Entrevista

Rafa Molina: El casting de la vida
Su historia es de película y ahora el basket le pone delante de las cámaras. Rafa Molina, aquel que debutó en la Liga Endesa en uno de los días más grandes del Obra para caer en el ostracismo tras una grave lesión, renace de sus cenizas para salir en el anuncio de la Liga Endesa y completar su foto con Navarro

Redacción, 2 Oct. 2012.- No era un día cualquiera aquel 10 de octubre de 2009. Tras tantos años esperándolo, tras tantos años soñándolo, el Obradoiro había vuelto a la élite. Y de qué forma, con el Barça como testigo. El Sar era una fiesta y ni siquiera la victoria blaugrana amargó a los aficionados locales, que veían a sus ídolos en casa. Figuras de carne y hueso a las que medirse.

Nieves sintió lo mismo que las 6.050 aficionados que abarrotaron el pabellón santiagués. Incluso más. Porque allí, sentado en el banquillo esperando su oportunidad, estaba su hijo Rafa, con la opción de debutar en la ACB en el mejor escaparate posible. Cámara en mano, los minutos pasaron, aunque jamás llegó el momento deseado. Ya llegaría su ocasión, pensó, sin soltar la cámara, consciente de que aquello era irrepetible.

Cuando sonó el bocinazo final, Nieves estaba nerviosa. Rafa, aún más. Llegaban los saludos, las felicitaciones. Un joven en mitad del firmamento. Cuando llegó Navarro, su ídolo de toda la vida, que les había masacrado con canastas de todos los colores aquel día, su madre, al otro lado de la pantalla pulsó el botón para capturar una imagen para la historia. Cuando la reveló, sorpresa. Su hijo salía sin mirar. El destino les brindaría otra oportunidad.

Foto Daniel Barranquero


Ascenso a la élite

Su nombre es Rafa Molina y su historia, alejada de los grandes focos, es fascinante. Procedente de la cantera del Torrejón, sus grandes actuaciones en una Final Four Cadete frente a Estudiantes le abrieron la puerta de grandes clubes madrileños, como Real Madrid o Canoe. Fue precisamente su verdugo, el Estu, el que se lo llevó. “El Real Madrid me proponía pagarme hasta los taxis, pero pese a tener solo el abono transporte del Estudiantes aposté por ellos, y no me salió mal”.

De menos a más, el ala-pívot fue creciendo sin complejos en un equipo con Caio Torres, Granger, Driesen o Víctor Serrano, promediando 10,5 puntos en EBA en la 2007-08 y 11,6 puntos en la siguiente campaña, en la que fue el líder anotador de un conjunto en el que destacaba Nguema. Su progresión se vio recompensada con la llamada de la selección sub18, para un torneo en Onil donde se salió contra Portugal. El futuro era suyo.

En el verano de 2009, sus pasos se dirigieron hacia Santiago de Compostela, uniendo su camino con el del entonces denominado Xacobeo Blusens, que aterrizaba en la Liga Endesa con tímidez y ganas. Como él. “Tenía 19 años y decidí, junto a mi representante, que era un buen momento para dar el salto. Se interesaron por mí como jugador joven, de rotación, y me dije que por qué no, que intentaría vivir de esto. Cogí las maletas y me fui para allá”.

Foto clubestudiantes.com


Segura y Lázaro pensaban en él más a medio plazo, dándole ficha en el Óptica Val Obradoiro de la EBA y la opción de entrenar con el primer equipo. Molina respondía, luciéndose desde el primer momento en EBA y rozando cada partido, desde el banquillo, la oportunidad entre los grandes. Como contra el Barça de Navarro. Un segundo, solo uno en ACB, cambiaría su estatus para siempre. Ya nadie le podría quitar el haber debutado, el haber unido su nombre al de la competición. Su día llegó en el momento más grande del equipo.

De la gloria al quirófano

Aún no han olvidado en Málaga la pesadilla el 15 de noviembre de 2009 en el Multiusos Fontes do Sar. En Santiago, aquel día siempre será ese en el que su equipo trituró a un grande como Unicaja, con un aplastante 83-66 final. Para la Liga Endesa, la jornada que conoció a Hettsheimeir, que, recién fichado, debutó ese día. Para Nieves, el momento en el que su hijo se hizo mayor. Rafa Molina participó en la fiesta. “Lo tengo grabado en la mente. Sustituí a Héctor Manzano y, en un momento me encuentro con Jiménez a mi lado, que me vio súper nervioso y me comentó, antes de un tiro libre, que estuviera tranquilo, que ni iba a entrar a por el rebote. En aquel patido ni toqué balón ni nada. Metieron los tiros libres, pasaron los segundos y no acabé de jugar”. Al menos estuvo ahí.

Siempre a la expectativa, el jugador debía de dar un salto en el apartado físico para poder ser un 4 en Liga Endesa. En EBA poco más tenía que demostrar, liderando a su nuevo equipo en ataque con 16 puntos cada choque y acumulando MVPs, mientras miraba de reojo su verdadero sueño. El futuro le brindaría otra opción de tocar balón en lo más alto un 16 de mayo de 2010. Morboso destino, su rival era su pasado. “La casualidad fue que el último encuentro lo disputábamos contra mi ex, el Asefa Estudiantes”. La carambola fue completa, con 33 segundos, el mismo número que su dorsal. “Me pasaron el balón y me hicieron falta. Voy a la línea de tiro y estaba muy asustado, la verdad. Lanzar delante de más de cinco mil personas, pendientes de mí y del balón. El primero sabía que lo iba a fallar. El segundo… se salió”.



El descenso se consumó y su idilio con Santiago se detuvo abruptamente, a pesar del célebre “El único que tiene contrato en el equipo es Rafa Molina” que dijo el presidente. “La experiencia del Obradoiro mereció la pena. Hubo un ambiente muy bueno. Pese a las pocas oportunidades, compartí vestuario con Higgins, Marc Jackson, Bulfoni, Vasileiadis… todo fueron experiencias muy satisfactorias, aunque siempre con el mal sabor de boca de no poder demostrar más”.

Muy pronto, el ViveMenorca se interesó por sus servicios y el empeño de Oriol Humet encontró frutos, quedando el jugador en una situación similar a la del anterior año, con ficha en el Jovent Alaior de la EBA y siendo uno más en los entrenamientos del primer equipo, en ACB. “Me ficharon diciéndome que cuando faltase uno de los jugadores importantes, Cuthbert Victor o Jakim Donaldson, como no había mucho dinero confiarían en mí y sería mi momento. Hasta que ocurrió lo del hombro”.

Maldita la lesión que sufrió en la quinta jornada. Al principio, parecía un infortunio con solo dos meses de duración, pero los dolores en su hombro derecho no remitían y Molina optó por el quirófano. Adiós a la oportunidad. “Es mi espina clavada, impotencia total. Me dijeron cuando se me salió el hombro que mi temporada había acabado”. Entonces, solo entonces, comenzó la parte de la historia más dura, la más complicada, aunque también la que la hace más especial, por las ganas de Rafa de salir adelante pese a su sueño roto. “Entiendes entonces aquello de la soledad del jugador. Recuerdo las visitas de mi madre a la habitación, el primer mes teniéndolo en cabestrillo, los problemas con el seguro para operarme. Uno se siente un poco filete, que si no vale sale un siguiente para ser cocinado. Me dolió mucho pero eso es baloncesto. Cualquiera que haya jugado y lo lea, se sentirá identificado con eso”.

ACB Photo


Sus ganas encontraron aliado. El sueño de volver era compartido. “Me hice íntimo de Víctor Rodríguez, el fisio del Menorca. Era mañana y tarde con él, recuperando mi hombro, sintiéndome realmente bien tratado. Yo era el jugador joven del equipo, el número 11 o 12 en la plantilla, y Víctor se ocupaba de mí como si fuese una estrella más, como si fuera el mismísimo Donaldson. Me decía que iba a lograr recuperarme, que quería que yo siguiera jugando”. Lejos ya del glamour de la ACB y en un año complicado por la competencia y por la falta de ritmo, pero Víctor Rodríguez cumplió su reto. Rafa Molina volvió a ser jugador de baloncesto.

Un casting para volver a creer

El Omnia CB Las Rozas de la Adecco Plata, donde jugaba el ilustre De Miguel y el propio Balmón llamó a su puerta. No era el momento de no abrir. “Logré recuperarme y cambié la mentalidad. Pensé que ya no viviría del basket y empecé a centrarme en mi carrera, del INEF. Con 22 años ya y una lesión tan grave, ningún ACB apostaba por mí y esa era una gran opción. Pero yo no tenía nombre por haber destacado solo en EBA y, tras la lesión, solo era un proyecto de futuro, por lo que no tuve casi minutos por la presencia de Wolf y Salsón. Para colmo, el equipo acaba desapareciendo”.

Con el basket ya a un lado, el Eurocolegio Casvi le hizo una propuesta el pasado verano. Ir a Villaviciosa de Odón parecía la opción más idónea. “Me pilla al lado de la Universidad, estoy en la Europea y, para irme a otro equipo a cobrar 400 o 500 euros, pues preferí esto. Estudio por las mañanas y entreno cuando salgo”.

Indirectamente, la Liga Endesa volvió a cruzarse en su camino, de la forma más insospechada. Le invitaron a participar en unas pruebas de casting, gustó desde el primer momento, con un gran mate aclamado como carta de presentación y un mensaje muy directo: “Hola, soy Rafa Molina, ex jugador de la Liga Endesa. Me gustaría encontrarme con mis ex compañeros”.

Foto Daniel Barranquero


Y lo hizo, en el casting presencial, sorprendiendo a Granger y hablando con Clark, que también acudió a Magariños, como amigos de toda la vida. “La gente se intimidaba pero yo me decía… los conozco a todos, no me impresionan tanto como a los demás”. Con ese mismo descaro, Rafa contó en el casting la historia de su foto con Navarro y sus ganas de quitarse con el anuncio su espina clavada con uno de los amores de su vida, el basket.

El otro amor, el de Paula Justel, también tiene que ver mucho con el parqué. Ella, ex del Rivas Ecópolis, actualmente en el Baloncesto Leganés de la Liga Femenina 2, es una de las grandes promesas nacionales, acariciando la convocatoria para el pasado Europeo Sub20. Su talento con el balón también va acompañado de desparpajo frente a la cámara. Rafa Molina viviría su sueño de compartir uno de los papeles más importantes del anuncio de la Liga Endesa junto a ella: “No lo sabía casi nadie, más allá de gente que lo vio en Internet o amigos íntimos. Me hizo muchísima ilusión leer esa coletilla, en la web de la ACB de ‘hubo de todo… incluso un jugador con un paso por la ACB’. Ahí, en negrita, me hizo mucha ilusión”.

“Los días de rodaje la verdad es que fueron de madrugón increíble, a las 7 de la mañana con un frío que pelaba, pero todo muy divertido, haciendo amigos que parecen ya de toda la vida”. Sus antiguos rivales, hoy compañeros de rodaje. “Me hice una foto con San Emeterio, con Rudy Fernández… y, por fin, ¡le di la mano a Navarro!

Foto Daniel Barranquero


Nieves no estuvo para inmortalizar ese momento pero sí para llenarse de orgullo, cada vez que encienda la televisión, viendo a su hijo contra las estrellas que un día le guiaron, promocionando su pasión por la Liga Endesa y por el deporte de su vida. El spot lo cambió todo. Cuentas saldadas, cabeza alta, confianza. Volver a empezar.

En silencio, sin hacer ruido, se merendó en un amistoso a los pívots de Boston College (86-77 para su equipo, con 20 puntos suyos) y empezó este pasado sábado la temporada con 21 puntos y 6 rebotes en el triunfo de su equipo el Eurocolegio Casvi contra el Gandía Basket. Ese es, ahora, el nuevo casting de su vida.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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