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Clay Tucker, la metralleta de Ohio

En Hispalis dejó anonadada a media ACB. Pasó allí tres meses. En Sevilla, en el Cajasol, el equipo que lo reclutó de la fría Kiev para salvar la categoría. Lo consiguió con creces, en parte, gracias a la obra de Clay Tucker. El escolta de 29 años nunca ha escondido su sueño de jugar en un futuro próximo en la NBA pero su presente está en Badalona, en el DKV Joventut, dónde ya lo empiezan a disfrutar. Su pasado, una historia desde el perímetro y más allá

Clay Tucker ya despuntó en su etapa universitaria (Foto uwmpanthers.cstv.com)
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Clayton Javen Tucker, oriundo de Lima -ciudad del estado de Ohio con aproximadamente 40.000 habitantes-, empezó a desarrollarse como jugador en la Universidad Wisconsin-Milwaukee. Curiosas fueron sus aproximaciones a deportes ajenos al baloncesto. Fue en el High School de Perry-Lima dónde coqueteó con otro tipo de pistas: no se le daba nada mal correr los 110 metros vallas. Pero más singulares son sus palabras cuando recuerda sus inicios antes de empezar a anotar canastas: “Empecé a los nueve años pero también jugaba a fútbol americano. Cuando era pequeño, incluso, ¡no me gustaba el baloncesto!”. Tiempo tuvo para darse cuenta que su balón era el naranja y fue en 1998 cuando empezó a jugar con los UWM Panthers en la NCAA, dónde permaneció hasta el 2003. Tras un primer año en el que no jugó pero en el que sí empezó sus estudios especializados en finanzas, asomó su faceta anotadora: promediaba, al finalizar su etapa universitaria, 18.3 puntos por partido. Algunos ya sólo encontraban una forma de pararlo: “en la Universidad, estaba jugando un partido, me estaba defendiendo uno de los hombres grandes del otro equipo, lo driblé y cuando ya iba camino de la canasta, ¡me bajó los pantalones!”. A partir de ahí, y tras su paso por la sacristía de todo universitario deportista americano, la NCAA, empezó su periplo por medio mundo.

El variopinto exotismo de Clay

Desembarcó en Europa el mismo 2003, volando hasta la Basketligan, competición sueca, dónde jugaría en los Sundsvall Dragons. Extravagante destino para Clay. Como curiosidad, el mismo rumbo que tomó Scottie Pippen, ya con 42 años, una tarde de enero de 2007 (el mítico jugador de Chicago Bulls disputó un único partido defendiendo la camiseta del club sueco fundado el 1939). Ya con 24 años, y tras su efímero pero productivo (promedió 20 puntos por partido) paso por la ciudad de Sundsvall, Tucker volvió a sus Estados Unidos. Lejos de intentar acceder a cotas mayores, permaneció durante el 2004 y el 2005 a caballo entre ligas menores del baloncesto norteamericano. Hasta en tres competiciones distintas (WBA, ABA y NABL) llegó a participar, cambiando tres veces de equipo en apenas dos años. Buscaba su promoción, que le valió en abril de 2005, cuando regresó a Europa para probar suerte en una liga de categoría mayor. Fue en Grecia, concretamente en Salónica, en el MENT Vassilakis, dónde su paso fue testimonial. Tiempo le dio, eso sí, para enfrentarse a Dimitris Diamantidis, a quién Tucker considera su jugador FIBA favorito.

Aumentando el calibre

En la D-League, Tucker logró sus marcas más espectaculares (Foto NBA.COM)
Convertido ya el trayecto Estados Unidos - Europa en un puente aéreo, Tucker hizo camino hacia Little Rock, ciudad base de los Arkansas RimRockers. Esta vez, con incursión en la D-League. Ahí, dos temporadas que no hicieron más que empezar a amasar con contundencia su fama de anotador compulsivo. En su primer curso en la liga de desarrollo de la NBA disputó un total de 47 partidos para acabar con una media de 14 puntos. Sin embargo, culo inquieto Clay permaneció en Arkansas una temporada más, dónde la metralleta que llevaba dentro subió claramente de calibre. Y un hecho concreto tuvo la culpa. Un 3 de marzo de 2007 estableció un nuevo récord de anotación en la D-League: sumó 51 puntos para liderar a sus RimRockers en la victoria ante los Fort Worth Flyers de Texas. A destacar, los únicos cuatro triples que contribuyeron a alcanzar la escalofriante cifra. Todo ello mostró que Tucker no sólo vive de su lanzamiento desde el perímetro. Las enchufó de todos los colores: su buen físico de piernas le permitió batir y tirar en suspensión por encima de sus rivales (el conocido como turnaround jumper en los Estados Unidos), se las jugó en el uno contra uno, lanzando tras bote o saliendo de un bloqueo. Tras el partido comentó que jugó el partido con gripe. No hace falta decir nada más, que diría aquel. Sólo añadir el “If you had the flu, I want the flu”, que dejó ir el entrevistador al acabar el encuentro.

Aquel récord, que el año siguiente se lo arrebataría Morris Almond, ahora jugador de Utah Jazz, anotando 53 puntos, sirvió para cuadrar unas estadísticas finales de 20 puntos, 4 rebotes y 5 asistencias por partido. No faltó a los All Star de la D-League, recibió una Mención de honor de la misma en 2006 y 2007 e incluso fue nombrado embajador de esta competición fundada en 2001. Este último galardón, entendido como un broche a esa etapa que se acababa. Había que volver a Europa…

En busca de la estabilidad en el Viejo Continente

Su afán por afianzar su nombre bajo el epígrafe de anotador lo llevo en abril de 2007 a Le Mans, ciudad de la región francesa del Loira archiconocida por su tradición en el mundo del motor. Allí le esperaba el, sin embargo, cuatro veces campeón de liga francesa: Le Mans Sarthe Basket. Sólo estaría un mes. Tampoco era el sitio del nómada de Ohio.

En el Siviglia Wear Teramo promedió 21 puntos por partido (Foto Massimo Corona)
Le tocaba ahora el turno a una ciudad italiana de escasos 55.000 habitantes situada a 150 quilómetros de Roma. Era y es Teramo, que en 1989 fue nombrada por la Unicef “Ciudad abierta al mundo” por su facilidad de integración e intercambios culturales. Fácil lo tuvo Clay entonces. No tardó en responder bajo la cúpula del Palascapriano (el palacio de los deportes de la ciudad que tiene la cúpula más grande del mundo, superando a la del Panteón de Roma y a la de la catedral de Florencia). Sus 21 partidos disputados con el Siviglia Wear Teramo de la Seria A italiana (ahora Banca Tercas Teramo) le sirvieron para encabezar durante muchas jornadas el ranking de anotadores de la Lega. Y es que sus 21 puntos, 5,4 rebotes y 3,3 asistencias de promedio ya empezaban a resonar en los despachos de clubes punteros europeos. Según recogía un medio de comunicación barcelonés en diciembre de aquel 2007, “en Italia sitúan al escolta estadounidense Clay Tucker en la órbita del Barça”. Todo quedó en un simple rumor, pero dos meses más tarde, en febrero, Tucker volvería a hacer las maletas. Teramo se quedaba sin su explosivo tirador.

El poder de los petrodólares rusos tomaba protagonismo. Pagó el BC Khimki 600.000 euros en febrero para llevárselo a este club de la región de Moscú que intentaría hacer sombra al monopolístico CSKA. Lo consiguió arrebatándole la Copa de Rusia del 2008, justo seis días después de que Tucker firmará un contrato de año y medio. En esa final, su protagonismo sería testimonial. En la Superliga rusa jugaría 9 encuentros (10 puntos, 3,1 rebotes y 2 asistencias) y 4 en la ULEB Cup (11,3 puntos, 2,8 rebotes y 2 asistencias). Le costó adaptarse a la liga rusa. Sus más que notables promedios paseados anteriormente por los EE.UU. y Europa se vieron substancialmente rebajados.

Finiquitada la temporada subió, como cada verano, a un avión al son del hip hop de su canción favorita: “Put On” de Young Jeezy. El destino era Las Vegas, dónde le esperaba Cleveland Cavaliers para que defendiera su camiseta en las Ligas de Verano se la NBA. Tucker nunca escondió su sueño de hacerse un hueco en la competición de su país. “Las Ligas de Verano sirven para mantener mi nombre fresco en la mente de la NBA”, afirma él mismo. En esta misma línea se manifiesta quien lo guió en su etapa universitaria. Es Bruce Pearl, a quién Tucker considera su entrenador predilecto: “Era un fantástico competidor y ha estado a punto de formar parte de diferentes franquicias de la NBA”. Además, no duda en avalarlo: “Fue uno de los jugadores más productivos que he entrenado nunca. Jugó en la Universidad de Wisconsin Milwaukee pero probablemente debería haberlo hecho en un sitio como Ohio State. No me sorprende que sea reconocido como uno de los mejores jugadores compitiendo en el extranjero”.

Clay tuvo que salir de Kiev por los problemas económicos de club
Tras su estancia temporal en la ciudad del pecado, tocaba volver a la fría Rusia. Sin embargo, por un rendimiento quizás más bajo de lo esperado sumado a la aparición de un nuevo rico, Tucker abandonó el Khimki sin cumplir de nuevo su contrato. Fue algo consensuado por las tres partes. Llegaban ahora los petrodólares de Ucrania. Como se vería más adelante, la avaricia, rompería el saco. El BC Kiev, fundado el 1999, se hacía con sus servicios. Plagado de jugadores foráneos, el club de la capital ucraniana conjuntó un equipo para triunfar dentro de sus fronteras, en la Superleague y fuera, en la Eurochallenge (antigua Fiba Eurocup). Así, Clay inició la temporada 2008-2009 disputando ocho encuentros de la Superleague, promediando 15,9 puntos, 3,9 rebotes y 1,8 asistencias. No todo podía salir perfecto. Primero, y hasta ahora algo prácticamente inédito en su trayectoria, le detuvo una lesión en su tren inferior. Tres meses alejado de las canchas y que obligaron al BC Kiev a suplirlo con otro trotamundos: Alex Scales. Recuperado ya de su lesión, acechaban ahora problemas extradeportivos ajenos al jugador. El dinero que tanto había permitido asumir las fichas de, sobretodo, los americanos se diluyó. Graves problemas económicos que no dejaron opción a otra salida: el club concedió la carta de libertad a sus jugadores extranjeros, entre ellos, Scoonie Penn, Ryan Stack, Goran Jeretin o Brent Wright. Maletas Tucker a su servicio. Y más de un club atento…

En Sevilla maravilla

En Sevilla tardó muy poco en convertirse en un ídolo (Foto Berni Pérez)
Tenía más “novias”. Entre ellas, alguna para disputar la Final a Ocho de la Eurocup, pero aquel 25 de febrero el Cajasol anunció la incorporación de Clay Tucker a la disciplina de Pedro Martínez. El conjunto sevillano, hundido en la tabla de la ACB, tenía 11 partidos para hacer de Tucker su salvador. Él acudió al rescate. Y de que manera. 32 minutos en cancha por partido, 192 puntos (17 de media), 27 triples (40%), 29 rebotes y 28 asistencias (3 de media). Salvó con creces al Cajasol, que acabaría decimocuarto en la Liga Regular y asombró a propios y extraños. Se convirtió en el “jugador milagro” de la ACB en sus once días de exhibición y el agradecimiento fue mutuo: “He jugado en Italia, Ucrania y Rusia y he podido comprobar que la mejor liga de Europa es la ACB, la mejor liga después de la NBA”. Su cúspide, un 28 de marzo en Valencia. La Fonteta fue testigo de la primera inmensa exhibición de Tucker en la ACB. Se fue hasta los 37 puntos y 39 de valoración en la victoria de su equipo ante el Pamesa. "Hoy meto 40 puntos", le dijo a su compañero Nik Caner-Medley en el almuerzo. Un triple, le faltó. Fue, evidentemente, el MVP de aquella jornada 28 que siempre recordará. En Sevilla, alucinaban. Y es que su rendimiento fue efectivo desde el primer día (anotó 16 puntos en su debut, en Vitoria). Ni hablar de aclimataciones ni adaptaciones. Salvador Tucker las endosó de todos las formas posibles: lanzamientos con la defensa encima, penetraciones, triples desde el más allá y deleitaba con sus tiros con una excelsa y estética suspensión. Huelga decir que su mayor faceta es la producción -“no tengo ningún miedo a lanzar a canasta. Estoy acostumbrado a tener el balón en los momentos decisivos y lo asumo como mi responsabilidad. Soy un tirador”- pero más allá de ello, no se conforma con fusilar aros rivales. Las 6 asistencias que repartió el día en que el aún colista sonrojó Badalona (el Cajasol remontó al DKV Joventut con un parcial de 2-23 liderado por Tucker -22 puntos-), dan fe de ello.



Adalid en Badalona

Concluida su aventura en Sevilla, dónde la gratitud fue recíproca, emprendió de nuevo su viaje hacia una nueva edición de las Ligas de Verano. Esta vez, en el transoceánico recorrido, se entretendría visualizando por enésima vez su película favorita: He Got Game (Una mala jugada, en España), un drama de Spike Lee protagonizado por Denzel Washington y Ray Allen (uno de sus espejos baloncestísticos). Contaría en Las Vegas con pocos minutos defendiendo la franquicia de los Pistons. Cinco partidos que no le valieron para conseguir un contrato en la NBA. Su futuro estaba en Europa. No cuajó la ofensiva del Maccabi de Tel Aviv, que se puso en contacto con la agencia de representación del jugador para hacer llegar su interés por contar con él esta temporada. Ni se hicieron realidad los rumores que insinuaban que el jugador pedía un contrato económicamente exagerado tras un supuesto interés del Unicaja de Málaga. Apareció entonces Jordi Villacampa, presidente del DKV Joventut, que el 24 de julio confirmaba el interés de la Penya por el jugador. Dicho y hecho. Apenas una semana después, ya era oficial. Se desvanecían las teorías de que el jugador apuraría hasta el final del verano para conseguir un mejor contrato. Llegó a Badalona y rápido se convirtió en líder dentro y fuera de la pista, con declaraciones que incluso sorprendían a los más verdinegros: “el objetivo es seguir en la línea ganadora de los últimos años que ha tenido el DKV Joventut y sobretodo a aspirar a ganar la ACB aunque sabemos que este año será difícil. Puedo ayudar al equipo en todo aquello que Sito Alonso me pida, ya sea defensa, ataque o rebotes, quiero aportar mi experiencia y ayudar a que salgan bien las cosas al equipo. Pido a los aficionados que estén siempre a nuestro lado, en las derrotas y en las victorias, decirles que es un honor vestir esta camiseta y espero que estén siempre a nuestro lado apoyándonos”. Afirmaciones que podrían leerse en clave de tópico pero que él mismo dejó claro que no sería así. Positivas voces corrían en Badalona sobre su buena disposición en ayudar a los más jóvenes de la plantilla. Semanas más tarde, sería el elegido por sus compañeros como capitán del equipo.


Elegantes suspensiones desde el 6,25, una de sus especialidades (ACB Photo / P. Marín)


Ya en la cancha, tampoco tardó en demostrar que sería el líder, el referente en Badalona. En un choque de preparación ante el Suzuki Manresa anotó 7 triples tras el descanso para un total de 33 puntos. No había anotado ningún punto en los dos cuartos anteriores pero olvidó sus malas sensaciones para protagonizar una de las grandes exhibiciones de toda la pretemporada. En ella, acabó como segundo máximo anotador con un total de 149 puntos en 8 partidos (18,6 puntos de promedio). Le superó Jaycee Carroll, del Gran Canaria 2014 (20,3 puntos de promedio). Pocos días después, en la primera jornada de la ACB, cambiarían las posiciones. En el duelo de killers Clay le superaría anotando 24 puntos por 23 del jugador franquicia de los pío-pío (las casualidades destapan que Carroll procede también del Banca Tercas Teramo, dónde se convirtió en una de las sensaciones de la Lega). En ese partido, no obstante, Tucker, licencia para tirar. Hasta 22 lanzamientos realizó, con un 6 de 14 en triples. Eso hizo, que pese a sus 24 puntos, su valoración fuera de “sólo” 14.

En Badalona, está ejerciendo de líder dentro y fuera de las canchas (ACB Photo / P.Marín)
Si Clay no apareció en las estadísticas finales de la ACB la temporada pasada (al no haber disputado el número mínimo de partidos para figurar en ellas), en ésta poco ha tardado en hacerlo. Sin llegar a firmar números tan espectaculares como los de su paso por la ciudad del Guadalquivir, Tucker ya asoma la cabeza en los top ten de la ACB. Octavo anotador de la competición (16 puntos por partido) y cuarto en triples anotados (3 de media con un 39% de acierto). Culpa de ello, un inicio quizás más titubeante de lo esperado. Sus “sólo” 10 puntos de media entre la segunda y la quinta jornada tuvieron la culpa. Todo ello, no obstante, lo compensó con una extrema generosidad. Es también el mejor octavo pasador de la competición, con 4 asistencias por choque. Encabezando este apartado, Kristaps Valters, que sin hacer ruido es el máximo asistente de la ACB con 7 por partido. Sociedad letal en Badalona.

Sólo un monstruoso y polivalente Mirza Teletovic (Caja Laboral), con 34 de valoración, pudo arrebatarle el MVP de la última jornada. Clay, ejerciendo de líder absoluto y francotirador cuando las bolas quemaban, se fue hasta los 26 puntos en la victoria verdinegra en Granada (78-83). Partido total (27 de valoración, 4 de 6 en triples y 6 asistencias) que no hace más que presagiar que lo mejor de Tucker en la cuna del baloncesto catalán está por llegar. Y su próxima víctima podría ser, este domingo, el Suzuki Manresa, que ya sabe lo que es sufrir las rachas de la metralleta de Ohio. Aquí lo tienen. El escolta que dice “no haber acabado ningún partido como profesional sin anotar” y que es “capaz de anotar 13 triples seguidos”.

"No es imposible que anote 40 o 50 puntos. Diría que puede pasar. ¿por qué no?", afirmó a modo de premonición hace meses en una entrevista en ACB.COM. No se extrañen si leen en más de una ocasión esta temporada la expresión “Y Tucker lo volvió a hacer”. Y es que como dice uno de los lemas de su Ohio natal, “With God all things are possible”. “Con Clay, todas las cosas son posibles”. ¡Al Atucker!