Europa, como ya demostró en su día en Holanda, Alemania y Ucrania. Los hay que se salen del guión y destacan sin ser de Estados Unidos (como Lamizana, de Costa de Marfil, Sameke, de Malí, o Abbas, de Jordania) e incluso jugadores patrios que desafían el monopolio foráneo, como es el caso de un carismático Wang Zhizhi que, ¡sorpresa!, lidera por mucho las votaciones para el próximo All Star.

Algunos jugadores, como Lee Benson (34,1 puntos y 18,8 rebotes de media en 2009), Demarr Johnson (27,7), Amal McCaskill (20-12) o Mike Swetney ya pusieron punto y final a su odisea china y otros, como Cedric Simmons, 15 en el draft de 2006, acaban de aterrizar en la CBA con ganas de emular a sus compatriotas más destacados.

Eso sí, no todos reciben tantas facilidades como Marbury. Los chinos, que no por tener una competición modesta van a arrastrar su orgullo, se encargan de seleccionar minuciosamente sus fichajes y algunos jugadores, por mucho nombre que tengan, deben pasar pruebas para poder firmar su contrato. Los Jay Williams, Vin Baker o Lorenzen Wright, no salieron muy satisfechos de esos try-outs… y tampoco los clubes con su rendimiento.

Además de jugadores, la liga china cada vez importa más técnicos de fuera y, en la actualidad, cuatro técnicos norteamericanos (Bob Donewald, Aaron McCarthy, Sidney Moncrief y Jason Rabedeaux), uno australiano (Brian Goorjian) y uno lituano (Rytis Vaisvila) dirigen a equipos de la CBA. Mirando a corto plazo… ¿qué otro jugador de renombre puede recalar en China a corto plazo? Justo antes de Marbury sonó Stackhouse para el propio Shanxi, el que ha fichado a Stephon y tuvo a Bonzi Wells el pasado año. También parece cercana la posibilidad de que Antoine Walker pueda aterrizar en China aunque el sueño prohibido de la CBA y objeto de deseo de sus seguidores, tiene nombre propio: Gilbert Arenas. Será el próximo objetivo.




El basket, "permitido" en la Ciudad Prohibida (Foto Daniel Barranquero)

Aroma a baloncesto

En China, todo se hace a lo grande. Una concepción comunista de la vida y el capitalismo más salvaje se dan la mano en un país de contrastes. Y el baloncesto no se libra. Siendo el deporte rey en los colegios, ni más ni menos que 300 millones de personas juegan o han jugado al baloncesto, lo que le convierte en el deporte más practicado del país, por delante de deportes casi sagrados en China como tenis de mesa, bádminton o voleibol e, incluso, por encima de otro de masas como el fútbol.

En el gigante asiático, especialmente en las principales ciudades, no es raro ver una cancha de baloncesto en cualquier barrio, sea más o menos pobre. Hasta el punto de que los viajeros que se adentren en la Ciudad Prohibida se echarán las manos a la cabeza cuando vean, tras pasar por debajo del gigante retrato de Mao, en un lugar verdaderamente histórico y único, una cancha de baloncesto de césped verde chillón a la entrada, donde juegan los militares y guardias que custodian el sitio.

Yao Ming, que podría tener perfectamente su hueco en la inmensa plaza de Tian'anmen por lo que significa en el país, ha desatado una locura por este deporte. Bueno, concretando, más bien por sus estrellas. El fenómeno fan manda. 300 millones de personas tienen acceso a la NBA y, más que de franquicias, los chinos son de jugadores. De Kobe Byrant, de LeBron James o del último crack que esté a la moda.

Se venden muchas revistas de basket, especialmente enfocadas a esa veneración exaltada de estrellas, idolatradas y seguidas por unos aficionados –los más pudientes– que no dudan en gastarse una auténtica fortuna en las camisetas oficiales de sus ídolos, a los mismos precios que en Europa en un país con unos sueldos aún mucho más bajos. Eso sí, en el reino de las imitaciones y el parque temático del Fake, siempre hay lugar para réplicas –las más vendidas, "achinadas", con un material e incluso diseño muy diferentes– de las camisetas de las estrellas del momento.

Por haber, hay hasta taxis que te ofrecen como entretenimiento juegos de baloncesto sin demasiadas complejidades en sus pantallas táctiles, situadas en el asiento trasero, mientras recorres las congestionadas calles de Shanghai o Pekín, plagada de posters gigantes o fotos que cubren edificios enteros con referencias a la galaxia NBA.


En los taxis, uno se puede entretener con juegos de basket (Foto Daniel Barranquero)

La efervescencia que impera en las gradas en un partido de la Selección o en cualquier ocasión que tienen de ver a sus ídolos de cerca –en 2009 disfrutaron de un amistoso entre Denver e Indiana, con entradas que costaban más de 200 dólares– se apaga un poco en los encuentros de la competición local, que siguen de igual forma siendo un espectáculo curioso al que merece la pena asistir, con música hardcore en los descansos, concursos de todo tipo, cheerleaders americanizadas y el “gong” sonando constantemente.

No obstante, el carácter tímido y reservado de sus habitantes se transforma cuando acuden a ver a sus clubes, con dos cánticos más que curiosos en las gradas. Cuando el rival tira, se grita al unísono "yangwei" ("Impotente"), mientras que se anima a los locales con un grito de guerra común: "xiongqi", que significa "erección".

Sólo en un país con tantos contrastes se puede entender que el flamante pabellón de Shanghai, un prodigio de la arquitectura con aforo para 18.000 espectadores y que ha costado 280 millones de dólares, sea esponsorizado por Mercedes Benz –que le dará nombre al recinto– pagando por un patrocinio de 10 años, lo mismo que Staples a los Lakers en los últimos 20 años, para el mítico pabellón angelino, 100 millones de dólares. Y atentos a los nuevos pabellones que vendrán.

Todo es posible en el país más grande del mundo. Desde un reality show en prime-time (Mengniu NBA Basketball Disciple) con el premio de probar en la NBDL para el ganador, hasta las pruebas con rayos X a los niños, para predecir qué altura tendrán y así poder matricularles desde muy pronto en escuelas especializadas. Incluso, el Gobierno organizó un programa a nivel estatal, "Basketball Hero", que llegó a 80.000 estudiantes, 400 colegios y 20 ciudades diferentes del país, para el desarrollo del deporte de la canasta.

Números que intimidan y que deben aumentar a medio plazo, el nivel de una Selección incapaz de ganar el último Asia-Basket (eso sí, sin Yao Ming), cayendo ante Irán en la gran final. El baloncesto es el mejor simbolismo de lo que es el país. Un monstruo a punto de explotar, con unas diferencias extremas entre sus virtudes y sus defectos. Con una liga que sueña con ser como la NBA cuando aún su nivel no supera al de muchas competiciones del viejo continente. En un lado de la balanza, gigantes de barro, juguetes rotos, Marburys de quita y pon. Desarrollo, ilusión, potencial y futuro. Cocktail molotov, consecuencias sin límite. Bienvenido a China, Stephon.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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