Nota de agencia

Bascat: El enigmático felino mascota del Mundial
¿Un gato que se cree un perro? ¿Pero qué mascota es esta para un Mundial? Pues la de Bascat, símbolo cultural en Turquía y con un precioso trasfondo histórico


Bascat, la mascota del Mundial

Van (Turquía), 25 Ago. 2010 (Andrés Mourenza, EFE).- Bascat es la mascota oficial del Mundial de Baloncesto que se disputará en Turquía del 28 de agosto al 12 de septiembre. Como buen felino, es amante de vagar sin rumbo; como buen fan del baloncesto, en lugar de trepar por los tejados trepa hacia la canasta con el balón en su manos.

Aunque su cabeza es la media luna de la bandera turca, su mirada alegre y chispeante es la de un auténtico gato. Y sin embargo, es leal y amigable porque... ¡cree que es un perro!

¿Es que los organizadores del mundial diseñaron la mascota bajo los efectos de algún extraño estimulante? No. Para descubrir qué hay tras el enigmático Bascat hay que tomar un avión y recorrer Turquía de cabo a rabo, hasta la frontera con Irán y Armenia.

El inmenso lago de Van reluce al sol del verano. Sus aguas son de un color turquesa profundo y vívido, como las del mar Mediterráneo. De hecho, los habitantes de la zona lo llaman mar, en lugar de lago. Y razón no les falta: a pesar de estar situado a cientos de kilómetros de la costa más cercana, las gaviotas surcan su espacio ya que es un lago de alto contenido salino.

Quizás para atraer la atención del turista a esta remota parte de Turquía, los habitantes de Van lanzaron hace años el rumor de que en sus aguas, igual que en las del lago Ness, habitaba un monstruo submarino. No hay pruebas de ello, pero lo que sí se puede encontrar, con un poco de suerte, nadando en sus aguas son... ¡gatos!

No es extraño que los organizadores del Mundial hayan elegido un gato como mascota. Como comprobarán los asistentes al Mundial, los felinos son dueños y señores de las calles, especialmente en Estambul, y los turcos los adoran y los cuidan como si fuesen miembros de la familia. Pero el gato de Van es algo más. Es un fenómeno de la naturaleza.

En Europa se tuvo constancia de esta especie de gato allá por el siglo XVI, cuando los embajadores y viajeros regresaban del Imperio Otomano con tan singulares regalos. Unos gatos fieles, inteligentes y afectuosos que se comportaban casi como un perro. Aún más, al contrario que el resto de mininos, los de Van no temen al agua e incluso les gusta darse chapuzones de vez en cuando, por lo que son conocidos como "gatos nadadores".

Pero quizás la característica más curiosa de muchos de ellos es que entre el blanco pelaje de los ejemplares más puros, surgen los ojos que llaman la atención porque cada uno es de un color diferente: verde y azul, dotando a la criatura de su enigmática mirada tan característica.

En la zona de Van, de donde proceden, han sido adorados desde la Antigüedad y domesticados como animal de compañía. Los kurdos, por ejemplo, los consideran signo de buena suerte ya que creen que las manchas de su cabeza, lomo y cola son la marca del Creador. De acuerdo a la leyenda, cuando el gato de Van saltó del Arca de Noé -el monte Ararat, donde encalló según el mito, no se encuentra lejos de Van-, Dios lo tocó con su mano derecha a modo de bendición.

Sin embargo, la bendición no ha debido servir de mucho, ya que es una raza que se encamina al peligro de extinción. A causa de la manía de las autoridades turcas de regalarlos a los mandatarios extranjeros a modo de declaración de amistad y debido también a que muchos visitantes se llevaban gatos de Van a sus lugares de origen como recuerdo, hoy apenas queda un centenar en su hábitat natural.

Por ello el gobierno turco se ha visto obligado a protegerlos, prohibiendo su salida al extranjero, y la universidad local los cuida como oro en paño.

Quizás Bascat, el inteligente gato baloncestista, sea capaz de hacer algo por su especie.




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