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Corey Fisher, Mister 105
En estado de trance, con unos porcentajes mágicos (23/28 en triples) y una 2ª mitad única (72 puntos), Fisher se convirtió en "Mister 105" tras disfrazarse de Dios en el Bronx


Fisher, imparable

Redacción, 10 Ago. 2010.- "Pues mi abuelo supera al tuyo y una vez marcó 105 puntos en un partido de baloncesto". Los nietos de Corey Fisher serán la envidia de sus amigos cuando, dentro de unas cuantas décadas, cuenten con orgullo un relato, mitad anécdota, mitad hazaña, que tiene toda las papeletas para ser una de las historias estrellas del verano en los Estados Unidos.

Su nombre es Corey Fisher, un más que prometedor anotador que juega en la NCAA, en Villanova, donde promedió 13,3 puntos la pasada temporada. Talento, magia en sus manos, valentía, descaro, el don de penetrar como los ángeles y un sinfín de gestas a su corta edad para dar y regalar. Sus 40 puntos frente a OJ Mayo con 20.000 espectadores atónitos de testigos, sus 92 en el High School o sus 35 contra Brandon Jennings, su MVP en el Jordan Brand Classic, sus destellos de genialidad en la Universidad. Todo, que no es poco, queda reducido a mero complemento de su auténtica carta de presentación desde el pasado 7 de agosto de 2010.

Y es que desde esa fecha, Fisher es y será conocido como "aquel jugador capaz de anotar 105 puntos". 'Mister 105', para los amigos. No era un partido oficial, no había títulos en juego ni una expectación fuera de lo normal antes del choque. Por no haber, no hay -hasta el momento- ni vídeo de su gesta, mas el marco elegido tiene su cierto encanto.

Watson Gleason Playground. Sabor neoyorkino, aroma a Bronx. Una buena muestra del street-ball de la ciudad en la cancha, gradas abarrotadas. Watson Classic, cinco rivales enfrente y 40 minutos para hacer historia. Porque, con ese tiempo en la cancha, Corey, en puro estado de trance, fue encadenando canastas hasta llegar a la increíble cifra de 105 puntos, el 76% de la anotación global de su equipo, 138.

Fisher, que ya había estado soberbio en la primera mitad (33 puntos), multiplicó su excelencia hasta el infinito en la segunda parte. Su defensor, un latino irónicamente llamado José Calderón, no podía hacer nada para frenarle y el equipo rival, herido en su orgullo, intentó todo para frenar la sangría de puntos del jugador de Nova. Ayudas, dobles defensas, tres contra uno... nada, nada servía para romper su pacto con el diablo, aquel que le permitía anotar una y otra vez, hasta el punto de alcanzar los 72 puntos tras el descanso para llegar a los 105.

Que sí, que su récord siempre tendrá asterisco y la duda sobre la defensa de los rivales y de la propia competición, amén que a buen seguro no dejó que sus compañeros tocasen un mísero balón, pero nadie le quita a Fisher la satisfacción de tirar sabiendo que el balón acabaría entrando (¡23 de 28 en triples!) y la sensación de anotar un promedio de 2,6 puntos por minutos. Los que tuvieron el privilegio de verle, las generaciones futuras con su sangre y, por supuesto, él mismo, tendrán argumentos de sobra para presumir. No todos los días uno se disfraza de Dios.

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