Nace una estrella
Hay mucha gente en esta sala a las que realmente respeto y aprecio pero, como grupo, no estáis muy bien considerados en mi lista. Sin embargo, estáis mucho más alto en ella que esos scouts. Mientras ellos existan, estaréis siempre por delante de ellos. Las palabras de Bobby Knight en una rueda de prensa eran todo un ejercicio de sinceridad. Si un colectivo era más odioso para él que el de los periodistas, ese era el de los ojeadores.
Ese ejercicio de sinceridad explica uno de los episodios más recordados de un Knight que tiene decenas de anécdotas a lo largo de su carrera. Temporada 92-93. Tras un partido de sus Hoosiers, el entrenador no falta a su cita diaria con los espectadores, en un show televisivo de media hora que protagonizaba el carismático técnico. Después de unos breves apuntes sobre el encuentro disputado, Bobby interrumpe al periodista Chuck Marlowe para dar una exclusiva que, en su opinión, iba a cambiar el destino de la Universidad de Indiana.
Habían localizado en un punto remoto de Yugoslavia a un jugador llamado a marcar un antes y un después en el mundo del baloncesto. Sus condiciones eran asombrosas, su potencial también y habían logrado convencerle para ir a su centro universitario. Los detalles no escaseaban. Medía 2,07, pesaba 104 kilos y el acuerdo era total. Cualquiera que siga la situación política de Yugoslavia puede entender que nos gustaría que se marche de allí. Me dieron información el año pasado sobre un chico yugoslavo que era una maravilla y, cuando he ido a mi despacho tras el partido, había sobre la mesa una nota confirmando que el chaval ha aceptado venir con nosotros. Basta decir que estamos encantados. Ivan Renko acababa de nacer.
El revuelo fue total. Ya nadie hablaba del partido ni siquiera del resto de la actualidad de la NCAA. Ivan Renko monopolizó la jornada posterior al bombazo dado por Bobby Knigh. ¿Quién era ese joven yugoslavo con tanto futuro? ¿Se había dejado llevar el técnico por la emoción o realmente tenía el potencial necesario para dominar la competición universitaria y cambiar el futuro de Indiana?
La era del Google aún tardaría en llegar y era complicado conocer más datos de la perla balcánica, por lo que medios de comunicación y los scouts de todo el país se lanzaron a buscar toda la información posible sobre el hombre de moda. El discurso de Knight había sido más que convincente, con multitud de detalles sobre su juego y sus recursos, aunque los más avispados comenzaron a dudar de la existencia de Renko. O eso, o el técnico se había excedido con tanto elogio, ya que algo tan bueno no podía ser tan desconocido para tanto experto a las puertas del siglo XXI.

Locura colectiva por Renko
O el farol de Knight era de los que marcan época o el entrenador no estaba mintiendo. Renko existía. Las reacciones no se hicieron esperar. La sorpresa inicial se tornó en indignación, por parte de varios periodistas, que se preguntaban cómo un entrenador de tanta experiencia podía hablar tan libremente de un jugador de cara a la siguiente temporada. La NCAA no lo permitía hasta que el jugador firmase su carta de intenciones. Otro problema era el número de fichas. La competición sólo contemplaba 13 jugadores por equipo y, con la llegada de Ivan, Indiana University llegaría a los 14. El propio Knight, ya plenamente metido en el papel, afirmó que entonces la NCAA debería elevar el límite.
Del mismo modo, los aficionados entraron en el juego y las leyendas urbanas empezaron a aflorar. Algunos llamaban a la radio para hablar de él, otros simplemente para pedir más información e, incluso, algunos tiraban de imaginación para hacer crecer la bola de nieve, como el fan de Indiana que afirmó trabajar en el aeropuerto y haber visto, en una lista de vuelo, el nombre del yugoslavo en un avión que iba de Nueva York a Indiana. Su llegada parecía inminente.
Lo más hilarante de la vorágine informativa desatada tras la exclusiva de Knight fue la respuesta de los propios scouts. Hubo reacciones para todos los gustos. Algunos preferían centrarse en el hecho de que el técnico se merecía una multa por incumplir el reglamento de la NCAA y otros se afanaban por encontrar el menor signo de vida de una estrella incipiente que no estaba en sus agendas. Sólo los más valientes se atrevían a replicar al técnico y decirle que Ivan Renko, simplemente, no existía.
El clímax de la situación llegó cuando Clark Francis, un conocido ojeador, afirmó que él había visto jugar a Renko y que el yugoslavo no era "para tanto. Aún hoy se le recuerda en los diversos foros del país su gran metedura de pata. Su comentario desató una tormenta de comentarios acerca del ficticio jugador que bien debieron hacer disfrutar al veterano Knight. Algunos servicios de scouting llegaron a ponerle en sus listas de promesas, con descripciones profundas de su potencial y juego. Otro gurú definió a la promesa balacánica como el Larry Johnson blanco. Hubo incluso quién adelantó que el jugador llegaría al campus de la universidad en dos semanas mientras que uno llegó a negar con rotundidad su existencia, para cambiar de versión por la noche tras la vorágine de comentarios acerca del jugador, e incluso apostillar que ya lo tenía hecho con Indiana.

Con el paso de las horas y viendo que ni había noticias del tal Renko, ni aviones llevando en alfombra roja a perlas yugoslavas ni nada que se le pareciera, los medios comenzaron a cuestionar la historia, hasta que ésta cayó por su propio peso. Ni una declaración, ni un comentario, un reconocimiento de la broma que engañó a medio país.
Aunque Knight no lo reconociera, muchos coinciden en mencionar a Sidd Finch como inspiración para la creación del pequeño gran Ivan. Sidd Finch era un jugador de baseball de los 80 con mil virtudes y un solo defecto. Informaba Sports Illustrated, una biblia para los fans de cualquier deporte, que había un pitcher que iba a fichar por New York Mets que iba a revolucionar la liga. Capaz de lanzar a 168 millas por horas, todo un místico criado en el Tibet capaz de reinventar el deporte. El mejor rookie de la historia que impresionaba a propios y a extraños. ¿Su único defecto? Ser una broma de la revista por el April Fools Day. Aunque hubo tanta gente que se tragó la historia que la misma publicación tuvo que crear a la semana siguiente otra afirmando que el jugador, lamentablemente se retiraba.
Finch era el perfecto ejemplo de que con un buen padrino, llámese entrenador o revista de prestigio, poco más hace falta para hacerse un nombre y levantar tanta ilusión como expectación. El bueno de Renko no hacía más que confirmar, ocho años después, tal teoría.
La última victoria de Ivan
Por su parte, el coach de Indiana siguió exprimiendo la broma hasta su última gota. Todos sabían ya que era una farsa, pero Knight se había reído tanto de aquellos scouts e incluso periodistas a los que odiaba, que su victoria moral le otorgaba licencia para estirar la carcajada. De ese modo, a las pocas semanas del nacimiento del nuevo ídolo europeo, el entrenador seguía soltando frases jocosas: Creo que el éxito que coronará mi carrera es poder entrenar a Ivan Renko, podré competir contra cualquiera cuando él esté aquí. El 29 de marzo, dos meses después de la presentación en sociedad de su descubrimiento, continuaba respondiendo con sorna a las preguntas de los que querían prácticamente un perdón público de Knight por el revuelo organizado: Sólo porque no habéis podido encontrar a Renko, decís que no existe. Creedme cuando os digo que Ivan sí existe.

Transcurrida más de década y media desde aquella anécdota, Bobby, ya alejado del banquillo de Indiana, recuerda con cariño la historia e incluso amenaza con gestar a un hermanito para el bueno de Ivan: Hace años inventé a un croata de 68 llamado Ivan Renko. Hablé de él en mi programa de televisión y, en seguida, ya había scouts que decían haberlo visto, que era un gran anotador o un gran reboteador, pero un poco pequeño y explicaban incluso cómo encajaría en nuestros sistemas de ataque. Eran charlatanes y no han cambiado. Quizás hoy me invente a un base de China, de la provincia de Hunan. Me gusta la comida de Hunan y apuesto a que enviarían hasta zapatillas a Hunan para convencerle.
Hijo de Finch, padre de Frodosini y abuelo de otros que seguirán demostrando, en un futuro, que la fama y las modas superan, en ocasiones, al mismísimo sentido común. Ivan, uno de los mayores engaños en la historia del deporte norteamericano, definitivamente no cambió el baloncesto con sus canastas imposibles, mas sí fue un punto de inflexión y un toque de atención importante para que se cambiase el modo de trabajar y se aumentase el rigor en dos profesiones muy ligadas al balón de basket. Al fin y al cabo, Knight no mintió cuando afirmó que Renko haría historia.