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Jaycee Carroll, buscando la leyenda
Momentos de trance, explosiones de tirador. Tras un verano de trabajo, Jaycee Carroll ha regresado espléndido, brillando en el ecosistema perfecto. El de un Real Madrid con el que seguirá hasta 2017. El de un Real Madrid con el que se acerca a números que le conviertan en un tirador de leyenda

Redacción, 23 Oct. 2013.- En la creación de una leyenda bastan apenas un par de actos extraordinarios grabados en la memoria colectiva. En la de un tirador, además, la asimilación absoluta de un nombre al lanzamiento de larga distancia.

En Madrid y Gran Canaria, son varias ya las acciones que se acumulan en la memoria que construye a la figura de Jaycee Carroll, que anda camino de convertirse en una leyenda tiradora de la Liga Endesa. Con el tiro como marca indeleble de su juego, Carroll clava en el recuerdo partidos de instantes memorables, en los que se convierte en ídolo o pesadilla. Como el último fin de semana, con el Laboral Kutxa como víctima.


Un lugar donde ya es leyenda

La etiqueta de mortífero tirador persigue con gusto a Carroll desde que su nombre se asocia al mundo del baloncesto. Poco importa que se haya convertido en un anotador de primer nivel o que su intensidad defensiva le permita ser un jugador de completo rendimiento en ambos lados de la cancha.

En base a ello, hay un lugar donde su nombre ya es pasado, el lugar único donde habitan las leyendas. En Logan, Jaycee Carroll ya fue ovacionado con un pabellón entero en pie, mientras él levantaba sus brazos a cuatro metros del suelo, sostenido a hombros por sus compañeros.

Jaycee Carroll, a hombros en Logan (Foto Utah State)

En Utah State, el nivel de leyenda lo alcanzó ya ese 19 de enero de 2008. Era el último año de su ciclo universitario con los Aggies, a los que llegó en 2005, tras promediar unos escandalosos 39,4 en la Evanston High School de su Wyoming natal y pasarse dos años como misionero en Chile, atendiendo a su fervor mormón.

En la fragua de la leyenda, el primer fuego ya era el de tirador. No hubo especialización hasta alcanzar la virtud; la virtud fue siempre asociada: el tiro. Han pasado ya cinco temporadas, pero en el libro de los récords de Utah State su nombre sigue siendo el más repetido. Y, claro, asociado al triple. Nadie ha anotado más triples en un partido que él (10) en la historia de la universidad. Ni en una temporada (114, en la 2007-08). Ni en toda una carrera (369).

Nadie, todavía, se ha asomado a sus 2.522 puntos anotados con la camiseta de Utah State.

“Después de salir de la Universidad y estar fuera durante cinco años, es divertido ver tu nombre todavía ahí, en la historia de la universidad, siempre es algo bonito. Pero el mundo se va a olvidar de esos récords. De los campeonatos, de los títulos, jamás se olvidan. Ese es el enfoque, así que eso es lo más importante para mí”, declara Jaycee Carroll, al que, como a cualquier jugador estadounidense, los recuerdos del college le cambian la mirada.


Volviendo al verano universitario

Esa misma mirada que tiene la vista puesta en el relucir de los títulos, que ya suman cuatro con el Real Madrid: Liga Endesa 2012-13, Copa del Rey 2013 y Supercopa Endesa 2012 y 2013. Y es precisamente la repercusión de este Madrid archialabado el que acelera la inscripción de su nombre en el ideario colectivo. El de un equipo que, a las órdenes de Pablo Laso, empieza a asociarse como ganador.

Y es en este primer Real Madrid de la temporada cuando Jaycee Carroll parece haber redoblado su importancia. Tras una extraordinaria primera temporada, en la que se adaptó a las novedades de su rol tras ser el totalizador ofensivo en Gran Canaria, su rendimiento se resintió ligeramente la última campaña. De los 11,6 puntos y 9,6 de valoración de la 2011-12 pasó a los 10,4 y 7,9 de la 2012-13.

Pero el nuevo curso parece haber traído a un Carroll físicamente preparado, más cómodo en su papel de anotador saliendo desde el banquillo (donde le relega la presencia de Rudy Fernández) y más imagen que nunca de la veloz verticalidad del Real Madrid. Un nivel superior que ya dejó patente en pretemporada, cuando su magnífico estado de forma y la ausencia primera de los internacionales le catapultó como líder anotador: 28 puntos en el debut, 21 en el segundo, 23 al tercero, 18 en el cuarto, 23, 21... El ranking de anotadores de pretemporada era territorio exclusivo suyo. Hhasta que la Final de la Supercopa Endesa, donde fue expulsado sin haber anotado, llegó para arrebatárselo y acabar dándoselo a Justin Doellman por escasísimo margen (17,75 por 17,5).

La temprana mejor versión del escolta de Laramie empieza ya en verano, cuando retoma sus rutinas de trabajo habituales para encarar la temporada en las mejores condiciones: “Este verano tenía más oportunidades para entrenar y hacer las cosas que quería hacer”. “El año pasado estuve en Azerbaiyán durante seis semanas y me costó al principio hacer las cosas que tenía que hacer”, explica sabedor de las contraindicaciones de un pasaporte azerbaiyano que, sin embargo, incrementa su cotización. “He hecho mucho físico, gimnasio, pesas este verano. Y también muchos tiros. Volví a hacer las cosas que hacía antes de venir a Europa”, declara Jaycee. Las rutinas de Aggie. Sin carga de competición, Carroll apareció en agosto en Madrid más fuerte, más a tono, más hambriento.

Un tirador, más de cinco años, mismo número (ACB Photo/Utah State)

El inicio de la temporada también lo reflejó. En las semifinales de la Supercopa Endesa, frente al Bilbao Basket, anotó seis triples para igualar el récord de la competición en un solo partido.

Al día siguiente, se metió en la final del Concurso de Triples, donde solo le tumbó el recordman especialista Josh Ruggles. Pero las diferencias para Carroll están claras: “Sí, competir en el concurso de triples me encantó, fue muy divertido, increíble. Fue más ilusionante competir contra el Chapu, Corbacho, Rafa Martínez... porque son grandes tiradores que también las meten en los partidos. Lo de Ruggles... estoy enfadado, porque me ganó, por decirlo así, pero él es un robot en los concursos”. Una extrema especialización que el jugador profesional no alcanza. Ni aspira a ella.

Aunque tampoco resta mérito a su rival: “Estaba seguro de que se iba a cansar, pero en el tiempo extra él siguió metiendo. Lo hizo muy bien”. Y Ruggles, tras un empate a 25 en la final de uno de los mejores concursos de triples que se recuerdan, se llevó el triunfo en la ronda de desempate.



“Sí, sigo haciendo mecánica, pero no para cambiar la forma de tirar, sino para seguir haciendo la mecánica que hago. Cada día antes de entrenar meto 25 tiros de mecánica y después de cada de entrenamiento intento meter algunos tiros que he fallado en partidos anteriores o durante el entrenamiento, para así poder conseguir hacer los mejores tiros posibles”. Lo hizo en verano y lo sigue haciendo durante la temporada; sin corrección, solo repetición.

La que permite alcanzar el trance.


Trance

Corre paralelo a la línea de fondo, tras la pantalla de Mejri. Se encuentra a Felipe Reyes, que atrapa en el bloqueo a su defensor, y recibe el balón de Sergio Rodríguez. Para anotar. Habían pasado diez segundos del segundo cuarto, que empezaba igualadísimo (26-25).

Sergio Rodríguez cruza la línea de medio campo pendiente de los movimientos de Carroll, que aprovecha el bloqueo de Reyes para salir a 6,75 solo y clavarla de nuevo (34-27). Al siguiente ataque, misma situación, mismo bloqueo de Felipe y, pese a que David Jelinek se pega para saltar junto a él y puntearle, Carroll anota y Sergio Rodríguez suma una nueva asistencia.

Siguiente ataque: nada más llegar, Mejri aparece con la pantalla, para liberar a Jaycee y que anote otra vez. ¿El pase? De Sergio Rodríguez, claro. Y el Palacio de los Deportes ya no aguanta más. El estado de trance es absoluto. “Jaycee, Jaycee Carroll”. Al Palacio le salía de dentro.

“Hay días en los que llegan estos momentos especiales, de estar on fire o como quieras decirlo. Son momentos que no pasan mucho, así que quería aprovechar ese momento”, ha declarado posteriormente.

Todavía estaba por llegar el 5/5, cuando un par de minutos después llegaba al campo ofensivo ya con el bloqueo en mente, visualizando el pase (sí, Sergio Rodríguez) y la elevación para lanzar. Walter Hodge no le abandonó ni un segundo en sus movimientos. Y posó junto a él en la foto del quinto triple, punteándolo.

“También mis compañeros, Sergio Rodríguez, me estaban encontrando. Y los pívots estaban poniendo muy buenos bloqueos para que yo estuviera abierto para meter”.

Había que cerrar el acto. Con el sexto. Sobre la bocina del descanso, cuando Sergio Rodríguez se jugaba el uno contra a uno y encontraba a un compañero que no era un hombre, sino un alma. Carroll levitaba. El Real Madrid ya se había escapado: 58-42. El partido se había roto.



Jaycee Carroll llegó al descanso del Real Madrid-Laboral Kutxa amenazando todos los récords posibles. Con seis triples, estaba a tiro su récord personal, los 9 de Drazen Petrovic que son tope del Real Madrid y hasta los 11 de Oscar Schmidt que se mantienen como máximo histórico –inalcanzable– de la ACB. Como si fueran nombres cualquiera.

“Me siento bien, la verdad. En la Supercopa tenía oportunidades, metí los primeros 4 triples, eso siempre es muy bueno. El otro día contra Laboral Kutxa empecé metiendo 5 casi seguidos. Esos momentos no pasan muchas veces, así que estoy contento y espero que pueda pasar más veces”.

Acabó el encuentro con 7, igualando su tope particular, el que logró en su debut en España, con la camiseta del Gran Canaria. Pero Carroll es de esos nombres que justifican el poder de las sensaciones. Y la sensación era que, un día cualquiera –y ese es el modo, cualquiera–, puede dejar atrás récords de esa envergadura. Como si su nombre tuviera que estar también entre aquellos. Aspirando a la leyenda.

La que no puede lograr por longevidad. Dos años como misionero y cuatro de ciclo universitario dejan a Jaycee Carroll debutando como profesional con 25 años. Y en la ACB con 26. Su carrera no le alcanzará para récords absolutos, pese a que ya esté instalado como uno de los tiradores de mayor impacto de las últimas temporadas. Tras dos jornadas de la 2013-14, suma 314 canastas de tres puntos. Ni siquiera a mitad de camino de la cifra (650) que le haría entrar, oficialmente, como histórico en esa categoría estadística.

Aunque le quedan cuatro años.


Ecosistema, Madrid, Familia

A mediados de julio, el Real Madrid anunciaba la renovación por cuatro temporadas del tirador de Laramie. En la consolidación de la mejor base madridista de jugadores de los últimos años, se aseguraban la presencia de Carroll hasta 2017, cuando tendrá 34 años.

Desde su llegada a la península en 2011, Carroll ha evolucionado como jugador de balón a ejecutor impenitente, además de notable defensor, con una dosis de intensidad ideal en un juego como el del Madrid. “En Gran Canaria jugaba mucho, tenía mucha responsabilidad con el balón en las manos, sin el balón, en defensa... Eso a mí me encantó, es divertido jugar así, pero también es difícil. Aquí en Madrid puedo dar más en los dos lados de la cancha, ataque y defensa. Ese ha sido el gran cambio”. El propio jugador reconoce que el ser el eje central de un equipo le obligaba a dosificarse en defensa de vez en cuanto: “En el Madrid, juegue los minutos que juegue, no puedo hacer eso. En defensa puedo dar más energía y más esfuerzo para ayudar al equipo”.

A la vez, no podría existir mejor ecosistema para su brillo. En un equipo con la verticalidad como axioma, con la velocidad como bella condena y en el que los tiros a los 10 segundos son celebrados. Carroll llega al ataque sabiendo que el bloqueo está tendido para que, a la voz de ya, inicie su movimiento, apenas puestos los dos pies en el campo ofensivo. Y que, mientras sube el balón, la maravillosa mente de Sergio Rodríguez ya sabrá encontrar el momento, el lugar, el espacio, el gesto, para que el balón le llegue como preámbulo de la red.

El juego blanco ha sabido explotar a Carroll en ese papel de boom anotador. Y su conversión a perfecta pieza de engranaje en la precisa maquinaria blanca le proyecta como miembro del equipo a largo plazo. Hasta 2017.

Cuando, tal vez, sea un jugador diferente. Cuando el físico impida su derroche defensivo y su explosividad en los carretones y la salida de bloqueos. Cuando el tiro se mantendrá. Y, quizá a modo de especialista, tenga en el tiro la excusa para eternizar su carrera.

Jaycee Carroll, tirador letal (ACB Photo / A. Villalba)

“Estoy encantado de tener la oportunidad de estar aquí cuatro años más. Primero, por el baloncesto que estamos haciendo, es muy divertido, es el estilo que yo quiero jugar. Me gusta cómo entrenamos”. El de Wyoming nunca ha ocultado su satisfacción en la capital: “Y el estilo de vida que llevamos en Madrid. Yo tengo una familia, voy a tener mi tercera hija en diciembre, así que estar en un sitio por varios años da una estabilidad para mi familia, así que estamos muy contentos”.

La familia, allí donde acaba el baloncesto. “Meta los puntos que meta, mis niñas me esperan en casa para jugar con ellas a las barbies”, declaró a Onda Madrid tras la victoria contra el Laboral Kutxa. “Sí, es verdad, alguien me preguntó ‘qué van a decir las niñas?’. Y la verdad es que, si juego bien o mal, a ellas no les importa mucho. Ellas solo quieren estar ahí en casa conmigo, para darles abrazos, ver una película de Disney u otra cosa. Eso siempre es bueno después de jugar un partido malo, porque a ellas no les importa”.

Dos hijas y una tercera en camino (y... “Cada día de mi vida pienso en tener un hijo, pero hasta ahora Dios me ha bendecido con tres hijas, y estoy encantado de que lleguen sanas. Siempre son divertidas, pero yo creo que vamos a intentarlo otra vez, a por un hijo”), que todavía no saben que su padre salía a hombros en Logan, con un abarrotado pabellón ovacionándole. Y que, cuando sean conscientes del oficio de su padre, tal vez lo vean, ya, ovacionado como una leyenda tiradora más allá de la universidad.

Carroll, leyenda universitaria (Foto Utah State)

David Vidal
ACB.COM

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