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Plata en el Eurobasket de 1935: el Big Bang del baloncesto en España

Cuando España afronta unos nuevos Juegos Olímpicos, echamos la vista atrás para recordar el momento en que llegó la primera medalla de la Selección. Han pasado ya 86 años de aquella gran gesta, germen de lo que vino varias décadas después

Fundación Pedro Ferrándiz
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La plata del Europeo de Ginebra fue la primera gran explosión del baloncesto en España, que entonces solo llevaba 2 ediciones de campeonato nacional en las espaldas. Lejos del profesionalismo actual, un grupo de pioneros se juntó para hacer historia en un deporte aún en construcción y en un equipo condenado a desaparecer por otro estallido, el que inició la Guerra Civil.

Los 10 medallistas

Rafael Martín, jugador del América capitalino, deslumbró al público suizo con su 1,60m. Se llevó el MVP del recién creado torneo en el que se dio a conocer como ‘Le petite espagnol’.

Los hermanos Emilio y Pedro Alonso fueron las dos estrellas del Rayo Club que ganó 2 de los 3 Campeonatos de España celebrados durante la Segunda República. Pocos meses después del Eurobasket, se les escapó el pleno en manos de su compañero Armando Maunier y del Société Sportive Patrie, centro de acogida de la población francesa en Barcelona. Ante el arbitraje de su también seleccionador nacional Mariano Manent.

Rafael Ruano se llevó junto a la familia Alonso el primer Campeonato de España en 1933 frente del Madrid de Cayetano Ortega y Máximo Arnáiz, quién solo disputaría el partido inaugural del Europeo.

Y no pudieron estar en ese mismo encuentro ni Fernando Muscat, estandarte del primer club de baloncesto fundado en España, el Laietà, ni Joan Carbonell del Barcelona. ¿El motivo? No recibieron el permiso de sus respectivos trabajos, puesto que ya habían pedido vacaciones para poder jugar el resto del torneo si se clasificaban.

15 de abril, empieza la Odisea

Con esas dos bajas iniciales, España debutó como selección ante Portugal en el duelo de clasificación para el Eurobasket… ¡en un campo de futbol! Fue en el viejo estadio de Chamartín (Madrid). Tales eran las condiciones de la pista que los jugadores recibieron la consigna de "no botar el balón", en palabras de Emilio Alonso. Otros tiempos.

Los entrenadores españoles debían ser Mariano Manent y Ángel Cabrera, fundador del Real Madrid, pero el segundo renunció porque el banco que dirigía sufrió un robo por parte de uno de sus empleados. Manent, ojo, también tuvo que ejercer de árbitro de aquel partido con la aprobación de los portugueses, que empezaron ganando por 0-6. Y a partir de ahí, rodillo local para conseguir el primero triunfo de la historia de la competición: 16-6 al descanso y 33-16 al final con Rafael Ruano (10 puntos) como más destacado.

España sellaba el pase para Ginebra… o tal vez no. La Federación de Baloncesto se declaró incapaz de asumir los costes de la expedición con lo que su presidente, Gonzalo Aguirre, se vio obligado a poner dinero de su bolsillo.

Este contratiempo provocó que el equipo llegara una hora tarde para el compromiso de primera ronda contra Bélgica y rozara, así, la descalificación por incomparecencia. Tras unas gestiones directivas, el partido se disputó con normalidad y terminó con victoria española por 25-17, amplia con los tanteos de la época.

Los de Manent se plantaban en semifinales (solo 10 equipos disputaron el torneo) para medirse a una de las favoritas: Checoslovaquia, que se había clasificado tras vencer por 23-21 a la temible Francia.

Y llegó el momento de Rafael Martín, ‘Le petite espagnol’, el MVP. Su dirección de juego y sus 10 puntos catapultaron al combinado nacional hacia la primera final de toda su historia tras un partido que llegó al descanso con empate a 10 y se resolvió con un ajustado 17-21.

Pero aún faltaba un último giro. Aquella misma noche, la anterior al partido decisivo, los españoles fueron detenidos por la policía helvética y castigados con dos días de calabozo por “cantar y alborotar en horas intempestivas”.

Todo quedó en anécdota gracias a que el seleccionador y el cónsul españoles lograron convencer al comisario suizo para que soltara al equipo a tiempo para disputar la final ante una Letonia dominante (destrozó a Hungría 46-12 y expulsó a los anfitriones con un contundente 28-19).

Los bálticos no dieron opción. Se fueron 8 arriba al descanso para el definitivo 24-18, convirtiéndose así en los primeros campeones de la historia del Eurobasket. Aún con eso, España no se fue con las manos vacías. Se llevó la plata y la ovación de un público suizo que quedó sorprendido con el nivel de los de Mariano Manent.

De hecho, el árbitro de la final, Henry Luciri, reconoció en declaraciones para El Mundo Deportivo que España fue para él “y para Europa entera, la gran revelación del Torneo". Así lo recogió Armando Maunier en su crónica final del Europeo. Porque fue el propio jugador quien relató la competición para el diario barcelonés como primer enviado especial del baloncesto español.

Fin del camino

Un año después de este hito llegó la Guerra Civil. Y esta generación precursora, destinada a romper moldes, se apagó para siempre. No jugó los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, donde se hubiera cruzado con Estados Unidos en primera ronda, ni ninguna otra competición oficial hasta 1950. De hecho, solo los hermanos Alonso volvieron a vestir la elástica nacional. El resto se retiró, Armando Maunier se exilió a Francia, y Cayetano Ortega falleció tras ser derribado en la batalla de Belchite como piloto republicano.