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Autopista Rasmus Larsen
La "Kongevejen" (Carretera del Rey), cruza su ciudad natal. Él la convirtió en autopista para hacer ruido en la élite, nada más estrenarse, solo 7 años después de tirar por primera vez a canasta y después de una campaña en blanco. La historia de la gran sensación liguera, por Daniel Barranquero

Redacción, 15 Oct. 2013-. Una recta eterna divide el paraíso. Holte, una localidad con menos de 20.000 habitantes en el municipio de Rudersdal. Los suburbios de Copenhague comparten sus encantos. La Carretera del Rey (Kongevejen) cruza la pequeña ciudad, la que vio nacer a un jugador destinado a hacer historia en su país. El elegido para sacar al baloncesto de la clandestinidad en un país donde el fútbol es el rey, balonmano, ciclismo y hockey sobre hielo ejercen de herederos y el basket parece más bien vestido de vasallo.

Foto Flickr @Coma21


Quizá, por eso, Rasmus Glarbjerg Larsen tardó tanto en tocar un balón. Del centro comercial al embarcadero en ese empedrado trocito de cielo escandinavo. Del lago al parque, el niño Rasmus se lo pasaba de cine sin necesidad de tirar a canasta. Y no, no era por ausencia de ellas. “En cada colegio hay un aro”, confiesa aquel que hasta los 11 años no se decidió a jugar. “Mi infancia fue maravillosa, muy sana. Mis padres siempre estuvieron ahí para mí y me apoyaron en cualquier decisión o situación. Finalmente, a los 11 años empecé a jugar, porque me metieron en el deporte en el mismo colegio a esa edad. Y luego ya me apunté a un club”.

Su historia se asemeja a la de esos talentos desconocidos que llegan a la élite muy poco después de tomarse en serio su deporte, aunque, en su caso, la explosion no fue inmediata. “Durante mis primeros dos años, nunca pensé que podría acabar siendo un jugador profesional o saltando de nivel. Jugaba en un equipo realmente pequeño y local, pero después de tres temporadas, las oportunidades surgieron y cambié a otro club”.

El Værløse BBK se frotaba los ojos. Un niño de 14 años que superaba ya los 2 metros, con brazos eternos, ágil, capaz de correr la pista y machacar, con tiro y fundamentos. Era una joya. Era su apuesta. Y hoy Rasmus valora aún más que ese equipo se cruzase en su camino: “Mi etapa allí resultó increíble. Me desarrollé mucho durante esos años y asistimos a muchos torneos fuera de Dinamarca que nos permitían competir al nivel más alto y evolucionar aún más”.

En cada viaje, enamoraba a más gente. Todavía con 14 ya se colaba, de forma testimonial aún (2,3 pt, 2,1 reb), en una Selección Danesa que subía por primera vez a la División A en el Europeo Sub16. Meses después, el mismísimo Joventut quedaba prendado por su talento y le invitaba al Massagno Basket, un torneo de primavera celebrando en Suiza. La Penya se llevó el título y él, el concurso de triples.

ACB Photo


Medía 2,08, tenía 15 años, se hablaba de un futuro inmediato en Badalona y en la prensa de su país se dijo por primera vez el nombre que le acompañaría, por suerte o desgracia para él, en los siguientes pasos de su carrera: Dirk Nowitzki. Una futura estrella había nacido. “Era realmente motivador escuchar frases así y era una gran sentimiento ese de que la gente crea en ti y te apoye”. El elogio era agradable. La presión, aterradora.

El 4 que sedujo a la Penya

Semanas después de aquel torneo con el Joventut, a Rasmus le llamaron para los Campeonatos Nórdicos que se celebraban en ese mayo de 2010 en Solna. Allí se reunirían los mejores jóvenes de Noruega, Finlandia, Islandia, Suecia y la propia Dinamarca. Allí, en ese torneo Sub16,Rasmus demostró con 15 años, que ese tipo de torneos se le empezaban a quedar muy pequeños.

Fue una exhibición. Ganchos, tapones, mates, triples. Coast-to-coast botando como si tuviera 20 centímetros menos. Y los scout apuntando. En la grada, ojeadores de Baskonia, Barça y Manresa. En el parqué, un tal Haukur Palsson haciendo estragos y otro tal Marcus Eriksson tirando como los ángeles. Y Rasmus, siempre Rasmus, jugando como 5, una posición que no era ni es su favorita, dominando por físico a sus rivales. Cuando en la ceremonia de medallas recogió la suya con la sudadera de la Penya, el destino parecía escrito. Pero en Manresa nunca dejaron de soñar con él. Tendrían su recompensa.

Foto FIBA Europe


Llegó el verano, de la mano del Europeo Sub16 donde no hizo más que aumentar su fama, con 13,2 puntos y 7,9 rebotes de promedio. En esa época, cada entrevista era una oportunidad para pedir a gritos convertirse definitivamente en un 4 abierto. “Al principio jugaba debajo del aro pero ahora mi posición favorita es la de ala-pívot, donde puedo hacer más cosas y puedo crear más. Me gusta más jugar ahí”, confesaba durante el torneo. Precisamente como ala-pívot volvió a destacar en el Basketball without borders de Barcelona, seleccionado entre los 48 mejores jóvenes entre 15, 16 y 17 años de todo el continente. Allí, entrenado por Ibaka, fue eclipsado por las exhibiciones de Saric, aunque junto a Alejandro Suárez, hoy en el FIATC Joventut, parecía uno de los 4 más prometedores de todos los presentes.

La Penya prefería juntar a las dos perlas. En enero de 2011 volvió a intentarlo, invitando a Rasmus Larsen al prestigioso Torneo de L’Hospitalet. Sin embargo, el danés se quedó compuesto y sin basket, ya que un nuevo cambio en la normativa le impidió participar con el cuadro verdinegro, al no permitirse la cesión de jugadores por parte de otras federaciones. Como un aficionado más del Joventut, Rasmus, bien acompañado por su familia, disfrutó todo el torneo desde la grada, ignorando que estaba a solo unos días de que le cambiase la vida.

La decepción se le pasó pronto. El 30 de ese mes, enero, Larsen debutó en la máxima categoría danesa con el Værløse. Con solo 16 años, 2 meses y 5 días le hizo 7 puntos al Baken Bears. Un mes después, el niño de la cara angelical ya ejercía de Verdugo, con 20 puntos (9/11 en el tiro) al Horshol 79ers. Y al siguiente, un 14-6, con 2 tapones. Casi nada.



Al verano siguiente, era elegido mejor pívot del Europeo Sub18 B, Quinteto Ideal incluido, con 11,1 y 8,8 rebotes por encuentro, y se convertía en el jugador más joven del Eurocamp de Treviso. Parecía el momento de culminar su unión con la Penya pero entre él y su familia decidieron que quedarse un año más en Dinamarca era lo más conveniente. “El Joventut fue el primero equipo que mostró su interés por mí como joven. Me invitaron a los 14 años y me enseñaron cómo era el baloncesto en España, algo que me dejó sin palabras. Al mismo tiempo, nunca pensé en irme tan pronto de Dinamarca. Entre otras razones, quería acabar mi etapa en el colegio antes de partir.”.

A las puertas de los 17 aún, visto ya como la mayor promesa del país y con minutos asegurados en su equipo, parecía que nada ni nadie podrían detenerle en los siguientes meses. Por desgracia, solo se cumplió lo último. Aparecieron las malditas lesiones.

Lesionarse para crecer

Rasmus parecía otro jugador diferente la siguiente temporada. Con 10 kilos más de peso y sin perder las cualidades que le habían convertido en un jugador especial. Veloz, hábil, coordinado, despierto, explosivo y letal. Cada vez más alejado del aro, eso sí, jugando de cara a canasta, tirando, amagando y penetrando. Un gran 5 que se perdió por el camino y un 4 aún mejor que se ganó para la causa.

Sin embargo, no tendría suerte Rasmus con las lesiones físicas desde ese momento. Por un lado estaba aquella lesión crónica en el cartílago del hombro que tenía desde los 15, más molesta que otra cosa en esos momentos. Por otro, la sucesión de dolores e infortunios. Iba al Torneo Junior de la Euroliga en Lituania como el jugador que más expectación creaba y solo podía disputar 9 minutos por partido. Y vale, es cierto que a los scouts le sobraban 8 para ver su potencial, pero el ala-pívot no pudo sonreír ni al ser felicitado por el mismísimo Arvydas Sabonis .

Foto Euroleague/Getty


En Mannheim llegó sin recuperarse del todo de los dolores producidos por la distensión inguinal persistían y se fue con una nueva lesión, esta vez en el pie. Entre medias, otro ratito (22 minutos de media esta vez para 12,2 puntos y 6,3 rebotes) de talento y baloncesto, como cuando le hizo un 27-15 a China sin despeinarse. Entre viajes y lesiones, solo pudo sumar 10 partidos en liga, en los que subió sus números levemente (del 5,5/3 al 7,6/3,8) sin terminar de explotar por la falta de continuidad. Tampoco hacía falta mucho más tras lo visto. La carrera por firmarle había empezado mucho antes.

“Cuando varios clubes le intentaron fichar, como la Penya y equipos importantes de Italia, le ofrecimos un programa de desarrollo y formación que convencieron a él y a su familia”, le relata el director deportivo de La Bruixa d’Or, Pere Capdevilla, en una entrevista de Maite Antón en el Sport. El cuadro manresano estuvo vivo para atar a una de las grandes internacionales de ese momento.

Desde el otro lado del charco se llegó a decir que era el mejor jugador de la generación de 1994 y su nombre tomó fuerza como posible Top10 en el draft NBA de 2014. Ni siquiera parecían importarle las eternas comparaciones con Nowizki: “Se me puede comparar con él en algunos aspectos. Me hace sentir bien. Es un súper jugador. Me gusta hacer cosas que él hace como buscar tiros abiertos y miro en Youtube a veces cómo se mueve en la cancha y hace tantas cosas. Pero me tengo que fijar en mí mismo”.

Foto Joaquim Alberch/Bàsquet Manresa


Tres días después de su fichaje por el conjunto manresano, ya arrasaba en el Europeo Sub18, otra vez en la División A. 21 puntos y 3 tapones contra Lituania, 16-13 frente a Grecia, 22-10 contra Francia y 20-13 a Polonia. 15,7 puntos por partido, 8,2 rebotes y una inmejorable forma de llegar a su nuevo equipo, que le pedía tiempo y serenidad antes de la 2012-13. “Él es muy consciente de que debe tener la paciencia para aprender. Tiene un potencial muy grande pero para sacarle provecho, él sabe que tiene que ir aprendiendo de sus compañeros, del juego, de la liga y en este caso, de los partidos amistosos”.

Lo que no imaginaba Ponsarnau, en sus palabras, es que la paciencia y la cabeza fría la debería usar para afrontar la situación más dura y desagradable de su aún corta carrera. La de la lesión más grave. La del año sin jugar. Las molestias en el hombro se reprodujeron justo al inicio de temporada y el club le mandó al CE Sant Nicolau para recuperar sensaciones de juego, aunque en Sabadell solo pudo jugar 45 minutos repartidos en 2 partidos (8,5 pt, 6 reb). El 10 de noviembre, en Tarragona, el último. El dolor aumentó.

La apuesta por el tratamiento conservador, por tratarse de un jugador tan joven, no funcionaba. “Consultamos a todos los especialistas habidos y por haber. Entre todos se creyó que se debía actuar fortaleciendo la musculatura y relajando la zona irritada”, explicó Xavi Schelling, preparador físico del equipo, en El 9 Esportiu. Los dolores no remitían y, finalmente, el 25 de marzo tuvo que pasar por el quirófano. A la semana ya hacía ejercicios para recuperarse lo antes posible. Su madurez había llegado antes de tiempo, como explicó el propio Xavi Schelling en la citada entrevista: “Una vez le explicamos las pautas y el porqué de las cosas lo aceptó perfectamente. Ahora tenemos a un jugador a punto de cumplir 19 años que es más fuerte desde un punto de vista mental. Venía de una dureza física y competitiva inferior, y en la lesión ha mejorado estos déficits. Ha madurado y ha crecido a la hora de superar los trances del día a día que conlleva la dinámica de exigencia y trabajo de una competición como la nuestra”. El regreso parecía por fin cercano. Irónicamente, volvería más fuerte que nunca.



El debut soñado

“El proceso con mi hombro fue largo y frustrante, pero cada día pensaba en el baloncesto y en volver a la pista. Durante un año entero, mis compañeros, el club, mis amigos y mi familia me dieron apoyo. Mantuve la cabeza alta y me centré en la rehabilitación”, cuenta hoy con orgullo, consciente de que el no tirar la toalla fue la clave de su posterior premio.

No fue Rasmus Larsen el único que vivió un calvario en la pasada temporada. Su propio club, pese a mantenerle con los pies en el suelo y tratarle con mimo, tenía reservado un papel más importante para él de lo que nadie imaginó, como confesó el presidente Josep Vives: “El caso más estrepitoso ha sido Rasmus Larsen. Construimos el equipo con posiciones polivalentes, largo y para dar un espacio de juego a muchos jugadores. Y también a Larsen. Justo la semana en que íbamos a empezar con él como titular se lesionó y no ha podido volver a jugar. Y eso era la tercera jornada. Sin duda ha sido un gran hándicap”.

Por eso, cuando apareció en pretemporada sonriente y dispuesto a recuperar el tiempo perdido, su equipo tuvo la sensación de que Rasmus era un fichaje más del verano. Quizá, el mejor de todos. Los destellos en los amistosos, como contra CAI Zaragoza (10 puntos) y UCAM Murcia (11), eran un aviso, mas ni el mayor de los optimistas hubiera imaginado una explosión similar a la que tuvo el danés en la primera jornada liguera.



Que sí, que faltaba Asselin. Que sí, que Monroe se lesionó. Pero esas circunstancias no son argumento suficiente para explicar su imperial puesta en escena. Hubo más, hubo mucho más. 21 puntos (5/6 T2, 2/4 T3, 5/5 TL), 13 rebotes y 37 de valoración. Penetraciones, capturas en el mismo cielo, un tapón de concurso, un mate en el mismo vuelo en el que había cogido el rebote ofensivo. Una actuación pletórica, digna de rombos y un pabellón entero aplaudiendo en pie al grito de MVP a su nuevo ídolo.

“Engañaría si dijese que sabía que Larsen haría lo que ha hecho”, confesaba su técnico Borja Comenge en rueda de prensa mientras los aficionados, que volvían del Nou Congost, se remontaban a los tiempos de Pau Gasol para explicarles a los que no habían el partido lo que acababa de suceder. “Es la virtud del chaval, estar preparado para ello. Tiene mucho mérito porque lo ha estado, pero el equipo ayudó a que esto pasara”, continuaba su técnico, llamando a la calma. Parecía imposible. El fenómeno Rasmus Larsen ya había nacido.

El camino es él mismo

”Un niño prodigio gigante” (Marca), “Un júnior con madera de MVP” (El Mundo Deportivo), ”Ha nacido una estrella” (El 9), “Histórico debut de Larsen” (La Vanguardia), ”Larsen, precodidad de récord” (Ara), ”El gigante Larsen tumba al Joventut” (As), ”Larsen embruja Manresa” (El Periódico) o ”El debutante Larsen hundió al FIATC Joventut” (Sport), algunos de los titulares de los medios, que destacaban que el danés había superado el récord de Ricky Rubio, que logró con 34 de valoración con solo 18 años. Rasmus eleva el listón hasta los 37.

“Desafortunadamente no pudimos jugar con 2 de nuestros pívots el partido y fue una oportunidad para mí de jugar al máximo y ayudar al equipo a conseguir la victoria”, explica con modestia, como si ignorase que en su país el baloncesto le ha robado en las últimas 48 horas protagonismo al fútbol para hablar de su gesta en Liga Endesa, donde solo un partido le ha valido para ser visto como candidato a Jugador Revelación.

ACB Photo / J. Alberch


¿Y qué? Si alguien al que desde los 15 años comparaban con Nowitzki no perdió la perspectiva entonces, no iba a hacerlo ahora, solo por los elogios tras un día bueno. “No está en mi cabeza ahora lo que la gente pueda decir sobre mí o con quién me comparan. La temporada acaba de empezar y quiero ayudar a mi equipo tanto como pueda en cada uno de los minutos de entrenamiento, en cada minuto de competición. Nos tomamos esto paso a paso”.

¿Y en este momento qué, Rasmus? ¿Hasta dónde? Tiene el discurso bien aprendido: “Mi objetivo ahora es seguir trabajando lo más duro que pueda y desarrollarme cada día. En eso estoy centrado en este momento”, reconoce, al tiempo que cuenta su anhelo de llegar a la absoluta. “Jugar con el equipo nacional siempre es un honor y espero llevar a Dinamarca en mi pecho el próximo verano”.

En Dinamarca sueñan con ver a uno de los suyos en el firmamento NBA, para borrar el asterisco al único precedente, el de Lars Larsen en la 1978-79, si bien el pívot pese a nacer en tierras danesas creció en Canadá, obtuvo esa nacionalidad y representó al país de la hoja de arce. El otro gran precedente del país, Cristian Drejer, se quedó a las puertas de sueño pese a su potencial y clase.

Quizá, su gran rival a la hora de convertirse en el ícono del baloncesto danés, esté en su propia casa. Se llama Jacob, se apellida Larsen y, pese a que su juego tiende más a la pintura, comparte los genes de genialidad de su hermano. Ya es visto como uno de los reyes del 97. “Es mi hermano pequeño, juega muy bien y su potencial es gigante. Sé que está trabajando duro cada día y que lo está pasando bien”. Los suyos, siempre en la cabeza. “Es muy importante para mí por haberme ayudado en cada instante de mi vida y ser tan cercanos”.

Ahora su familia es también un poco la manresana. “Mi vida en Manresa es muy bonita. Siempre tengo amigos y compañeros de equipo alrededor de mí. Disfrutamos de la gente y de la comida de este lugar”, cuenta el jugador de La Bruixa d’Or, que saca huecos libres entre los entrenamientos para ponerse a estudiar castellano.

Foto Flickr @Coma21


La noche del domingo, superado el estruendo de su actuación y de sus consecuencias, leídos los tropecientos mensajes de enhorabuena, los halagos, los titulares, las comparativas y la euforia desbordaba, Rasmus se acostaría pensando cómo sucedió todo. Siete años después de no haber tocado balón y tras una temporada en el limbo de las lesiones, solo algo superaba el sentimiento de felicidad por lo logrado… la propia sensación de que esto solo acababa de comenzar.

El 5 que se convirtió con 4 con ramalazos de 3. El gigante de los triples que se acostumbró a vivir por encima del aro. El del físico privilegiado -“Desde Ibaka no se veía un tren inferior como el suyo”, contaba su preparador físico-, el eterno precoz. El Parque Furesø le queda lejos, sí. Y el río Mills y hasta la dichosa Sirenita. Pero la Carretera del Rey, aquella que cruzaba su pueblo, aquella que se atrevió a recorrer, tenía un solo camino.

Del lago a la Basílica de Santa María de la Seu. Del pavé a la Plaza de Sant Domènec, tras pasar por la Cueva San Ignacio. De la promesa a la realidad. Del pasado al presente, con buenas dosis de futuro. De la Kongevejen a la C-16. De la carretera a la autopista. Donde se corre, donde se crece, donde se sueña. Autopista Rasmus Larsen. El camino es él mismo.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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