Artículo

El teatro de las emociones. La otra historia de la final
Si la vida es puro teatro y el baloncesto no es más que un reflejo de la vida, la final de la Copa del Rey fue un perfecta función teatral. LLena de emociones, sentimientos contrapuestos, la final encumbró a Sergio Llull, su actor principal

Redacción, 19 feb. 2012.- La vida es puro teatro. Nos pasamos los días actuando, intentando mostrar sentimientos que interiorizamos aunque no sean propios porque mostramos una cara diferente para ser vistos como la mejor versión de nosotros.

Como fiel reflejo de esta interpretación el baloncesto es puro teatro. No es más que la escenificación de la vida en funciones de 40 minutos donde lo importante no es ser, sino parecer. Y ahí el Real Madrid lo bordó.

El conjunto blanco se disfrazó durante toda la copa del Rey de candidato serio, de opositor a grande, pero nunca recitó una nota altisonante, nunca dijo nada fuera del discurso protocolario y, deportivamente, en la final fue un actor ejemplar.

Salió escondiendo cartas y mostrando una cara diferente a la anterior. Frente a los protagonistas de días anteriores, Carlos Suárez dio un paso al frente y monopolizó los primeros balones de la final. Ya fuera posteando dentro frente a Mickeal o lanzando de fuera, el alero festejó su gran día. Quizá no estuviera siendo la temporada soñada por él, pero un titulo y una notable actuación como la de hoy cura a cualquiera.

El Real Madrid salió dispuesto a silenciar un escenario vestido para festejar una actuación que nunca llegó. La animosidad blaugrana fue pronto callada por Sergio Llull, quien sería protagonista con un monologo de guitarra baloncestística. Su primer triple silenció más de 10.000 voces e hizo saltar de sus asientos a los centenares de valientes madridistas desplazados a Barcelona. Los ocho puntos de Llull obligaron a meter en pista a Sada, el secante culé poco pudo hacer frente al hombre tocado por una mano divina.


El partido se disputó a un ritmo alto como Nikola Mirotic advirtió en la mañana del duelo. El FC Barcelona Regal cambiaba de guión y daba entrada al eléctrico Juan Carlos Navarro. El escolta salió con la intención de responder a todas esas preguntas que insistentemente le recitaron a modo de previa y que recordaban su gris actuación en semifinales. Él lo intentó pero estaba claro que no era su día.

Un gesto de frustración al comenzar el tercer cuarto cuando no entró un 2+1 señalaba la contrariedad de la tarde. Lo que otros días era una piscina hoy era el agujero de una aguja donde nada entraba. Pese a ello no desistió. Quizá no lo haría en acciones vivas del juego pero desde la personal sumó puntos y con sus gestos empujó a sus compañeros. Navarro, sabía que no era su final y quizá por ello hizo más que nunca de capitán. De nexo de unión entre los compañeros y entre estos y el pabellón. Su puño en alto tras el segundo triple de Lorbek era la rabia contenida por saber que quizá no sería su día en particular, pero que un título le acostaría como el hombre más feliz de la tierra. Éste no llegó, pero en la derrota, aún Navarro siguió siendo grande.

El Real Madrid había golpeado primero y a punto estuvo de lograr el primer break del partido (21-28) pero Carlos Suárez no entró y una marabunta de brazos blaugrana se cerró sobre el rebote. La fuerza del grupo de Xavi Pascual se ejemplifica en esa imagen. En los momentos de dificultad que presagió en la rueda de prensa previa había que estar muy unidos y ser más grupo que nunca.

Pero delante había otro grupo que no iba con el cuchillo porque lo llevaba en cada una mano de sus puntales. El 23-32 con el que estallaba de jubilo el banquillo blanco y de rabia Pascual para pedir tiempo muerto era la expresión viva del partido. En casa del enemigo, el Real Madrid estaba poniendo cargas para dinamitar todos los pronósticos.

(ACB Photo)

De Red Llull a SuperLlull

La final estaba lanzada y la segundas unidades habían desmelenado el partido, pero la locura de carreras y bloqueos preparados para Jaycee Carroll o la plasticidad de los vuelos de Boni Ndong y Fran Vázquez no eran más que las traducción visual de las elevadas constantes vitales que respiraba el encuentro. La primera parte del encuentro llegaba a su final y lo hacía recomponiendo quintetos. Los guiones están para saltárselos, pero no siempre y si los protagonistas principales lo estaban haciendo bien, los focos debían seguir mirándolos a ellos.

El que más brillaba era el de Sergio Llull, quien cerró este segundo acto con la antesala de lo que sería su gran noche. Llull salió a la carrera, tenía toda la pisa para él su equipo se abrió para que el cuchillo más caliente del Real Madrid cortara la mantequilla del FC Barcelona Regal. Pero no, este Real Madrid ha madurado tanto que hasta el más revolucionario de los jugadores templó ánimos, jugo el bloqueo y rebloqueo desafió el cambio defensivo y desde más de ocho metros enchufó un triple en la cara de su improvisado marcador. El Real Madrid mandaba en lo real y en lo emocional. Sergio templaba nervios, pero el pecho pagaba su furia contenida. Red Llull daba alas al Real Madrid al descanso.

La alegría anotadora de la primera parte fue historia. Bella pero historia. Las grandes batallas del deporte acaban siempre ganándose desde la defensa y el FC Barcelona Regal emprendió ese camino para lograr la epopeya del three-peat. Fueron los peores momentos del Real Madrid, esos donde te puedes venir abajo si no tienes el orgullo y la calidad necesaria para aguantar la presión de jugar una final de Copa del Rey en la casa del eterno Rival. Pero este Real Madrid demostró tener esas dos cualidad en las personas de Llull y Mirotic. Sus triples dieron réplica a los de Erazem Lorbek, ese genial pianista que sobre el parqué entona las mejores sinfonías.

Como buena historia que se precie la final tuvo un flashback, un momento de retroceso en el tiempo con Sergio Llull anotando un triple para cerrar otro cuarto. Si en el segundo dio a las a su equipo, esta vez fue él quien se puso la capa de Superman y voló hacía el título. Su vuelo en mitad de la pista era la imagen de un ganador.

(ACB Photo)

Quedaban 10 minutos pero el final de esta función ya se conocía. Los actores blancos completaban un recital espléndido de esos dignos de galardón de academia. Por más que sonara en la cabeza de los jugadores blaugrana la banda sonora origínala de misión imposible y que Navarro hiciera de improvisado Tom Cruise, este acicate no surtía efecto porque el subidón de adrenalina emocional que insufló Sergio Llull instauró en las nubes. Un perfecto Carroll no mostraba compasión alguna, su cara de niño escondía al killer anotador que hundía con triples la moral del rival.

Con el pesada losa que suponía el transcurrir de los minutos, los jugadores se quitaron las máscaras, la desazón llegó a unos blaugranas a los que sólo les quedaba ganas de mirar el suelo del Sant Jordi y seguro que desearon ser tragados por la tierra durante unas horas. En el lado contrario, sensaciones opuestas.

El gran actor que fue el equipo llegó a Barcelona con un papel y lo interpretó a la perfección. Templó emociones en el principio, puso cara de jugador de póker cuando sus pulsos se aceleraron en el inicio de partido y mostró nervios de acero cuando el antagonista de su historia se rebeló y la animosidad del público adverso atentó contra su recital. Todo esto forma parte ya de la historia. El cielo de la montaña mágica del Sant Jordi se abría para entregar la Copa del Rey al Real Madrid 19 años después, el Olimpo baloncestístico recordará el día en el Llull opositó a superhéroe.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

Últimos artículos relacionados con Real Madrid C. De F.
Últimos artículos del autor



© ACB.COM, 2001-