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Erazem Lorbek, El pianista del Palau

"Sensibilidad, dedos de pianista, manos de pívot", maravilloso reportaje de TV3 sobre El pianista del Palau, Erazem Lorbek, virtuoso con su juego de pies sobre la pintura y pianista

Erazem Lorbek, al piano en el Palau de la Música (Foto TV3)
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Redacción, 30 Oct. 2009.- No sólo hay baloncesto en la vida de los jugadores ACB. El maravilloso reportaje de Víctor Lavagnini para la Televisió de Catalunya mostraba, precisamente, esa otra cara del baloncestista. Una extremadamente peculiar, que ayuda a entender tantas cosas y que dice tanto de un jugador de una extremada inteligencia sobre el parqué. Es Erazem Lorbek, el pianista.

No son muchos los jugadores capaces de tocar un instrumento. Muchos menos los que se atreven con el piano. Y prácticamente nulos los que lo hacen con la maestría de Erazem. Lavagnini lo llevó al Palau de la Música, majestuoso escenario musical y joya modernista de Domènech i Muntaner. La cara de fascinación de Erazem es la mejor muestra de intimidad en un reportaje que repasa cómo empezó su afición por las teclas blancas y negras: “Creo que tenía ocho años. Mis padres me llevaban a casa del vecino, que tocaba muy bien el piano y que me empezó a enseñar un poco. Después, seguí tocando en la escuela, pero lo más sorprendente es que acabé estudiando y tocando piano durante siete años, hasta que empecé mi carrera en el baloncesto”.

Pero llegó un punto en el que baloncesto y piano fueron aficiones incompatibles. Acabó triunfando la que todos conocemos, para goce de los espectadores del Palau (el otro), por mucho que se esboce una sonrisa al escuchar la banda sonora de El Golpe salir de sus dedos “A mí me gustaba salir a la calle y jugar a baloncesto. Era demasiado estarse en casa el hecho de estudiar, piano, aunque me encantaba y mis padres querían que lo estudiara, y así fue durante siete cursos. Habían puesto esperanzas, pero decidí jugar a baloncesto porque en el basket a menudo tienes lesiones en los dedos y se hace difícil tocar. Además, entrenas dos veces al día y necesitas tiempo, así que debía decidir: tocar el piano o jugar a basket. Y juego a basket”.

¿Y qué relación existe?, preguntarán. “Las manos son la clave en el piano y en el basket, pero creo que el paralelismo es que, mientras tocas el piano, lo haces desde la concentración mental. Lo más importante es que transformes lo que ves, lo que sientes, con lo que haces con las manos. Es similar al baloncesto, piensas y juegas con las manos: tiro, dribbling...”. Una sensibilidad similar hasta lo extraño, tan similar como la belleza que desprenden sus movimientos al poste bajo. “Sensibilidad, dedos de pianista, manos de pívot”, bien dice Lavagnini. Aunque la fascinación aumenta cuando Erazem reconoce que su hermano Domen toca aun mejor.

El pianista del Palau, reportaje completo: locución y declaraciones en catalán, traducidas a lo largo de este artículo.