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Deron Washington: El Rompetechos
Dos mates con su sello lideraron el Top7 KIA de la semana. Y los que nos quedan por ver por parte de uno de los matadores más salvajes del mundo. Repasa en este artículo la relación con su madre, que lo perdió todo por el Huracán Katrina, su trayectoria, sus sueños y el testimonio de los vuelos de Deron Washington

Redacción, 25 de Octubre de 2011.- La madre de Deron no podía creérselo. Denise se frotaba los ojos, sonreía, hablaba consigo misma y contenía incluso las lágrimas. Sola en mitad de la multitud, callada en el centro de una locura colectiva extrema, con las cámaras persiguiéndola, los comentaristas hablando tanto de ella como de su propio hijo, a priori el protagonista, y la dictadura de la emoción dominando por siempre tan imborrable momento. El mate de su pequeño frente a Boston College, absolutamente bello, absolutamente enfermizo, tenía detrás una historia digna del guionista más sentimental.

(ACB Photo / Ángel Martínez)


“Nunca te acostumbras a ello, es simplemente una gran sensación cada vez que lo ves”, confesaba Washington a la ESPN, que una vez más ponía su mate como número uno de la semana en la NCAA.

Y es que había para todos los gustos. Imposible olvidar aquel salto por encima del jugador de Duke Gren Paulus, que literalmente vio pasar por encima de su cabeza a un avión capaz de todo. Hoy en día ilustra, en tamaño gigante, las instalaciones deportivas de la Universidad. O aquel que coloreaba la camiseta de su madre, que gritaba desde la grada en cada partido animando a su “niño” con dos palabras abajo del todo: “Mama’s boy”.

Ella más que nadie se podía sentir orgullosa de Deron Washington. De su padre, jugador de la NFL, heredó los genes, que le permitían saltar hasta el cielo desde pequeño sin un especial entrenamiento para ello. De su progenitora, un amor incondicional por la pelota naranja. Ella, que jugó en Marquette, y su hermano –el tío del hoy jugador del Blusens Monbus- desquiciaban a Deron en la pista de basket.

“Todo el rato posteaban y lanzaban cerca del aro y yo era bajo de niño como para poder defenderles”, se lamentaba en una entrevista años después. También era pequeño para frenar a Aaron Brooks en esos míticos uno contra uno que disputaban en Green Bay. Impulsado por los deseos de llegar hasta donde sus centímetros no podían, Deron saltó y saltó hasta convertirse en uno de los jugadores más espectaculares que una cancha NCAA haya podido ver jamás.

Salto a salto, vuelo a vuelo, Deron conquistó Virginia Tech, donde formando una mágica tripleta con el ex Unicaja Zabian Dowdell y con Jamont Gordon, devolvió a los Huskies al torneo final de la NCAA, que no pisaban desde 1996. Carne de Top10 del Sportcenter, sus mates cada día eran más agresivos, su capacidad atlética encandilaba y sus vídeos causaban furor en Youtube en todas las partes del mundo.



Todos se dejaban hipnotizar por aquel chico desgarbado de pelo largo con muelles en las piernas, motor en las rodillas y alas en los hombros. Todos se enamoraron de él cuando la historia de su madre se hizo pública.

Denise, profesora en Nueva Orleans, huyó a tiempo del devastador Huracán Katrina de 2005. Dos pisos que alquilaba se perdieron para siempre y su casa quedó reducida al barro. No se atrevió a volver hasta que pudo hacerlo de la mano de su hijo, que quedó impactado al ver como el lugar donde creció se había convertido en la nada más infinita, con un puñado de fotos rotas y desperdigadas como único testigo de lo que un día fue la casa de sus sueños.

Sus trofeos, sus premios, sus primeras fotos como jugador. La nada. La tristeza. La impotencia.

Empero, la verdadera herencia de Denise se la había dado en vida a su hijo. Y el basket les uniría tras la tragedia más que nunca. Su madre condujo y condujo con el coche hasta detenerse en el único lugar donde podría volver a sonreír… al lado de su hijo. Vivir junto a Deron, apoyarle cada día desde la banda y ver cumplir los sueños a aquel niño que poco antes no podía ni defenderla, devolvió a la vida a la mujer que meses atrás creía haberlo perdido todo.

“La madre del equipo” la llamaban unos jugadores que veían a Denise la hincha número uno, la confesora más leal y la persona más fiable que podía ir del brazo de Virginia Tech. Y de Deron, claro. Ella fue testigo de los recitales de su hijo en la NCAA (11 puntos de media con jugadas que completarían una película entera) y de la noche en la que salió en el draft (número 59 por Detroit), los pasos previos antes de ir al Hapoel Holon de Israel, deleitar con sus saltos en la D-League y aterrizar, por fin, en el Obradoiro la pasada temporada, donde el fenómeno se repitió.

Más vídeos de Youtube. Más comentarios en los foros. Más brazos en la cabeza. Más emoción. Más vuelos imposibles.. Más Belleza, en mayúscula. Más imposibles. Más de todo. Más Washington.



Y si alguien pensaba que no sería capaz de repetir el espectáculo en la Liga Endesa, solo cuatro jornadas han tirado por los suelos su teoría. Deron Washington es probablemente el mejor matador de la liga y, sencillamente, uno de los jugadores más plásticos y salvajes en sus vuelos que el mundo del baloncesto puede ver hoy por hoy. Que pregunten por Madrid. Que le pregunten a Begic.

El pasado domingo, en el primer intento, cogió el balón en el lateral, amagó, se fue de su defensor y machacó a dos manos sobre Mirza. “Estaba driblando, vi el aro y fui a por él. Pensé… tengo la oportunidad de hacer un mate sobre alguien. Simplemente fui hacia el aro lo más rápido que pude y machaqué lo más duro que pude”.

En el segundo, aún más extremo, volvió a recibir en el perímetro para penetrar poseído por la locura y terminar su vuelo con un elástico y potente mate a una mano en la cara del impotente Begic. “No se trata de machacar sobre alguien, sino que soy atlético y quiero acabar las jugadas, tomar ventaja de ello y matar. No es solo Begic… nunca es fácil hacer un mate en la cara de nadie. Ese fue mejor que el primero, me emocionó mucho”, afirma sin tapujos.

E incluso hubo un tercer intento de aquel jugador que nunca se llena lo suficiente. “Lo pensé en el hotel, fue sobre excitado y lo fallé. Siempre espero hacer uno más, durante todo momento lo espero. Estaba muy emocionado por hacer un tercero así”.



Y ojo que promete más. “Tengo hambre de más mates. Cada vez que tengo la oportunidad de ir al aro y machacar me emociona. Es muy divertido para mí. No será el último, espero que haya muchos más”. Tapones imposibles, saltos sobrehumanos, mates para repasar en vídeo… ¿y cuál es tu especialidad, Deron? Lo tiene claro: “Simplemente ir al aro y finalizar jugadas. Cada vez que tengo la opción de ir hacia canasta intento machacar. Llegar al techo y destrozarlo”.

Entre salto y salto del 'Rompetechos' Washington, su Blusens Monbus agrada y mucho en el arranque liguero, con un balance de 2-2 tras un calendario de inicio bastante complicado y un juego que invita a pensar que la permanencia es un reto más que posible: “Estoy muy bien y el conjunto está jugando a un nivel alto, tengo buenas sensaciones sobre él y nos gusta jugar juntos. Si hay algo que me gusta hacer es ayudar a que mi equipo gane, voy a intentar seguir haciéndolo”.

Amante de los mates de Shawn Marion, una inspiración, una vez confesó que el único momento en el que puede planear un vuelo es un contraataque. En el resto de ocasiones, cuando recibe el balón no sabe qué hacer con él y solo sigue a su instinto para volar. En aquella entrevista, añadió, que si cada mate servía para contagiar a sus compañeros y caldear las gradas, seguiría saltando salvajemente hasta el fin de su carrera. Santiago no es una excepción, más bien al contrario. Con tantos gritos se vuela más alto.

(ACB Photo)


“Siento que tenemos unos grandes seguidores y sabemos que cuando les damos espectáculo ellos nos dan todo su apoyo. Seguiré trabajando duro para ello”. Tal vez pronto con su madre en la grada y quizás, quién sabe, portando una camiseta con alguno de sus mates que abrieron el Top7 KIA de la semana. O con alguno de esos momentos en los que a su hijo, un "Rompetechos" con mucha mejor vista que el del comic, le apetece romper el techo y destrozar el cielo.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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