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Morir de éxito
Más allá de las luces del éxito, la NBA también esconde sombras y miserias. Estrellas deslumbradas por la fama y el dinero fácil que sucumbieron a los pecados de lo banal. Tres historias de violencia, dinero, drogas y muerte que relatan la cara oculta del triunfo

Redacción, 4 Dic. 2013.- Cuando se tiene la fama y el éxito como castigo el futuro no puede ser otro que la miseria. Algunos casos, económica; en lo más trágicos, una miseria espiritual. La NBA, tan dada a encumbrar a gigantes con pies de barro, da cobijo a innumerables historias de precoces millonarios con más coches lujosos en sus mansiones que sentido común en sus ideas.

Un problema de autogestión económica y emocional que difícilmente pueden controlarse cuando a tu alrededor todo el mundo quiere aprovecharse de tu efímera fama y riqueza. Ni el tan famoso programa para rookies es capaz de frenar una tendencia que no hace distinción y que se ceba siempre con los más débiles de mente.

Sirvan de ejemplo las historias de Javaris Crittenton, Eddie Griffin y Latrell Sprewell para comprobar como el dinero fácil se va tan rápido como viene y que la fama de un día, mal gestionada puede convertirse en un eterno drama. Son historias para pensar que los deportistas no sólo deben prepararse a nivel técnico o físico, sino que hay una parte cada vez más importante que es la social y económica que, en tiempos donde lo superfluo está de moda, adquiere una importancia vital.



Malas compañias

La vida en la NBA puede estar llena de luces, pero en ocasiones también hay sombras. Claros que encumbran a ídolos mediáticos y oscuros que acechan mentes no preparadas para digerir el éxito. Uno de los casos más llamativos de carrera deportiva que pierde el rumbo y acaba hundiéndose también en lo personal es la de Javaris Crittenton.

La gran mayoría le conocerá por ser el compañero que se peleó con Gilbert Arenas y con el que desenfundó armas en el vestuario de Washington Wizards, pero pocos saben que durante estas semanas su vida puede cambiar porque está siendo juzgado por el cargo de asesinato ¿Qué pasó para que su vida cambiara tanto?

Eran días de vino y rosas cuando se produjo el incidente en el vestuario de los Wizards. Con una notable carrera en Georgia Tech (14,4 puntos y 5,75 asistencias), Crittenton pensó que un año de universidad era suficiente para dar el salto al profesionalismo y creyó que si siendo rookie en la NCAA podía promediar más de 31 minutos y ser clave en una universidad de renombre, ser novato en la NBA también podría ser fácil.

Evidentemente no lo fue y en Los Angeles Lakers tuvo oportunidades, sí, pero contadas. Casualidades del destino su nombre formó parte del traspaso que llevó a Pau Gasol a Los Angeles y a Marc Gasol y Javaris Crittenton a Memphis Grizzlies. Pronto se vio que ni el equipo ni la ciudad estaban hechos para el base de Atlanta y cambió de equipo rumbo a Washington. Sin ser lo que él pensaba en un principio, el renqueante estado físico de Arenas siempre le daba oportunidades para jugar y, poco a poco, se estaba consolidando en la liga, hasta que aquella pelea desterró su nombre de la NBA.

Tras el incidente con Arenas, Crittenton fue acusado de posesión ilegal de armas y suspendido para el resto de la temporada. Un intento de regreso a la NBA durante el Training Camp de los Bobcats en 2010 y dos breves períodos de juego en China (jugó cinco partidos con los Zhejiang Guangsha Lions promediando 25,8 puntos) y NBDL (con los Dakota Wizards) certificaron su destierro deportivo desde 2011.

Desde entonces, su carrera sin rumbo aceleró un proceso de degradación que tocó fondo cuando en abril de 2013 fue acusado formalmente de la muerte de Julian Jones el 19 de agosto de 2011. Crittenton, fue imputado por el condado de Fulton de 12 cargos entre los que se incluyen los de asalto agravado con un arma mortal, la posesión de un arma de fuego durante la comisión de un delito gravey la participación en actividades delictivas de una pandilla.

Presuntamente Crittenton formaría parte de los Crips Gangster Mansfield, una banda con sede en Los Angeles y como señalaba Gabe Banks, abogado de distrito del Condado de Fulton, la muerte de Jones se habría producido de forma involuntaria durante un tiroteo. Según la fiscalía, Crittenton, supuestamente, habría disparado con un rifle de alta potencia a Jones durante una reyerta en la que buscaba vengarse de un miembro de una banda rival que le habría robado a principios de 2011.

El último día del año, Crittenton cumplirá 26 años, pero justo cuando debería alcanzar la plenitud deportiva podría estar “comiéndose las uvas” en la cárcel y sin vestigios de volver a ser deportista profesional.


Cuando el demonio interior te consume

Todo es remediable, menos la muerte. Y si bien el ex base de Washington tendrá la oportunidad de redimir sus pecados, quien no podrá cambiar su destino será el fallecido Eddie Griffin.

Su vida concluyó traumáticamente el 17 de agosto de 2007 cuando su coche fue embestido por un tren. Era el final de una dramática existencia que entremezcló éxito deportivo y miseria personal. Como si a cada éxito que el deporte le otorgaba, la vida le castigara con una nueva vicisitud, Eddie Griffin compagino alegrías y dramas hasta que su fortaleza mental se vino abajo y se entregó a la vida.

Un triste final para alguien que comenzó en el deporte despuntando como gran estrella en el instituto Roman Catholic y que se le abrieron las puertas de la popularidad tras disputar el McDonald’s All American Game. Un partido en el que compiten los mejores escolares del país y donde Griffin tuvo cabida gracias a una mezcla de altura y agilidad que a comienzo de siglo empezaba a verse como un tesoro.

Elegido como Freshman del año por Sporting News, su paso por la universidad de Setton Hall ya comenzó a dejar detalles de la compleja personalidad que ocultaba su talento deportivo. Una pelea con su compañero Ty Shine (a quien golpeó en la cara por, supuestamente, no pasarle el balón en un partido que perdieron contra Georgetown) le llevó a dejar la universidad y a presentarse prematuramente al draft del 2001. No era la primera pelea en la que se veía involucrado. Sus constantes cambios de humor le predisponían a ataques de violencia que intentó controlar acudiendo a terapia médica.

Por potencial, Eddie Griffin perfectamente podía haber sido un Top5 de un draft del que salieron Pau Gasol y Raül López. Sin embargo, su inestabilidad mental, un confeso problema de ira y actitud vaga para el trabajo le hizo caer al puesto siete del draft y rápidamente ser traspasado de New Jersey Nets a Houston Rockets. Fueron dos temporadas prometedoras, con sólidos números, espectaculares highlights de un jugador capaz de jugar como alero alto o falso cuatro y con potencial para ser importante en la liga.

Pero Eddie Griffin no supo controlar su mente y la escasa fuerza de voluntad y las facilidades que vuelan alrededor de la fama y la NBA le consumieron entre copa y copa. Un problema con el alcohol que siempre le acompañó pero que se agravó tras la muerte de su hermano, Martin Powell, tras un ataque al corazón. En 2003 y, tras perderse sesiones de entrenamientos y un viaje con el equipo, fue arrestado por posesión de marihuana.

Más tarde, y ese mismo año, fue acusado de un delito grave de asalto por, presuntamente, golpear y disparar con un arma a una mujer en su casa de Houston. Ese cargo se resolvió como delito menor, pero los Rockets ya se habían cansado de sus constantes problemas y lo cortaron en diciembre de 2003. Rápidamente los Nets le ficharían, pero Griffin nunca jugó para ellos por que al poco de firmar su nuevo contrato violó su libertad condicional al verse involucrado en un tiroteo siendo sentenciado a 15 días de cárcel. Eddie Griffin se pasó el 2004 en la famosa clínica Betty Ford de rehabilitación para acabar con su problema de alcoholismo (años más tarde volvería a ser tratado con el programa del ex NBA John Lucas).

La fría Minnesota le brindaría una segunda oportunidad en la vida y los Timberwolves en la NBA. Bajo el propósito de enmienda Eddie Griffin demostró solidez en números y juego. Kevin McHale fue su gran valedor y puso su taquilla junto a la de Kevin Garnett para que ejerciera de sabio tutor. Sin embargo nada de ello sirvió. El carácter seguía ahí, siempre había una noticia a su alrededor, pero su aportación al equipo no silenciaba una cuestión latente: la incapacidad para alejarse de los problemas.

Problemas que no tardaron en volver, y ya en la temporada 2005-06 sus números cayeron como consecuencia de una vida desordenada que tuvo el principio de su fin el 30 de marzo de 2006. Aquella noche Griffin conducía bajo los efectos del alcohol y de forma distraída al estar masturbándose mientras estaba viendo en el dvd del coche una película pornográfica. Era inevitable que una situación tan estrambótica no acabara mal y su coche terminó por golpear a otro conductor. Griffin intentó silenciar el accidente sobornando a la victima del choque para que el hecho no saliera a la luz pública, pero una cinta de video de una gasolinera evidenció su conducta y estado de embriaguez. Acto reflejo de una persona taciturna encantada de vivir un perenne romance con la depresión.

Si existen personas encaminadas al desastre y cuya existencia parece empecinada a vivir con la pena, Eddie Griffin es su máximo exponente. No se trataba de un jugador cualquiera, tenía cualidades para imponerse en un baloncesto donde tenía un físico y una clase envidiable, pero su destino estaba marcado y su torturada alma estaba predispuesta a la desdicha.

Ésta llegaría meses después de que la liga le suspendiera por saltarse el programa antidroga y Minnesota Timberwolves cortara su contrato. Fue de madrugada y, de nuevo, con el alcohol como compañero de viaje. Quien sabe si cansado de vivir, Eddie Griffin no pensó en poner punto y final a una vida donde el éxito y las malas influencias le consumieron. Tas su muerte, la policía afirmó que no había señales de neumáticos en la carretera y que Griffin ignoró las señales de advertencia siendo embestido por el tren. El informe de los hechos dejó en el aire la posibilidad del suicidio, una cuestión que sólo Griffin podría ser capaz de resolver. Suicidio o no, la única realidad es que el fuego que generó el choque produjo tales quemaduras en su cuerpo que tuvo que ser reconocido mediante pruebas dentales. La autopsia demostraría que su nivel de alcohol en sangre (0,26) superaba tres veces el máximo permitido (0,08). El alcohol con el que intentaba sofocar el ardiente fuego de sus demonios interiores le acabaría abrasando en una carretera de Houston.

La suya es la historia de la pena, de cómo el triunfo es la forma en la que nos visita la desgracia. Hoy su ejemplo debe estar presente en la mente de todos aquellos egos desmesurados que actúan como si no hubiera un mañana. En esta vida cada acto tiene su consecuencia y los actos de Eddie Griffin le llevaron a perder la vida justo cuando trataba de regresar a la normalidad y se preparaba físicamente para buscar un contrato en Europa. No pudo ser y lo peor es que en el camino dejó a una hija de tres años como legado vital: Amaree Griffin.

“Todo el mundo, de arriba a abajo de la organización, trató de ayudarlo. Simplemente él no pudo mantenerse centrado. Es un final trágico para un hermoso niño. Tenía un corazón hermoso", dijo tras su muerte el ex entrenador de Minnesota Timberwolves, Dwane Casey. Él lo entrenó temporada y media y durante ese tiempo fue una de las personas que más se acercó a su compleja personalidad y quien más está legitimado para hablar de ella "Necesitaba más lecciones de la vida, y por desgracia, nunca fue capaz de alcanzar su potencial”. De formación católica, nunca hubo salvación para su alma perdida. Nunca paz para Eddie Griffin.


La avaricia rompe el saco

El de Griffin es el drama por excelencia, la versión extrema de un fracaso que, no obstante tiene su vertiente más extendida en la crisis económica que afecta a muchas estrellas de la NBA. Problemas de salud, vicios y asuntos judiciales apenas se comen una porción del auténtico pastel de las desgracias que afectan a los jugadores, pues es el mal uso que hacen del dinero el mayor de los problemas que les afecta cuando todavía son deportistas de élite y, sobre todo, cuando dejan de jugar.

Muchos no entienden que cuando cuelgan las botas su fuente de ingresos se reduce drásticamente (e incluso se cierra de golpe el grifo del dinero) y se empeñan en continuar con un estilo de vida donde derrochar el dinero en caprichos no es una cuestión relevante. Una vez retirados y sin contratos ni patrocinios, la incapacidad por cambiar de mentalidad y hacer una buena gestión de las inversiones les lleva a la ruina. Según Sports Illustrated el 60% de los jugadores se quedan sin dinero cinco años después de dejar la NBA.

Hace unos meses, ESPN produjo el reportaje ‘Broke: Estrellas en la ruina’, donde deportistas de fútbol americano, béisbol y baloncesto relataban sus problemas económicos. En esta misma línea de investigación el blog czabe.blogspot.com.es publicaba el dinero que han perdido estrellas como Scottie Pippen (120 millones de dólares), Antoine Walker (110) o Allen Iverson de quien dice Forbes que podría estar en la bancarrota antes de los 40 años y después de haber perdido ya más de 200 millones.

Pero de entre todos los llamativos casos que hay y ya se conocen, quizá el más incomprensible es el de Latrell Sprewell, quien podría haber perdido 110 millones de dólares y en 2005 renunció a un contrato de 21 millones por tres años por que, según el jugador, no era suficiente para alimentar a sus hijos.

Sprewell (o Allen Iverson) son la máxima expresión del problema que aquí relatamos. Fueron dos superestrellas nacidas de situaciones sociales marginales y que convivieron desde muy jóvenes con los problemas. Su talento llevó, tanto a uno como a otro, a ganar ingentes cantidades de dinero, pero cuando se viene de tan abajo y se asciende tan rápido, el vértigo produce que la cabeza pierda el norte y no tome las decisiones adecuadas.

Sprewell, ya de carácter díscolo de por sí, siempre mantuvo una estrecha relación con los problemas y ya en su etapa en Golden State Warriors fue sancionado por agarrar bruscamente del cuello al entrenador PJ Carlesimo durante un entrenamiento. Con incidentes violentos (incluyendo amenazas) previos, Sprewell viajó a Nueva York donde se convirtió en estrella mediática y llevó a los Knicks a las finales de 1999. No hubo anillo pero sí un gran contrato de 62 millones en cinco años.

Pero su carrera en la gran manzana comenzó a viciarse cuando llegó a la pretemporada de 2002 con la mano rota supuestamente por un resbalón en su yate cuando muchos rumores apuntaron a que realmente la lesión se produjo tras una pelea. Un año más tarde sería traspasado a Minnesota donde jugó unas finales de conferencia junto a Kevin Garnett, Sam Cassell, Wally Szczerbiak y Michael Olowokandi.

El equipo acabaría perdiendo frente a los Lakers y en 2004 llegó la famosa renuncia de Sprewell al dinero de los Timberwolves. "Tengo una familia que alimentar... Si Glen Taylor (Senador por Minnesota y propietario del equipo) quiere ver a mi familia alimentada, lo mejor sería que soltara un poco de dinero. De lo contrario, pronto va a ver estos niños en uno de esos anuncios de Sally Struthers”. El jugador hacía clara referencia al activismo de la actriz norteamericana para combatir la desnutrición en la infancia.

Una irresponsable y desmesurada comparación que dio paso a un período de espera donde Sprewell fue rechazando sucesivas ofertas de equipos que le llegaron a ofrecer la mid-level exception (unos cinco millones de dólares).

Aún sin anunciar oficialmente su retirada, el legado deportivo de Sprewell parece quedar olvidado y ni sus cuatro All Star, ser miembro del primer equipo de la NBA en 1994 y lograr el récord de nueve triples anotados sin fallo frente a Clippers en 2003 parecen tener el reconocimiento deportivo que se merece.

Quizá su temperamento haya restado valor a lo conseguido, pero el problema actual de ‘Spree’ es que su mala cabeza le ha llevado a cometer decisiones erróneas desde que dejó el baloncesto, y que ya en 2007 le obligó a vender su yate (Milwaukee’s Best) para pagar al fisco una deuda de 1,3 millones de dólares. Esa deuda, unida a la demanda de divorcio y manutención de sus cuatro hijos, también le obligaría a vender su casa en Milwaukee y así saldar su deuda hipotecaria. Y pese a todas estas ventas y subastas, aún en 2011 Wisconsin le nombró como uno de los mayores morosos del Estado debiendo 3,5 millones en impuestos no pagados.

Las últimas noticias sobre Sprewell no mejoran su situación y abrió el año 2013 con una denuncia por altercado público. Con 42 años, la historia de Sprewell todavía puede rescribirse, otros como Scottie Pippen o Dennis Rodman lo han hecho y, tras perder millones de dólares, ahora tienen una situación económica saneada.

Esta es la otra cara de la NBA, la de jugadores que no supieron decir NO a tiempo y los cuales fueron sumergidos por el vendaval de ofertas y personas que buscaron beneficiarse de su popularidad. Estrellas que hoy han perdido su luz y que, en algunos casos, llegaron a apagarse por completo.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

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