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Tras los pasos de... (II)
Descubre los pasos de una de las personas más polifacéticas que jamás pisaron una cancha ACB, de un hombre récord que tunea y un mito en Girona que vende sandwishes. Date un baño de nostalgia y disfruta


Henry Turner, mago del balón... y de los negocios (Foto Gigantes)

Henry Turner: Micros y tunning

Cada Navidad, cuando la Cabalbata de los Reyes Magos recorre las calles de Collado Villalba, es difícil no recordar a aquel rey Baltasar que dejó uno de los regalos más generosos y épicos que el baloncesto español pudo ver jamás. Henry Turner era su nombre. 5 de enero de 1992, el día en el que se detuvo el tiempo. En aquella ocasión, la estrella del Villalba se merendó al Barcelona con una actuación descomunal, sin mesura, deliciosa. 18/23 en tiros de 2, 3/6 en triples y 7/7 en tiros libres para un total de 52 puntos, aderezados con 8 rebotes, 3 asistencias y un mate para cerrar la victoria (89-86) del que aún se oye el eco en el Municipal.

En aquella jornada, Henry Turner superaba por 9 puntos el tope de puntos en ACB, establecido por Jeff Lamp (45), marcando un listón, compartido con Walter Berry –aunque éste, en 45 minutos- imposible de superar en liga en los siguientes 18 años. Supuso la guinda a una campaña en la que alcanzó los 27,7 puntos por encuentro, dejando su sello en su único año en España. Hasta entonces, había crecido en la Universidad de California State, llegando a la NBA por el trampolín de la CBA y no del draft, acabando en unos Kings donde no triunfaría, si bien aparecerían en su vida años más tarde. Italia sería su verdadero edén y, desde su estreno en Udine, donde rozó los treinta puntos por partido, se convirtió en una de las mayores estrellas en pisar la LEGA. De Udine a Milán pasando por Panionios, Fenerbahçe –donde se vio envuelto en un tiroteo del que salió ileso-, Siena, Maroussi, Montecatini y Verona, siempre por encima de los 16 puntos, siempre entre los máximos anotadores, siempre conquistando a más seguidores. Orgía de MVPs, orgía de recuerdos.

Hakkı Uzun, el nombre que adoptó tras adquirir nacionalidad turca, volvió a ser Henry Turner en su regreso a Estados Unidos, donde se dejó llevar por su gran pasión, el motor. Junto al ex NBA LaSalle Thompson, montó una empresa que, en principio, se dedicaba al diseño de ruedas de coches. Sus contactos privilegiados –jugadores como Bobby Jackson o Gary Payton, con dinero fresco para cubrir sus caprichos- le abrieron el mercado y el tunning se extendió a otros elementos del coche, hasta el punto de acabar diseñando vehículos de vanguardia con la empresa T&T Mototorsport (Big Baller Wheels en Internet), en las afueras de Sacramento. Tuneos de coches, prototipos arriesgados simbolizados en el “Cadillanche”, la mezcla de un Hummer y un Cadillac. Al de Oakland le queda, además, viva su pasión por el baloncesto, que sigue muy presente en su vida gracias a su faceta como comentarista. Hace cuatro años, ‘The High Flyer’ entró a trabajar en la radio y la TV oficial de los Kings de Sacramento, tanto para comentar partidos como para hacer desmenuzarlos al detalle al descanso y final de cada choque. Hoy por hoy, se le puede escuchar en ‘Sports 1140 KHTK’. Los que lo hacen, le definen como un analista excelente, aunque con demasiada verborrea y una forma de hablar muy rápida, tan eléctrica como aquellas penetraciones que desarbolaron al Barça aquel día mágico. A sus 44 años, vive feliz en Folsom con su esposa Delmita y con tres hijos que hacen que su carrera como jugador, empresario y comentarista cobren más sentido que nunca.



Kornel David: Su propio jefe

Nacer en Nagykanizsa, jugar en el Albacomp Szekesfehervar y acabar llegando a la NBA es como para que quitar a ese tal Michael y ponerle a Kornel un monumento en la puerta del United Center. Kornel David se hizo una leyenda en su país y se ganó un puesto en Chicago desde enero del 99, aterrizando con el sobrenombre de “Jordan húngaro” y respondiendo con 6,2 puntos por encuentro en su primera etapa NBA, antes de pasar, con aún menos protagonismo, por Cleveland, Detroit y Toronto.

No importaba. La gloria le esperaba en su retorno a Europa. Primero, con el Estrasburgo, a continuación con el Zalgiris, donde aún hoy es muy querido y, finalmente, en ACB, donde se hizo notar. Con el TAU Cerámica vivió un trienio muy productivo, ganando 2 Copas del Rey, una Supercopa y siendo subcampeón tanto en ACB como en Euroliga. Llegó como extranjero, acabó con plaza de comunitario y conquistó a todos por su profesionalidad y regularidad, siempre sin hacer demasiado ruido pero rondando los dobles dígitos en anotación y apareciendo en momentos claves, como aquel histórico triunfo en Moscú en la Final Four con 22 puntos de valoración. De complemento de lujo en Vitoria, a uno de los pilares del Granca, donde el ala-pívot mostró durante dos temporadas que a las puertas de los 37, aún tenía talento para dar y regalar.

Cuando Kornel dejó la práctica del baloncesto, quiso seguir vinculado a este deporte y decidió cambiar el chip para ofrecer sus servicios como scout a las franquicias NBA. Cleveland Cavaliers, que ya le tuvo en un periodo de tiempo breve como jugador, decidió apostar por él y pronto David se convirtió en el scout del equipo, llegando incluso el pasado verano a ser uno de los técnicos asistentes durante las ligas de verano. Sin embargo, antes de empezar la temporada, recibió una llamada que trastocó sus planes. Para bien, estima. “Fichar por los Suns era dar un paso por delante, tanto por la situación en la que había quedado Cleveland sin James como por la mayor importancia de mis funciones. Si un scout encuentra a un jugador talentoso en cualquier parte del mundo, voy y hago un informe. Sólo tengo que rendirle cuentas al presidente y al vicepresidente, tengo una gran libertad”. Justo esta semana, Ballineurope publicaba una entrevista realizada a Kornel en Kaunas, hasta donde se desplazó para seguir a Pocius. Allí confirmó que sus días como scout de Phoenix, desde donde viene y va a todas las partes del mundo, le colma de felicidad. Lo celebran todos los amigos que dejó aquí.



Gerry Wright: Don Juan con placa

¿Gerry… qué? No, no fue Wright un jugador que dejase huella en ACB, aunque su vida y sus propios pasos bien merecían un huequito en esta sección. Gerry Wright pasó de ir en vaqueros a los partidos de su equipo a auténtica estrella en el instituto con único arma, el mate. ‘Sir Jamelot’ lo mismo machacaba cuatro veces en los primeros dos minutos del partido o 14 al encuentro siguiente, para hacerse famoso e incluso ser comparado con Skywalker. Tras pasar por Iowa y Southern California y deslumbrar en la CBA –corona de mates incluida-, Gerry comenzó su andadura en Europa, tan variopinta como su andadura fuera de la cancha de basket, que le llevó a enrolarse en el ejército tras salir de la Universidad y a estar cuatro años como sheriff en Santa Mónica mientras jugaba al baloncesto.

Estuvo en Bélgica, donde adquirió la nacionalidad en los primeros años de la Ley Bosman tras sólo 7 partidos, Alemania y Suecia, amén de por España. Primero, en las filas del Ourense, dónde sólo ofreció 6,6 puntos y 7 de valoración por encuentro y el destello de alguno de sus increíbles mates. Un año más tarde, sustituyó a Jorge García en el Recreativo Orenes de Murcia, donde hizo más ruido por la polémica –un día faltó a la sesión del equipo y se excusó con un “¡Es que entrenan muy duro!”- que por sus discretos números: 4,1 puntos y 4,7 valoración de media en 13 partidos. Si ya había ejercido de poli sin soltar el balón, cuando colgó las botas fue el acábose.

Se colocó como el entrenador personal de fitness de la familia real de Arabia Saudí, donde puso en forma a jeques y princesas y ejerció de profesor de teología en la Universidad de Iowa. Más tarde, se convirtió en escritor, saltando a la fama por su libro “Straight Talk”, donde explotó su talento como consejero sentimental para dar consejos a los hombres sobre cómo tratar a una mujer. ¡Hubo incluso segunda parte! Polifacético como pocos, Gerry Wright ha alcanzado la felicidad en brazos de su mujer Eva, española, reencontrándose con el baloncesto en San Bernardino Arroyo Valley, donde primero entrenó al equipo de chicas y ahora, al masculino. Satisfecho con su cargo y con tantos jóvenes que le idoletran y buscan en Google sus consejos amorosos y los relatos de sus mates, el ex de Ourense y Murcia reconoce que no desea seguir creciendo en su carrera como entrenador. Y es que prefiere compaginar el cargo con la educación y centrarse en su actual puesto de profesor en un pequeño colegio llamado Wilson Creek. ¿Se animará allí, ahora con unos kilos de más, a intentar romper el aro con la fuerza de sus días de gloria?



Ron Seikaly: Sol, playa y música

Maldita sea, qué bueno era Ron. Nacido en el Líbano, creció en Grecia y únicamente la falta de un pasaporte griego le impidió firmar con el Panathinaikos. Bendita casualidad. Seikaly cruzó el charco y se forjó en Estados Unidos, donde se hizo un nombre en la NCAA con Syracuse, que acabó retirando su camiseta. Entre tanto, conquistó el oro en el Mundial de España 86 y fue creciendo año a año, hasta el punto de que se convirtió en la primera elección en el draft en la historia de los Miami Heat (9º). Allí, se hizo gigante, con exhibiciones, galardones (Most Improved Players) y récords. Tapones, rebotes en un partido (34) y en una temporada, una veintena de 20-20. Casi nada. ‘Spin Doctor’ pasó por Warriors, Magic y Raptors, con sólidas temporadas, antes de que los problemas físicos lastraran su última etapa en la NBA, ya como jugador de los Nets.

Corría el verano de 2000 cuando saltó la bomba. “El Barça, a por Seikaly”. La expectación fue a máxima y el seguimiento, exhaustivo. Día a día salían nuevas noticias sobre un rumor que tomó cuerpo al instante. Las hipótesis sobre su contrato y su estado de forma, las conversaciones en Miami de Aíto con el pívot, la competencia de la propia NBA y sus ganas de venir por su amigo… ¡Bertín Osborne! Finalmente, el club barcelonista consiguió su propósito y firmó al jugador por un contrato que superaba los 300 millones de pesetas netos. “Seikaly, año I”, titulaban las previas de la temporada, hipnotizadas ante la presencia de la estrella NBA. Si alguien se guiara únicamente por sus medias, más de 15 puntos por partido en ACB y 13 en Euroliga, pensaría que no le fue tan mal en el cuadro blaugrana, aunque sus números tenían asterisco. Sólo duró semanas. Fallón en los tiros libres, perdido en defensa, inadaptado respecto al arbitraje, sólo su talento le hacía sumar con facilidad, aunque el jugador cada vez se encontraba menos cómodo. En un partido de la Euroliga en Londres, donde acudió su familia, García Reneses sólo le puso en pista 12 minutos, en los que no tiró ni una vez a canasta. Tempestad.

A la vuelta, él se quedó en la capital inglesa. Se encendían las alarmas. El jugador impuso condiciones para regresar –más balones, más minutos, más apoyo de los compañeros- y Aíto no cedió, lo que provocaría las críticas de Ron años más tarde. El culebrón se resolvió pronto, con su salida por la puerta de atrás renunciando a más de 250 millones de pesetas, lo que indirectamente provocó, de inmediato, la explosión de Gasol. Mientras Pau y los suyos hacían doblete, él ya estaba en Líbano centrándose en los negocios que le ocuparían en los siguientes años. Empero, su destino estaba en Miami: sol, famosos y música. Organizó un torneo de golf benéfico anual, probó fortuna con el vóley playa (“Estoy en forma, pero es que la arena lo hace diferente”, diría tras su errático estreno), montó multitud de locales –beach clubs, un italiano de lujo, clubes-, se hizo un habitual de la prensa rosa por su relación con la top model Elsa Benítez y acabó entregándose en cuerpo y alma a la música. The New York Times publicaba hace unas semanas un reportaje sobre su nueva profesión, DJ, aunque viene de lejos y ya desde el año pasado empezó, quizá por lo mediático que es, quizá por su talento musical, a ser llamado de discotecas de renombre para que tocase. “Intento capturar el momento y compartir amor”. Ibiza, Miami –donde toca en Nochevieja-, Marrakesh o Dubai ya conocen a DJ Ron Seikaly. Más de lo que pudieron hacerlo en Barcelona, por desgracia...



Larry Stewart: Religión y fast food

Antes de las inversiones millonarias, de los problemas extradeportivos y del volver a empezar desde cero, en Girona en una ocasión se sintieron en la cima del mundo. Desde la humildad y con la mayor de las ilusiones, un equipo aguerrido enamoró en la Korac 2000, rozando la machada. El verdugo, el Limoges, al que Larry Stewart endosó 44 puntos en la ronda de semifinales, acariciando la machada. Las leyendas nacen así.

Idolatrado en Girona, donde formó una pareja inolvidable con Middleton, Larry dio sus primeros pasos en el High School junto a Hank Gathers, destacó en la Universidad y, pese a no ser drafteado, se ganó un lugar en la NBA, llegando al segundo mejor quinteto de rookies con Washington Bullets. De más a menos en Estados Unidos, el alero aterrizó en España de la mano del Amway Zaragoza en la 95-96, donde sorprendió por sus vuelos y sus salvajes mates, aunque tras sus experiencias en Seattle y Galatasaray, su auténtica etapa dorada la experimentaría en el Valvi. Allí vivió tres años fantásticos en los que siempre se movió cerca de los 20 puntos. Polivalente, luchador, algo polémico, con poco tiro exterior pero un físico privilegiado que le concedió otra oportunidad en ACB, en Cáceres, donde brilló en la segunda vuelta de la 2001-02, siendo clave para la permanencia.

Tras su retirada, con sabor agridulce por un positivo en marihuana en Grecia, al bueno de Larry, aquel que pedía kétchup para la paella, no se le ocurrió otra que montar con su mujer un establecimiento de comida rápida. Dicen que los Philly cheesesteaks del “Stew’s” son los más auténticos y deliciosos de Baltimore, donde vive con sus tres hijos, conciliando el negocio con su devoción religiosa –es diácono en la “Iglesia Cristiana de la Máxima Vida”- y con su auténtica pasión vital, el baloncesto. Y es que Larry ha vuelto al parqué, esta vez para ser técnico asistente de la Bowie State University, de la NCAA II. Con la pizarra en una mano, la Biblia en la otra, y el aroma a queso fundido de aquel que un día hizo soñar en Girona.



Continuará...

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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