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La reconexión de Jason Robinson
De pensar en retirarse a convertirse en líder del Gipuzkoa Basket y máximo anotador de la Liga Endesa. De la 2ª división portuguesa a un lugar en el top de Europa. De Seattle a San Sebastián, para sentirse tan como en casa. De T.J. Ford a Jon Cortaberria, para convertirse en un anotador de primera fila. La reconexión de Jason Robinson

Redacción, 12 Dic. 2013.- Probablemente existan apenas un par de caminos que te lleven del abandono al estrellato. Uno de ellos es el que escogió este verano Jason Robinson. El de regresar a casa para volver a ponerlo todo en orden. Y decidir que no, que el baloncesto todavía es pasión y que la retirada puede esperar.

De haberse retirado, le habría puesto la atípica guinda a una ya de por sí atípica carrera. Aunque, manteniéndose en activo, tal vez le coloca un más atípico continuar. Porque de la segunda división portuguesa a liderar la Liga Endesa en anotación hay un trayecto que solo Jason Robinson recorre.

ACB Photo / V. Salgado

Anotación y cenit

Terminada la Jornada 9, Jason Robinson es el máximo anotador de la Liga Endesa. Con 18,2 puntos por encuentro, es la gran referencia ofensiva del Gipuzkoa Basket, que transcurrido un cuarto de la competición ya ha logrado la mitad de las victorias de toda la temporada pasada. Robinson es el primer hombre en ataque. Un jugador fichado para ser importante y al que el devenir de la temporada ha colocado como primer anotador e indiscutible referencia.

El escolta estadounidense está en sus mejores registros anotadores desde que jugara en la segunda división portuguesa con el Aliança Sangalhos. Ni siquiera en LEB había promediado más de 18 puntos. Robinson, que había sido un jugador de corte más completo, hasta defensivo, ahora se ve abocado a los focos que más alumbran. Los de los puntos.

“No esperaba tener un rol tan importante, pero sí ser uno de los líderes, uno de los jugadores más experimentados del equipo. No puedo decir que esperara salir al campo y que pasara todo lo que está pasando. Es lo que es y, ahora que está aquí, tengo que seguir adelante con ello”, explica un jugador que firmó en verano sin que le acompañara un estrellato directo. Las nueve primeras jornadas le han colocado en lo alto de ese cuarteto que forma junto a David Doblas, bastión interior, y la combinatoria pareja de bases Raulzinho Neto-Javi Salgado. “Estoy muy agradecido por este rol, por ser el líder en este equipo”.

Un líder, además, marcado por la regularidad. Pertenece a esa reducida clase de jugadores que ha anotado al menos 10 puntos en las nueve jornadas disputadas. Y ahí aparece un nombre. Como si su rendimiento no naciera de él, sino que fuese consecuencia de otro. “La regularidad viene con los entrenamientos. Cada día tengo que entrenar con uno de los mejores defensores de la competición, que es Jon Cortaberria. Es un reto diario. Me impulsa a trabajar duro. Así, dentro de los partidos es mucho más fácil. No es por desmerecer a ningún equipo, pero tener un defensor que me presiona cada día en los entrenamientos, que me reta cada día... No me reta en el sentido de enfadarme, pero sí en el de conseguir ser mejor cada día, es una gran oportunidad, es una bendición”. El hombre llegado para completar la rotación exterior junto a una necesaria condición de jugador de formación, es, para Robinson, una bendición: Jon Cortaberria.

A esa motivación en los entrenamientos se une el mal arranque de temporada de Anthony Winchester. Fichado para ser un importante anotador exterior, promedia 6,2 puntos, pero con bajos porcentajes (24,5% de tres y 25% de dos), que le llevan a un pobre 1,3 de valoración por partido. Sin sus puntos, se redobla la necesidad de la anotación de Robinson.

Y él responde al mejor nivel: 21 puntos frente al FIATC Joventut, 26 ante el Barça, 21 contra el UCAM Murcia y 26 en la última jornada contra La Bruixa d’Or... “Es muy diferente de experiencias anteriores, donde he tenido un rol más defensivo. Nunca he estado liderando la clasificación de la Liga Endesa en anotación, y es una sensación maravillosa. Con suerte, lo podré mantener el resto de la temporada”. Aun y si el liderazgo en la tabla de anotación fuese meramente circunstancial, no negaría que Jason Robinson está en el cénit de su atípica y larga carrera. A sus 33 años y cuando ningún cambio relevante parecía hacer intuir ese salto: “Cada jugador llega al tope de su carrera en momentos diferentes. Ahora estoy muy cómodo con mi juego. No me invento cosas, sé lo que puedo y lo que no puedo hacer. Antes podía hacer cosas que alguna gente diría que no podía hacer. Ahora estoy muy cómodo conmigo mismo, con mis habilidades. Sé lo que puedo y no puedo hacer y no intento hacer algo fuera de mis capacidades”.

Y, entre esas capacidades, está un tiro exterior cuyo porcentaje se encuentra, también, en lo más alto. Con 51,1% de acierto desde más allá del 6,75, es el sexto de la Liga Endesa, siendo el tercero que más triples anota por choque (2,7). Y, de nuevo, Cortaberria. “Compito contra Corta cada día en los entrenamientos. Cuando hacemos algunos ejercicios de tiro o cuando hacemos cinco contra cinco. Me presiona para ser mejor jugador”, explica Robinson. “Cada día tenemos competiciones que te ponen en situaciones de partido. Además, hago también algunos tiros después del entrenamiento. Es sobre todo una cuestión de repetición, y me siento bien desde la línea de triple”. Ha anotado al menos un triple en cada partido esta temporada, destacando el 3/3 ante el FC Barcelona, el 5/8 frente a UCAM Murcia o el último 6/9 en Manresa.

La competencia diaria contribuye a la recogida de los frutos del trabajo veraniego. De vuelta a los Estados Unidos, Robinson trabaja verano a verano individualmente. “Hice mucho trabajo en verano, con los tipos que me ayudaron en Houston”. Esos tipos son dos exNBA como T.J. Ford y Moochie Norris, con siete y ocho temporadas NBA a sus espaldas respectivamente. Ford, retirado prematuramente en 2012 por una lesión, dirige un campus en Houston, en el que trabaja con los más prometedores jugadores de instituto del estado de Texas.

Junto a él ha trabajado también Jason Robinson: “Este verano he trabajado más que ningún otro. Trabajamos en situaciones de partido, y está valiendo la pena. Trabajamos en general todo el juego, pero a menudo se centran en aspectos concretos del juego individual”, explica el jugador del Gipuzkoa Basket. “Llevo trabajando en los últimos tres o cuatro años y ahora es cuando se están viendo los mejores resultados. Esos tíos han llevado mi confianza y mi juego a un nivel totalmente diferente”. Y, claro: “Al empezar la temporada estoy muy cómodo con el lanzamiento triple”.

“Con suerte podré mantener este nivel, aunque el objetivo principal es ganar partidos”, explica Robinson. “Quiero que ganemos más partidos de los que se ganaron el año pasado. Ese era mi único objetivo cuando vine aquí. La temporada pasada no tuvieron mucho éxito, especialmente fuera de casa, así que quiero ganar más partidos para este equipo. Hacer lo que sea para ello, y supongo que anotar así es una buena forma de ayudar”. Solo quedan cuatro victorias más para igualar los registros de la temporada pasada. Y, claro, la Copa del Rey está en el horizonte. Vuelve a estarlo en San Sebastián.

Con él como máximo anotador de la Liga Endesa. Algo que, después de un baloncesto rozando lo exótico, de segundas divisiones, tiene que saber especial. “Terminar como máximo anotador de la Liga Endesa es algo que me motiva, pero no es el objetivo principal”. Por el momento, lo disfruta.

Pero el número 1, los 18,2 puntos, su liderazgo en San Sebastián... Todo eso podría no haber sucedido.


Pensando en decir adiós

Sobrepasada la treintena, aparecen puntos de ruptura con mayor frecuencia. Instantes en los que la conexión con el baloncesto puede perderse. Especialmente si se acumulan experiencias negativas que agravan el paso de los años de lejanía respecto a la familia. “Después de la temporada pasada en Argentina, pensé en dejarlo, en retirarme, porque había perdido parte de la pasión por el juego”. El origen primigenio de todo movimiento. Al menos, al calor del romántico discurso público.

Jason Robinson, en Argentina (Foto Ricardo Asencio / ligateunafoto.com)

Jason Robinson había sido el tercer máximo anotador del Gimnasia Indalo de Comodoro Rivadavia. El equipo se había clasificado para el Playoff de la LNB, pese al mal inicio (1-5), que le costó el despido al técnico Marcelo Richotti (el padre del jugador del Iberostar Tenerife Nico Richotti). La temporada 2011-12, Robinson venía de sufrir las dificultades del turbulento Blancos de Rueda Valladolid, con múltiples cambios: “Esa temporada en Valladolid fue algo dura, porque pasaron muchas cosas dentro del equipo, el entrenador cambió y los jugadores también, lo que hizo que fuese duro”.

Tras caer eliminado en el quinto partido de los cuartos de final del Playoff, ante Regatas Corrientes (a la postre, campeón), Jason Robinson ya rumiaba su adiós definitivo del baloncesto. En esas, le asaltó la llamada del Valencia Basket, necesitado de refuerzos para cubrir las bajas que le acuciaban en el tramo final de la temporada. Tomó el avión hacia España, donde debutó nueve días después de haber disputado su último partido en Argentina. “Habría estado loco si hubiera rechazado la oferta del Valencia. Es uno de los mejores equipos que hay aquí. Todo el mundo quiere jugar para un equipo así”, explica hoy. “Ya estaba en mi mente retirarme antes de ir a Valencia, pero jugar con esos jugadores, ver cómo los diferentes jugadores ven el juego, ver cómo ven el juego diferentes entrenadores... Me ayudó a cambiar la mentalidad acerca de jugar a baloncesto. Estar en Valencia de alguna forma me ayudó a dejar de pensar en retirarme”.

Valencia solo fue un punto más. Una ayuda inicial para repensárselo. La purificación definitiva no llegó hasta el verano. Cuando el conjunto taronja cayó eliminado en el Playoff, Jason Robinson empezó su verdadero proceso de reconexión. “Me tomé un tiempo libre, estuve un mes entero sin nada de baloncesto. Viajé, volví a casa, a Seattle, estuve con mi madre, con mis hermanos y hermanas. Ese tiempo me ayudó a reenfocar”.

Como si hubiera llegado a una barrera mental con el baloncesto, Robinson habla de conexión, de tiempo libre, de reenfocar. “Al volver a casa, hablar con mi familia, pasar tiempo con mi madre, mi padre, mis hermanos y hermanas, reconecté mi mente. He reencontrado el amor por el juego y estoy feliz, ahora”.

Regresó para convertir esos momento de crisis, de dejarlo todo, en el pico de su carrera deportiva. “Sonrío mucho sobre la pista”.


Un mundo atípico

Jason Robinson es pura serie B. Un estadounidense que tuvo un atípico periodo universitario. “Mi experiencia en la universidad me enseñó a lidiar con las adversidades siendo muy joven. Me hizo crecer y madurar más rápido”. Al ritmo en el que pasaba del Junior College (Seward County, en Kansas) a la NCAA (Buffalo, New York) para acabar en la NAIA (Pikeville, Kentucky). Un estadounidense que se estrenó en el profesionalismo a través de la segunda división portuguesa. Un americano de tercera fila que recorrió Portugal, Corea del Sur y diferentes equipos LEB antes de debutar en la Liga Endesa. Una historia de profesionalismo nominal, de baloncesto en el modo más laboral.

Foto Melilla Baloncesto

Habitualmente, los americanos que brillan en España han mostrado sus cualidades anteriormente en una potente liga europea, han destacado en la D-League si no jugado directamente en la NBA o, cada vez más, proceden de la NCAA, donde han sido jugadores importantes. Jason Robinson no aúna esas condiciones. Ni siquiera una de ellas. Por eso en sus orígenes europeos, en Portugal, sus compañeros no ponen fin al alucine: “Mis excompañeros de Portugal no se pueden creer lo que está pasando ahora. Me escriben cada semana y están alucinados con el éxito que estoy teniendo esta temporada”.

Forma parte de aquella extraña clase de jugadores que solo alcanza la relevancia a nivel top cuando la edad parece invitar a lo contrario. Un caso asimilable al de Andy Panko, que fue MVP de la temporada a los 34 años, tras una atípica trayectoria, que empezó en la División 3 de la NCAA y siguió por ligas menores estadounidenses antes de recalar en Europa.

San Sebastián. Sito Alonso. Americano que sobrepasa los 30. Trayectoria atípica. Centenares de partidos a sus espaldas. Papel sobrevenido. Y brillo absoluto. Las conexiones entre Andy Panko y Jason Robinson son múltiples: “Es gracioso, porque mucha gente, cuando algunos jugadores llegan a los treintaytantos, los dejan un poco de lado. Sé que Andy Panko jugó genial aquí, que fue el MVP hace un par de años. Eso es una revelación para mí”, asume Robinson. Afortunadamente para él, el listón de Panko ha sido rebajado con una temporada aciaga para los donostiarras, que permite que Jason asuma responsabilidad sin la presión de emular a Andy ni los resultados deportivos de aquel Lagun Aro GBC.

“Panko es un gran jugador, pero todo tiene más que ver con cómo el entrenador cree en sus jugadores. Con 33 años algunos jugadores van para abajo, pero ahora el juego es más mental que físico”, declara. Lo mental como el conocimiento del propio cuerpo, de las propias capacidades y del juego en sí mismo. Al desembarcar en la Liga Endesa, Robinson cuenta que su representante le advirtió de la importancia del factor mental, más cuando el declive físico puede hacer acto de presencia. “No acabé de entender eso, pero ahora, que tengo 33 años y soy mayor que la mayoría de jugadores, uso mi mente mucho más. Cuando el juego desacelera lo hace todo mucho más fácil. No tratas de hacer cosas que no puedes hacer”.

“No sé cuánto tiempo más seguiré jugando. Mi cuerpo está bien, mejor que años anteriores. Ahora mismo siento que puedo jugar tres o cuatro años más, pero no sé si mi hija me dejará jugar tres o cuatro años más”, reconoce. Existe una edad en la que el deportista común no se plantea abandonar. No es una idea cuando, con 25 años, sabes que encontrarás acomodo en algún sitio u otro. Pero, sobrepasada la treintena, la balanza entra en juego. La decisión a la que empuja el análisis del propio cuerpo o la valoración de la situación familiar solo se ve postergada por la pasión por el baloncesto.

Y el cuerpo de Robinson responde, la familia llegará en Navidad, y, claro, es más fácil mantener la pasión en San Sebastián. Especialmente, si se crean las situaciones personales para preocuparse solo de anotar. “Es genial jugar para este equipo, no preocuparse por nada de fuera de la pista, solo de jugar a baloncesto y de rendir a alto nivel cada día”, declara, sabedor de que el día a día no siempre había sido plácido en años anteriores. Además, Robinson solo guarda buenas palabras para su entrenador, Sito Alonso, que fue un factor en su desembarco en San Sebastián: “Recuerdo jugar contra Sito y ver la forma en la que hablaba a los jugadores, en la que les daba ánimos para que dieran lo mejor de sí mismos en cada momento. Fue un factor decisivo para elegir jugar para él”.


Seattle – Un millón de sitios – San Sebastián

Jason Robinson habla como si San Sebastián le oliera a Seattle. Y hay pocas sensaciones tan poderosas como esa asimilación.

Seattle, con su lluvia, su mar, su brisa

Natural de Tacoma, una ciudad costera en el estado de Washington, lleva con orgullo la pertenencia a Seattle. La llovizna constante, el influjo del mar, la brisa... Como San Sebastián. “Me recuerda mucho a mi casa, me recuerda mucho a Seattle. Por cómo es la ciudad, por el clima, por la gente...”. No hay mejor lugar para que la conexión sea efectiva. Para que la comodidad sea la sensación predominante: “Desde el primer día en que llegué aquí me sentí muy muy cómodo”, explica. Por el poder de la asimilación con su Seattle. Allí donde está su familia, a la que, durante la temporada, solo ve durante un mes. Su mujer y su hija no le siguen en su ruta por el mundo. Su trabajo de ingeniera y su escuela están en Estados Unidos. Como han estado durante toda su carrera.

Robinson rezuma orgullo de Seattle a cada momento que su ciudad sale a colación. Desde el número de jugadores que han salido de allí (Doug Christie, Brandon Roy, Nate Robinson, Terrence Williams, Martell Webster, Jason Terry o Jamal Crawford son Seattleites; el propio John Stockton nació en el estado de Washington) o la comida (“Seattle tiene buen pescado también, aunque no el marisco que hay aquí”). Hasta su cuenta de Twitter olvida su nombre para centrarse en su ciudad. @ctown206 no es más que el nombre popular de Seattle (C-Town) con el prefijo telefónico de su área (206).

Pero San Sebastián...

“The beach here? Oh my god. The beach is incredible, man. The views, the mountains... It’s great, man”.

Foto MikelUzkudun

Sus 18,2 puntos son la mejor muestra de su comodidad. De su conexión renovada con el baloncesto. “Veo San Sebastián como un sitio en el que puedo ser feliz. Nunca he estado tan cómodo, en conjunto, con el equipo y con la ciudad en mucho tiempo”.

Siempre fue más fácil reconectarse cuando las olas rompen contra Chillida.

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