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Tras los pasos de... (IV)
¿Que fue de la vida de Ed O'Bannon, aquel héroe universitario que pasó por Valladolid? ¿Qué tiene en común con Dennis Hopson, la gran apuesta zaragozana? ¿Qué tiene Girona para que Buck Johnson imitase a Middleton? ¿Por qué el desconocido Antwon Johnson es tan venerado en Granada? Sigue sus pasos del ayer al hoy

Ed O’Bannon: Del coche al pupitre

Quién le iba a decir, cuando se rompió el ligamento de una rodilla, que el chico que dominaba el baloncesto californiano, podría volver a emerger de las cenizas. Ed O’Bannon, pese a su gran rendimiento en UCLA, no terminó de explotar como parecía en sus años de instituto… hasta aquel día. Era la final de la NCAA, y Ed jugó como nunca, devolviéndole la gloria a UCLA con 30 puntos y 17 rebotes. MVP de la Final Four, jugador del año, 9 en el draft… y una montaña rusa de trayectoria en la que nunca llegó a sentirse realizado. “Que no me cojan los Nets, que no me cojan los Nets…"... y le cogieron. No triunfó allí. Sin confianza, tampoco lo hizo en Dallas, paso previo a disfrazarse de trotamundos para descubrir muchos baloncestos diferentes. Uno de ellos, el ACB, de la mano de un Forum en el que siempre pareció que pudo hacer más, pese a sus más que decentes cifras de 15 puntos por partido.



Italia, Grecia, Argentina y Polonia, su segunda casa, fueron sus otros destinos, sin dejar demasiada huella en ningún lugar. Un buen día, cuando se afanaba por conseguir una oportunidad en la Liga China, se preguntó a sí mismo en qué se había convertido y decidió retirarse. No había cumplido ni 32 años. Se volvió a casa y pasó por una etapa difícil, limitándose a llevar a su mujer al trabajo y a sus niños al colegio mientras pasaba sus horas en casa. Su mujer le insistió en buscar un trabajo y él descolgó el teléfono. Al día siguiente, ya tenía oficio, como vendedor de coches, de 9 de la mañana a 10 de la noche. Era más duro venderle un automóvil a una viuda que entrar en la NBA, solía repetir. A Ed no le gustaba ni siquiera hacer anuncios televisivos cogiendo un balón de baloncesto para vender coches. Él se había prometido no tocar una pelota naranja hasta los 40 años, y evitaba leer nada relacionado con su carrera: “Si leyese las hipótesis de qué podría haber sido, no sería capaz de dormir en ninguna noche”.

O’Bannon saltó a la fama hace un par de años, cuando demandó a EA Sports por utilizar su imagen en un videojuego sin cobrar un solo dólar por ello. A partir de ahí, lideró un movimiento que reclama que se les pague a los jugadores universitarios los beneficios que ellos generan y, de la mano, volvió a retomar su pasión por el basket, entrenando a niños de corta edad, hasta que el verano pasado dio el paso definitivo, decidiendo volver a la universidad para finalizar sus estudios. Setecientos kilómetros en coche y a sentarse en su pupitre como un estudiante más, con jóvenes que ni han visto su imagen cortando la red en aquel éxito de UCLA, con un objetivo en la cabeza: tener carrera… y abrirse las puertas de la NCAA, para regresar como entrenador. Tal vez así, pueda quitarse un sinsabor que queda resumido en su sentencia: “Cuando veo la cinta de vídeo de aquella final no me creo que sea yo. Parece otro jugador. En ese momento, pensé que el éxito me duraría toda la vida…”

Buck Johnson: Retirada tardía

“Es el mejor jugador que ha salido en Alabama”, decían de Alphonso ‘Buck’ Johnson, un alero todoterreno con el hambre de un caníbal, que puede presumir de ser campeón del mundo junior en tierras españolas, en aquel torneo celebrado en Palma de Mallorca en 1983. Quizá no era para tanto, pero lo cierto es que el cuarto máximo anotador de los Crimson Tide tenía hueco en la NBA, y Houston lo vio muy claro cuando lo eligió en la primera ronda del draft de 1986 (20º). Como jugador de los Rockets, explotó su talento entre 1989 y 1991, rozando los 15 puntos de media. Buck Johnson no salió por la puerta grande de la NBA, tras un paso agridulce por Washington, pero pese a entrar en la treintena, aún le quedaba mucho que ofrecer en su carrera.



De Turquía a Israel, y de ahí a Grecia, donde acabó asentándose como un clásico de la liga. Entre medias, un brillante paso por el Valvi Girona en la 1997-98, donde sus reversos y sus penetraciones imparables hicieron estragos, con un promedio de 21,8 puntos, 9,8 rebotes y 25,3 de valoración por encuentro. Después de colgar las botas en el Peristeri, en 2003, Johnson sorprendió al mundo del basket regresando, en las filas de los Magicians de Birmingham, de la ABA, donde jugó una temporada... ¡hasta los 42 años! Viendo a Middleton, jugar en Girona equivale a tomar una pócima para rejuvenecer.

Una vez dejó definitivamente el baloncesto, Alphonso montó un negocio de almacenaje de cajas, antes de dedicarse en cuerpo y alma a su actual trabajo en una empresa de desarrollo de software, Recast. ¿Su jefa? Su mujer Felicia, directora de la compañía. Además, Buck mata el gusanillo del basket entrenando gratis en Huntsville –su hijo Alphonso pasó por sus manos- y está muy involucrado en una ONG que ofrece servicios médicos gratuitos a los niños en las escuelas.

Dennis Hopson: Aroma a motor

En Ohio no habían visto nada igual. Aquel chico las encestaba de todos los colores y no se cansaba de acumular récords durante su etapa universitaria, que concluyó firmando 29 puntos por partido en su última temporada, que le dejó como máximo anotador de la historia en el mítico centro. Sus exhibiciones le valieron ser el número 3 en el draft del 87, con unos Nets en los que acabó firmando 15,8 puntos en su tercera campaña, la de la despedida.



Su siguiente destino, Chicago, donde tuvo pocos minutos (11 por choque), aunque el anillo conquistado en aquellos Bulls de Jordan compensó los malos ratos vividos aquel año. Como Dennis tampoco se encontró cómodo en la 91-92, en la que fue traspasado a Sacramento, decidió cruzar el charco para buscar mejor suerte. Era el refuerzo más mediático de la ACB, la gran apuesta del CAI Zaragoza. Ídolo para unos, fracasado para otros, fue de menos a más en la primera temporada y regaló partidos brillantes, superando la veintena en puntos y valoración de media en sus 48 partidos en el cuadro maño. Aunque siempre quedó la sensación de que un número 3 del draft tenía que haber sido más decisivo y regular. También pasó por Francia, Filipinas, Turquía, Israel y Venezuela antes de poner todo su talento en el mundo de los negocios.

Tenía propiedades que alquilaba y, además, fundó su propia compañía de camiones en Ohio, si bien pronto volvió al baloncesto y hoy en día es técnico asistente en la Universidad de Bowling Green State. Como Ed O’Bannon, Dennis decidió terminar a los 40 años su carrera universitaria de trabajo social, con el objetivo de diplomarse antes de su propia hija. Lo logró. “Es el mejor sentimiento que he tenido jamás”. El de los últimos meses, tampoco será malo, orgulloso por la campaña que han organizado sus seguidores –cartas, camisetas, webs…- que exigen que se retire su camiseta en la Universidad de Ohio. Mientras ese día llega, a media hora de Columbus seguirá sonando el incesante ruido de los motores que compiten entre sí en las carreras de karts que se disputan en Circleville Raceway Park, circuito del que es copropietario. Su vida siempre fue demasiado rápido.

Antwon Harmon Johnson: El héroe anónimo

No fue una gran estrella en la NCAA, donde su actuación en Northern Illinois no le valieron un lugar en el draft de 1992. Tampoco llegó a la NBA ni fue un americano de renombre en el viejo continente, donde pasó por Finlandia y Lituania antes de aterrizar en el EBA del Unicaja. La lesión de Babkov le abrió la puerta de la ACB, donde solo jugó 11 minutos en un partido, en la inolvidable 1994-95 del cuadro malacitano. De ahí a Albolote, a Huesca, antes de su periplo por Turquía –donde obtuvo pasaporte comunitario-, Israel y Polonia. Sin embargo, pasada la treintena, Antwon Harmon Johnson vivió la etapa más bonita de su carrera, en el año que define su vida como jugador.



Como iba a imaginarlo cuando llegó a Granada. Como iba a visualizar el ansiado ascenso milagroso a la ACB en esa 2001-02. En la ciudad de la Alhambra, desde el primer día fue “Antuán”. No se pudo hacer querer más. “Lo que este hombre fue capaz de hacer por su club no lo he visto nunca a un extranjero”, escribía en Basketconfidencial Juan Ortiz. Jugaba incluso lesionado, se hizo el líder del equipo e incluso renunció a su sueldo para fichar a otro extracomunitario y así poder conseguir el ascenso, que disfrutó entre lágrimas. Desconocido en el resto del país, en Granada jamás nadie le olvidará.

Tras un año más en Israel, Antwon dejó el baloncesto para convertirse en asistente social, ayudando a pobres y personas discapacitada, además de aconsejar a adolescentes conflictivos. Llegó a tantear las altas esferas en el basket, participando como consejero en las ligas de verano de los Bulls, aunque, como en su carrera, su destino estaba fuera de los focos mediáticos. Antwon acabó como entrenador de un equipo femenino de Illinois. Cuando lo cerraron por sorpresa, en 2009, centró sus esfuerzos en el proyecto de “Chicago hope Academy”, una escuela de corte cristiano –aunque abierta a otras religiones- que busca completar la formación académica con la humana. Él, claro, se encargó del área deportiva, llevando también al equipo de basket, al que ha hecho capaz de competir contra centros diez veces más grandes. Además, le queda tiempo para dirigir al Ajay’s Elite, uno de los mejores equipos de la categoría (17 años) en Chicago. Allí, con orgullo, entrena a su hijo Torrance, que firmaría la carrera tan modesta y a la vez tan grande de su papá.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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