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Milenko Tepic, el líder silencioso
Cultivado como una de las grandes promesas del baloncesto balcánico, vivió entre las sombras del brillante Panathinaikos. Dos años de contraluces de los que ahora intenta salir mostrando la mezcla de talento e inteligencia emocional que le llevaron a lo más alto en Partizan. Milenko Tepic, un hombre sereno que va quiere ser el líder de los espartanos de Cajasol Banca Cívica

Redacción, 20 Dic. 2011.- El pasado sábado Cajasol Banca Cívica tenía muchos motivos para la sonrisa. No sólo había ganado en la siempre complicada pista de la Fuente de San Luis, no sólo había superado a un rival directo para la Copa del Rey, sino que, además de todo ello, había dado un paso adelante en el crecimiento colectivo como grupo.

Todos se mostraban felices por ello, sólo la reflexión pausada de Joan Plaza en rueda de prensa ponía freno a una ilusión que la cúpula directiva transmitía a la plantilla en el propio vestuario. Todos eran felices, pero había uno cuyo rostro denotaba algo más.

Mezcla de autoexigencia y carácter ganador, las palabras pospartido de Milenko Tepic guardaban reposo entre sus compañeros :“Fue un partido muy difícil e importante para nosotros. Jugamos contra un equipo que nos exigió subir nuestro nivel de juego y logramos hacerlo hasta conseguir ganar el partido”. Para el jugador serbio la clave del triunfo residió en que “logramos conseguir grandes canastas cuando el partido estaba abierto, en esos momentos donde estábamos uno arriba, uno abajo y todo estaba por decidir creo que jugamos de forma inteligente y al final logramos llevarnos la victoria en los segundos finales”.

Palabras a corto plazo que en boca de Tepic alumbraban un futuro clarificador. “Damos un terrible paso adelante para entrar en la Copa del Rey, pero no estamos definitivamente en ella porque podemos perder como hicimos contra Fuenlabrada en casa. Ahora volvemos a estar en una buena posición y queremos estar en la Copa del Rey”, afirma. Sus palabras resaltaban la importancia de lo conseguido, pero su rostro reflejaba un punto de inconformismo.

Pocos podrían entender esta actitud, pero minutos antes Pancho Jasen incluso salía de la pista arrancándole una sonrisa. Y es que Milenko Tepic no es dado a la euforia y pese a la victoria en su mente seguramente pesaban los lanzamientos errados desde la personal en los minutos finales. Cualquier otro jugador podría haber pensado en el triple que logró sobre la bocina del primer cuarto, en los balones calientes de los últimos minutos o un fantástico dos más uno entrado el último minuto, pero un jugador criado como estrella en Partizan de Belgrado y consagrado como campeón de la Euroliga con Panathinaikos, siempre tiene un punto de insatisfacción en cada victoria.

(Foto Álvaro Paricio)

El hombre sereno

Un deseo por la perfección que transmite en su personalidad y una serenidad que ha sido cultivada por el devenir de los acontecimientos. Y es que desde bien joven le llovieron halagos en Partizan, fue pieza clave de la última gran generación de la cantera serbia y muy pronto su nombre brillaba más que las luces de neón de su Belgrado natal.

Abocado al exilio deportivo por su éxito, Milenko Tepic podía elegir el destino que más deseara, sobre su mesa muchas cartas con el único deseo de convertirse en su as ganador y eligió Panathinaikos. Cambió el blanco por el verde como vestimenta, el frío de Belgrado por la calurosa Atenas para vivir, pero mucho más cambió en la vida de Tepic.

De ser “EL JUGADOR” se convirtió en ser un jugador más. Su rol de estrella y hombre orquesta se convirtió en el de elemento de relevo en el conjunto griego. Un entrenador cercano a él como Zeljko Obradovic debía ser el mentor que necesariamente sacara todo lo bueno que hay en su juego, pero la exigencia del campeón devoró a la promesa y le quitó los minutos que su explosión de juego reclamaba.“Este es uno de los principales motivos por las que abandoné Panathinaikos y decidí venir aquí. En partidos importantes no jugaba los minutos importantes, jugaba 13 o 14 minutos y eso no es lo mejor para un jugador que todavía quiere crecer. No es fácil y no ayuda a tu confianza que tu rol sea menor”, confiesa Milenko Tepic. Del halago se pasó a la crítica en su juego y con la misma facilidad que antes se alababa su polivalencia hubo un momento donde fue sencillo criticar sus intermitencias e su inconsistencia en el tiro.

El 2011 se convirtió en una mezcla de sinsabores, donde el éxito de ganar la Euroliga se atragantaba con un deseo personal de protagonismo que nunca llegaba. Dudas que asolaron un verano personal en el que se añadió una gran decepción: la prematura eliminación de Serbia en el Eurobasket. “Creo que fue un verano muy difícil para mí. No fue el mejor Eurobasket para la selección y quedamos eliminados en cuartos de final, desde luego que no es lo que esperábamos que sucediera. Luego tampoco iba a seguir en Panathinaikos donde estaban cambiando muchas cosas, así que fue una decisión muy compleja que me llevó mucho tiempo”. Comenta Tepic.

(Foto Álvaro Paricio)

El escolta llevaba desde meses atrás deshojando la margarita, en mitad de la crisis económica del baloncesto griego, permanecer en Atenas hubiera sido una opción con visos de convertirse en jugador de creciente importancia, sin embargo, nadie le garantizaba no repetir la desazón del pasado y en el horizonte se vislumbraban muchas opciones. Algunas de ellas de la Liga Endesa y de todas ellas, la mejor fue la de Cajasol Banca Cívica. Como señala el jugador “finalmente decidí cambiar de equipo. Entonces surgió la posibilidad de Cajasol que es un equipo importante en Europa, con buenos jugadores y un gran entrenador. Ellos se interesaron por mí muchos más que otros equipos y en el momento de tomar la decisión sobre mi futuro ellos fueron la mejor opción”.

El paso había sido dado y no cabía lugar para el arrepentimiento, en la mente de Tepic sólo había espacio para el optimismo y la ilusión. “ Es muy bonito jugar en el mejor equipo de Europa, es un gran sentimiento ganar y ser importante pero hay un momento donde quieres mejorar a nivel individual y para mí era importante encontrar un rol mayor en otro equipo. Cajasol es un equipo perfecto para ello. Es un club muy serio, estuvo a una victoria de ganar la Eurocup y estar en Euroliga por lo que poco más puedo decir. Además, estar en la liga Endesa, que es la mejor de Europa, es un privilegio.”, señala. Meses después y a pesar del dubitativo comienzo la reflexión posterior no puede ser más positiva. “Creo que he acertado, ha sido una muy buena decisión y creo aún lo va a ser mejor en el futuro”. Tepic no es un jugador muy dado a la sonrisa, pero es hablar del futuro y sus esperanzas roban un segundo a la serenidad.

(ACB Photo / Tolo Parra)

Estirpe de ganador

Y pese a toda la ilusión que en él despertaba su nueva vida en Sevilla o la gran expectativa que levantaba su fichaje en el club y la afición, los comienzos no fueron fáciles. Exigir a un campeón es muy fácil y Milenko Tepic con 25 años ya es todo un campeón. Con un palmarés abrumador de él se esperaba lo mejor sin tener en cuenta de donde venía.

Entre la prensa y los aficionados pronto creció la impaciencia porque sus números no llegaban. En sus 10 primero partidos, Tepic promedió 3,9 puntos y en cuatro ocasiones llegó a concluir sus encuentros con valoraciones negativas. Las alarmas podían saltar en las intranquilas cabezas de muchos, pero no en la del hombre que más apostó por él.

Joan Plaza tenía muy claras las ideas, las tenía antes de que Tepic llegara y el lógico proceso de adaptación no las iba a perturbar. “Inevitablemente una persona que juega una media de siete puntos todo un año en un equipo como Panathinaikos siente el cambio. Es lo mismo que pasó con Paul Davis cuando le fichamos después de sus años en NBA aunque jugara unos meses en Xacobeo. Él era el suplente del suplente y asumir esta situación de sino jugador franquicia, casi, casi, requiere un tiempo”, comenta. Para Joan Plaza, Tepic ha ido conociéndonos con calma para irse convirtiendo en el líder silencioso que quiero que sean tanto él como Pancho Jasen”.

Como buen psicólogo deportivo que es, Joan Plaza sabía muy bien el rol que debía cumplir el escolta en este equipo y antes de su fichaje declaró que “Tepic es un jugador interesante que podría ayudar al equipo, pero si no viene seguiremos para adelante con los diez jugadores que tenemos que son como espartanos". El técnico sabía que el mensaje antes de empezar la liga era de refuerzo y unión con sus jugadores, pero no cabía duda que necesitaba que Tepic fuera el líder de sus espartanos.

Ahora, después de la lógica aclimatación a los cambios colectivos y personales, Tepic poco a poco se está reencontrando con el jugador que fue en Partizan de Belgrado, ese que maravilló y que quiere volver a deslumbrar en Sevilla. Plaza lo tiene claro y asegura que “está creciendo”. El técnico apuesta sobre seguro y su discurso rebosa confianza en su jugador. “Yo me aventuré, probablemente de manera gratuita, hace tres semanas a decir que iba a ser el mejor, o uno de los mejores jugadores de la segunda vuelta. Entonces parecía una manera fácil de justificar que había metido cero puntos, pero, sinceramente, creo que se va acercando al perfil de jugador que queremos, que era en Partizan y que es donde se sentía más cómodo”. Transmitido el mensaje del entrenador al Tepic, el hombre sereno entra en escena. “Muchas gracias al entrenador por sus palabras, yo así lo espero”, replica. “Trabajo para ello e intentaré que alcanzar las expectativas que sé que se han depositado en mí”.

Confianza que parte de la doble vertiente que ofrece su juego: la técnica y la mental. Por un lado la calidad de su juego le convierte en el hombre orquesta que todo entrenador desea. Entre la disyuntiva de declarar si estamos delante de un base o un escolta, Joan Plaza abre el espectro de posibilidades y asegura que “es una persona que puede jugar de uno, pero que también tiene la capacidad de jugar en el poste bajo. Creo que es un dos y medio. Al igual que Paul Davis no es un cinco real, creo que Tepic es un dos y medio con la capacidad y el conocimiento de jugar en casi cualquier posición”.

(ACB Photo)

Virtud la de la polivalencia que le convierten en hombre clave en los minutos de la verdad y que entroncan directamente con la segunda gran vertiente de su juego: el carácter. Tepic no es un jugador cualquiera, como buen producto de la escuela serbia se educó en la competitividad y creció luchando por ser el mejor. Ahora vuelve a asumir las decisiones importantes y en partidos como en Valencia, donde pese al error desde la personal varias canastas suyas decidieron el partido en su tramo final, se vislumbra la estrella que está en ciernes.

El Tepic ganador emergió por primera vez en la temporada. “Es verdad. Es lo que intento hacer cada día. Busco ser un jugador importante en el equipo y si llegan minutos decisivos ser un referente para mis compañeros. En esta liga hay muchos partidos como el de Valencia, cada semana hay partidos igualados y hay muchos equipos con el mismo nivel. Cuando llegan esos días a veces hay que tener suerte, pero siempre debes ser paciente para tomar la mejor decisión porque todo el mundo quiere tener la posibilidad de jugar esos partidos y debes comprender que en ocasiones ganaras, pero en otras perderás porque esto es baloncesto”.

Pero Milenko tepic es mucho más que un jugador decisivo, cada uno de sus gestos hablan de un jugador perfeccionista que cuida al detalle cualquier circunstancia del juego. Sobre la pista, con o sin balón se siente importante y deja de lado la tranquilidad para emerger como líder y por ello trata de comunicar qué hacer en cada momento. “Me gusta hablar y ordenar a los compañeros porque siempre me enseñaron a ser una parte importante del equipo”, dice Tepic. El serbio sabe que el baloncesto es mucho más que un jugador y por eso pese a ser la estrella tiene claro lo realmente necesario para un equipo y lo persigue. “No importa si metes 20 o 30 puntos si el juego del equipo no es bueno, mi principal preocupación siempre es que el equipo juegue bien y eso es lo que me hace sentir feliz”.

El carácter ganador de un equipo hace la vida más feliz a cualquier entrenador y Joan Plaza tiene en gran consideración la capacidad que tiene Milenko Tepic a la hora de transmitir valores importantes dentro del grupo. “No podemos jugar como la escuela yugoslava de hace 20 años, pero es verdad que tanto él como Luka nos permiten crecer en ese juego no tan mecanizado que en ocasiones utilizamos los entrenadores y él es un experto; si encima transmite carácter y el resto de jugadores absorben lo que Tepic pueda enseñarles, pues mucho mejor”, sentencia Plaza.

Enseñanzas que trata de transmitir ya sea en pista o en el banquillo. Ese lugar al que se acostumbró forzadamente en las dos últimas temporadas y que le devora cuando está en él. Como una fiera enjaulada, Tepic ve el partido con claros síntomas de impaciencia: muerde la toalla, le da vueltas y juega con ella mientras un tic nervioso le hace mover compulsivamente sus pies. El vaivén del resultado en Valencia le incomodaba, pero más no poder ayudar desde la pista. “No estaba muy nervioso, creo que no soy una persona muy nerviosa, pero sí que es cierto que quieres ganar, no quieres cometer errores y es lógico que cuando el equipo va perdiendo tú prefieres estar en la pista”.



Como buen serbio que es, los nervios no van con él, pero el partido avanza y en un final ajustado sus gestos ofrecen todo un recital de emociones. Quizá sea el serbio más caliente que se recuerde en los últimos tiempo, y su discurso deja un halo para esa parte mediterránea de carácter y orgullo. “El baloncesto es un juego emocional, pero si dejas que tus sentimientos se te apoderen y sólo juegas con ellos cometerás errores. Un jugador no puede ser muy emocional, pero a veces sí que me gusta mostrar emociones en el juego así contagiar el equipo y enviar un mensaje a ambos equipos”, razona. En Valencia sus brazos al aire con el final del partido dan buena muestra de ello, era feliz por un momento... ese instante previo al que la autoexigencia volvía a reclamarle su eterna serenidad.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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