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Tomas Satoransky: la precocidad del líder
Con 22 años, es el líder de un Cajasol que acumula tres victorias consecutivas. Más maduro, con un rol principal, más líder, Tomas Satoransky impacta con sus números, su crecimiento y su nueva responsabilidad. Veterano prematuro, en una carrera marcada por la velocidad. Y líder precoz. "No me lo han dicho, pero lo he entendido yo solo"

Redacción, 20 Nov. 2013.- La vida de Tomas Satoransky no ha seguido cauces normales. Niño de los ojos de todo el USK Praha, acude a una escuela rodeado de jóvenes deportistas de élite, es All-Star en la primera división checa siendo todavía menor de edad, gana el MVP de un Europeo Sub18 B como junior de primer año, se lleva el Concurso de Mates de la NBL con 17 años, debuta en la ACB con 17, en la selección senior con 18, es elegido mejor jugador de la República Checa con 21... Las etapas en la vida baloncestística de Satoransky se han sobrevenido con orden, pero rápida quema. Todo ha sido natural en lo prematuro, lógico en lo repentino. Hasta ser líder con 22 años y que nadie se extrañe. Que sea, por la simple velocidad de su carrera, lo que se le suponía. Lo exigido. Como si fuese ordinario.

ImQuality / Ortzi Omeñaka

Líder por asimilación

La valiente temeridad del Cajasol de armar un equipo con una media de edad de 21 años dejaba a Tomas Satoransky como veterano prematuro. Con 22 años, solo hay cuatro jugadores en la plantilla mayores que él: un recién salido de la universidad como Bamforth, un americano con aspecto de ver el mundo pasar como Latavious, un argentino de 27 años que vive su primera experiencia en Europa como Mata y otro joven que apenas le aventaja en meses, Josep Franch. Satoransky es, junto a Sastre, el jugador con más tiempo en Sevilla. Quinta temporada, ya. Lo natural era que fuese él el que tomase las riendas. Antes de empezar la temporada, así le venía dado: “Somos un equipo joven y yo soy el que lleva cinco años en el equipo y tiene que coger un poco la responsabilidad”.

Los números ahí aparecen. Es el segundo máximo anotador del Cajasol (13,8, el decimocuarto de la competición) y líder en asistencias (5,5, tercero global) y en valoración (17,7, sexto). El equipo acumula tres victorias consecutivas, que le colocan séptimo. Bienvenidos al Cajasol de Tomas Satoransky.

“Eso suena muy bien. Pero somos un equipo joven, que tiene más jugadores que pueden aportar. Tengo un rol que también viene por el hecho de llevar aquí cinco años”, explica Tomas, sabedor de que su importancia en el equipo es superior a la de la temporada pasada. Nada baladí, pues ya fue el jugador más valorado en la 2012-13, compartido con Tay Williams.

A estas alturas de la temporada, comparada con la anterior, anota más, reparte más asistencias, pierde menos balones, valora más y su +/- es mucho mejor. “Lo que es muy importante esta temporada, comparado con la pasada, es la regularidad. Es lo que me faltaba siempre y lo que me insisten siempre Aíto y los entrenadores: ser más consistente de lo que era”. Once puntos, diez de valoración y cuatro asistencias son sus mínimos esta temporada. Es de lo sostenido de sus números de donde nace su satisfacción.

Y de perder menos balones, claro. Fue el jugador de la Liga Endesa 2012-13 con más pérdidas. Una condición que lleva adosada etiquetas varias. “Siempre he tenido muchos problemas con las pérdidas. Contra el CAI tuve tres, pero creo que estoy mejorando un poco. Creo que es un aspecto muy importante para todo el equipo, que se sienta bien conmigo”, reconoce. Preocupado por reprimir sus impulsos, por ser más director y menos rompedor, por frenar la locura de sus carreras, Satoransky pierde menos balones. Y con ello, trata de quitar la razón a los que no le consideran un base. No en vano, es, tras Sergio Rodríguez y Heurtel, el jugador que más pases de canasta reparte en la competición. “Tenemos muchos jugadores con talento, que son distintos. Por ejemplo, tenemos más tiradores que el año pasado: Scott Bamforth está teniendo un buen nivel estas jornadas, Marcos Mata es buen tirador...”, relata como asociado a sus números de asistencias.

Satoransky, penetrador por antonomasia, se siente cómodo rodeado de tiradores a los que poder encontrar cuando su potencia en la penetración no encuentra el aro. Vive más feliz en un juego abierto en el que la pintura quede libre para su cabalgar hacia la canasta. “Este año el juego es más abierto, diría, y es más fácil asistir así”.

La configuración inicial de la plantilla sevillana parecía abrirle el mismo hueco. Sin un hombre como Milenko Tepic que se solapara en ese rol de exterior alto capaz de subir el balón y de juego hacia el aro (y no a distancia de él) y sin un base experimentado como Rod Blakney, el camino hacia la responsabilidad total como primer base era expedito. Con Josep Franch como suplente, posibilitando que él pase circunstancialmente al puesto de dos.

“Al equipo le ha venido bien tener dos bases, que se sabe que son dos bases de verdad. No como al principio de la temporada pasada, en que teníamos a Tepic, pero le costaba más. Yo creo que esto también me da más tranquilidad”, explica Tomas, que cree que “este año los roles están bien definidos”. La configuración de la plantilla parece girar, si no en torno a él, sí alrededor de su comodidad, de su responsabilidad y seguridad en la pista.

Y así se desprende. En el triunfo frente al CAI, la toma de decisiones encumbró a Satoransky. Con Scott Bamforth –el anotador de referencia–, acosado y en pobres porcentajes, fue el checo el que tiró del equipo, forzando faltas y arrancando penetraciones que terminaban en canasta. En los últimos cinco minutos de partido, 11 de valoración. El Cajasol tiene líder.

“No me lo han dicho (que tengo que ser el líder), pero lo he entendido yo solo”. El tono de su voz no acompaña la teórica ambición de las palabras. “Tengo que liderarlo yo, liderarlo con Tay Williams, con Joan Sastre y enseñar a los otros jugadores cómo es la manera. Me alegro mucho de poder ayudar así”.


Líder prematuro, madurez acelerada


Satoransky, en el Europeo Sub18 (Foto FIBA Europe)

No por prematuro es nuevo. Satoransky lleva tiempo viviendo en los focos, conviviendo con el liderazgo. Verano tras verano con la selección. En el Europeo Sub16 de 2007, su importancia en la República Checa, que terminó última, es fácil de medir: líder en anotación (15), rebotes (12,3, tope del torneo), asistencias (4,7, también tope global), robos (1,7) y tapones (0,8), en la más gráfica imagen de un hombre arrastrando a un equipo menor ante rivales muy encima de sus posibilidades. En 2008, un año menor que sus rivales, guió a su país al ascenso a División A, ya junto a Jan Vesely. Pese a perder la final y contar con números un tanto inferiores a los de su compañero, Satoransky se llevó el MVP. En el Europeo Sub20 de 2010, nueva lucha contra molinos. Los checos fueron últimos, pero él volvió a brillar con 15,8 puntos (sexto del campeonato), 6 rebotes, 5,4 asistencias (segundo) y 2,6 robos (segundo), el mejor del equipo en los cuatro apartados.

La de Satoransky no es solo la historia de un prematuro despegar, sino del dominio dentro de lo precoz. Ahora, lejos de su país, el praguense vuelve a vivir la sensación de ser el mejor. El dominio ya no es un oasis veraniego. Vuelve el vértigo de volver a ser la referencia en términos absolutos, la altura de sentirte el mejor.

“No creo que sea el mejor... Es muy bueno sentirte así, con buenos números. Estaba acostumbrado a hacer este papel de líder en selecciones inferiores”, explica. Un papel que es viejo conocido. “Es una nueva situación estar así en una liga como la ACB, que es tan buena, y en un equipo que tiene tan buenos jugadores y estar ahí líder, pero somos muy jóvenes y con este equipo es más fácil”. De forma natural, el liderazgo ha recaído en él. Lo precoz del DNI no importa si la vida ha empujado a adaptarse a entornos extraños, mayores. Si lleva años dejando la edad en el vestuario.

En el camino hacia la madurez existen acelerantes. Y la convivencia con chicos mayores es uno de ellos. El entorno ha obligado a Satoransky a actuar como hombre sobre la pista antes de representar esa figura fuera de ella. Antes de ser capaz de contener la sonrisa nerviosa cuando una pregunta le resulta halagadora. Antes de dejar de buscar la confirmación de su interlocutor cuando una palabra no le suena especialmente bien en español. “Desde mis primeros años, cuando empezaba con el baloncesto, jugaba con gente mayor, y eso lo he mantenido hasta el año pasado, cuando ya casi era un veterano, aunque sea una paradoja. Hay muchos jugadores de los que llegaron muy arriba que siempre jugaron con gente mayor. Siempre quieres igualar a estos rivales y tienes una extra motivación. Eso siempre te ayudará”.

En el USK Praha, era la niña de los ojos de Petr Jachan, hombre fuerte en el club y el entrenador emblema en la carrera de Tomas Satoransky. “Es el entrenador que cambió mi vida: me hizo pensar en el baloncesto más como profesional, para un día poder llegar a hacer la carrera que hago ahora”. El propio Jachan define a su expupilo como una persona excepcional en su vida. Además, en el ámbito de selecciones también trabajó con Michal Jezdík, al que le acompaña la fama de ser uno de los grandes formadores de jugadores en el país centroeuropeo.

Por si fuera poco, la educación de Tomas Satoransky ha sido inusual. Estudiaba en la escuela Gimnázium de Praha, en el marco de un programa especial para jóvenes deportistas de élite. “Me daba la posibilidad de tener más entrenamientos y mejorar más. Los profesores son más pacientes, porque normalmente en una escuela normal no aceptan que faltes a clases”, explica hoy, cuando todavía acude a su escuela en verano para examinarse de las últimas asignaturas para sacarse el equivalente al bachillerato español.

Tras entrenar por la mañana, Satoransky se incorporaba a las clases junto a otros jugadores de baloncesto (su compañero de equipo Ondrej Balvin también era alumno de Gimnázium) y deportistas de otras disciplinas. “Al director de la escuela le gustaba mucho el deporte, y siempre nos apoyaba y nos daba mucha confianza”, recuerda. Un entorno de élite, con especial cuidado para deportistas. Su compañero de pupitre fue miembro del Quinteto Ideal del Europeo Sub16 de 2009. Seis meses más tarde, Milan Ryska se suicidó, en un episodio del que a Satoransky todavía le cuesta hablar. Un acelerante más, un shock contra la vida adulta. Por entonces, Satoransky ya disputaba su segunda temporada con el senior del USK Praha.

Ahora, en un papel principal, plasma esa madurez baloncestística, llevando las riendas durante más de treinta minutos por partido de un equipo situado en la zona alta de la Liga Endesa: “Sí, yo creo que soy más maduro, es algo lógico, por los años”. Los últimos minutos del CAI Zaragoza-Cajasol fueron una buena muestra de ello: “Sentía que tenía que tomar la responsabilidad en el equipo, junto con Bamforth, que es nuestro mejor anotador y sabemos que jugamos para él. Intento hacerlo lo mejor posible, es mi rol en este equipo esta temporada”.


Doble Satoransky

Tomas creció como el atípico jugador que llamaba la atención por su sola estatura jugando como base. Formado en esa posición, en la que ha jugado desde categorías inferiores en el USK Praha, era una suerte de jugador total, capaz de sacar partido de su altura en el rebote, de recorrer la pista con un físico impropio de un jugador en su posición, de forzar penetraciones que acabar por encima de sus rivales...

El tiempo ha pausado al jugador que parecía hacerlo todo a doble velocidad. “Aíto quiere que no juegue tan loco, pues a veces juego demasiados contraataques, y nos hace parar”, de ahí también que haya conseguido reducir su número de pérdidas y mejorar su dirección en ataque estático, por la mera repetición del 5x5. “Estoy intentando mejorar el ritmo del partido, sin tirarme tanto a la piscina, y eso me va bien para no perder tantos balones, hasta el momento”.

La versión española de Satoransky es la del bote elegante desde sus 201 centímetros, la del base tras el movimiento del tirador, la del que divide la zona sin miedo a lanzar con oposición. Con la República Checa, es un jugador más desatado, más libre en el campo abierto, con el acelerador pisado. “En la selección no tenemos experiencia y somos un equipo de atletas, con Vesely, Pumprla y con otros jóvenes. No jugamos mucho cinco contra cinco en ataque estático, sino que jugamos más a contraataques. Por ahí yo creo que se nota la diferencia”. Un entorno en el que, este verano, también tuvo su cuota de protagonismo, con un espectáculo de creación y desborde en el triunfo ante Georgia. Y en un equipo que no estuvo tan lejos de sorprender accediendo a la segunda ronda, mas se dejó ir ante Croacia en los últimos minutos del partido decisivo.

Foto EFE

Satoransky no esconde su querencia por la velocidad, por la libertad de su galopar hacia el aro, tal vez el modo más natural de su juego, pero asume el estático no solo como útil, sino necesario: “Me siento cómodo de las dos formas, no siempre jugar en estático, también me gusta correr con el balón. Pero en la selección corremos demasiado, porque así no puedes ganar muchos partidos en el Europeo. Cuando nos pararon tuvimos problemas: no sabíamos cómo jugar en estático. Es importante para un base tener un poco de las dos versiones”. Como si las ataduras fueran necesarias, sin cabida para lo peyorativo del término.



Del futuro al objetivo

“Puede ser que a algún jugador le venga algún pensamiento a la cabeza, pero todavía no hemos hablado de eso”. Tras una temporada difícil como la pasada, la Copa del Rey no está por el momento en las mentes sevillanas, sabedores de que las vicisitudes del calendario pueden encumbrarles un día y hundirles al siguiente. La visita a la cancha del Herbalife Gran Canaria y recibir al Real Madrid conforman una semana capaz de variar clasificaciones y enterrar ilusiones.

Si el Cajasol pudiese finalmente ampliar sus miras, no solo el proyecto de jóvenes promesas se vería reforzado, sino también el liderazgo de Satoransky. Uno que todavía debe extender al vestuario, donde él mismo reconoce no creer su voz tan importante como en la cancha. “Me cuesta un poco más que en la pista, no tengo tanta experiencia para hacerlo”, explica en referencia a su capacidad para ser el que levanta el ánimo en el vestuario, el que activa, el que tranquiliza, el que abronca: “Soy una persona que transmite emociones. Pero creo que en este equipo hay jugadores que lo hacen, por ejemplo Josep Franch, con la experiencia que tiene jugando como base, lo está intentando también Marcos Mata y, por supuesto, el capitán, Joan Sastre”.

Además, el tiro no está acompañando a Satoransky esta temporada. Sus acierto desde el triple está en un pobre 26,7%, inferior al 34,2 en el que terminó la temporada pasada y muy por detrás del 40,7 de la 2010-11, cuando el tiro formaba mayor parte de su repertorio ofensivo. Un debe que minimiza su capacidad ofensiva, pese a que el propio jugador considera que está escogiendo mejor sus tiros esta temporada. Su 54% en tiros de dos avala parte del sentir de sus palabras.

Aunque es en su físico en el punto en el que parece centrar más atenciones. Tanto en verano como durante la temporada. “Estoy siguiendo un programa físico individual, porque llegué un poco cansado después del verano y ahora estoy intentando recuperarme físicamente, hago pesas y demás”, explica. “De momento no estoy haciendo tanto trabajo individual como el año pasado, pero quiero hacerlo otra vez”. Sin Eurocup esta temporada, la plantilla sevillana dispone de más tiempo para preparar los partidos. También para trabajar individualmente.

“En verano, normalmente hago algún programa de físico en Praga con algún entrenador. Este he estado también en Washington una semana para trabajar allí, pero normalmente intento descansar algún tiempo y, dos o tres semanas antes de la selección, me empiezo a preparar”. Este verano no disputó la Summer League como sí hizo en 2012, después de ser drafteado por los Washington Wizards. Es en esa obsesión, la que no esconde, de alcanzar algún día la NBA, en la que Satoransky ve su físico como un cambio necesario. De hecho, en los entrenamientos previos al Draft ya declaraba la necesidad de moldear su cuerpo para poder competir en una competición en la que sus pares serían más atléticos que en Europa. Hasta el momento, nota la diferencia: “Me ayuda mucho el hecho de tener más resistencia, tengo más energía durante más tiempo, y eso me sirve para poder presionar durante más tiempo y poder jugar contra presión más tiempo”.

Porque el convertirse en el cuarto checo en la NBA continúa siendo el objetivo. Solo cambia el plazo. Los Wizards, la franquicia que posee sus derechos, prefirió esperar, así que Sevilla terminó siendo la opción. Aunque en el verano se le vinculó a mil y un equipos. “¡Se habló todo!”, comenta entre risas. “En Washington estaban muy contentos de la progresión y de la temporada que hice, pero quieren que mantenga este nivel en Europa y creen que puedo incluso mejorar”.


Tenis y terciopelo

Ondrej Balvin reconocía que Aíto García Reneses le había recomendado jugar a ajedrez, algo que le había servido para ordenador su mente, para tomar decisiones de forma más rápida y efectiva. Satoransky siguió la recomendación de su técnico y se leyó el libro sobre Rafa Nadal y el modo en que se forjan los ganadores. Pero si ahora ganan los checos, ¿no? “Eso estaba intentando decir, ahora somos los mejores. Hay que saber verlo: dos veces seguidas ya”. Y se ríe. Radek Stepanek derrotó el domingo a Dusan Lajovic en el quinto partido de la final de la Copa Davis, en la que la República Checa tumbó a Serbia. Era la segunda ensaladera consecutiva para los checos. Por la mañana, él había firmado la segunda máxima valoración de su carrera (el mejor partido de la temporada), liderando la victoria del Cajasol.

Era 17 de noviembre. Un día especial para la República Checa. El del 24º aniversario de las protestas estudiantiles reprimidas por la policía praguense que supusieron la inflexión. Era el punto inicial de la Revolución de Terciopelo. Hoy, el Día de la Lucha por la Libertad y la Democracia, festivo nacional. “Veo este día y me acuerdo de lo que pasó en el 89 con la Sametová Revoluce. Me acuerdo porque es un tema que ha quedado en la República Checa y que yo creo que se va a quedar mucho tiempo, porque lo pasamos muy mal con el comunismo. Te afecta porque tus padres vivieron esos tiempos, y tus abuelos”. Cuando Satoransky nació, lo hizo ya en una Checoslovaquia democrática. “Mis padres y abuelos me cuentan que las oportunidades eran muy reducidas. No tenías oportunidades de estudiar fuera, no podías hacer como he hecho yo para llegar a España joven y empezar a jugar baloncesto aquí, no podías comprar lo que querías y por eso es un día tan especial para nosotros, porque fue cuando empezó la Revolución y empezamos a ser libres”.

Veinticuatro años después de que el sonido de las llaves llenara el frío checo y sirviera de símbolo futuro para la Revolución, el baloncesto masculino se abre hueco en la actualidad deportiva. Más allá del fútbol, del hockey, del floorball, la selección reclama su atención, con el entorno NBA como reclamo. Allí donde juega Jan Veselý, y donde aspira a estar Tomas Satoransky, conocido ya como uno de los líderes de una selección que se autoconvence de sus posibilidades en el futuro. No en vano, Satoransky fue elegido mejor baloncestista checo de la temporada 2012-13, en un trofeo otorgado por la federación nacional (CBF).

Un estadio más de una serie de etapas devastadas por lo prematuro. En la lógica de lo precoz, no hay mejor marco del sinsentido sevillano. La de la construcción de un equipo casi adolescente. Solo ahí cobra sentido lo ilógico de su carrera. Su precoz despunte. Su inusitada velocidad. Su liderazgo prematuro. Y su brillantez.

David Vidal
ACB.COM

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